Dando señales

Escribo poco porque el asunto espacio está complicado, yo desde acá adentro no tengo ni idea de como viene la mano con el arafue, pero si vamos a estar todos como estoy yo ahora en la panza de Mamá entonces el augurio es de roces continuos.

Me imagino a Papá¡, Mamá , Iné, el bebé de Inés, y todas las voces esas que escuché esta semana cuando viajamos a Buenos Aires (ni idea que es), todos metidos adentro de una bolsa de este tamaño y la verdad es que no me da muchas ganas.

No hay vuelta, estoy cada día más grande, pero la panza ya no crece o por lo menos no lo hace a mi ritmo. Debido a esta ineficiente gestión de requerimientos que hicieron los viejos, cada vez que me estiro, mi pié o mis manos dan contra la pared de mi habitáculo y empujan con fuerza, no me quiero imaginar lo que se ve de afuera.

A veces pasa también que estiro las gambas y chocan arriba contra unas cosas duras, es en ese momento en que escucho de afuera: "¡puffff! Tu hijo me está matando, me deja sin respiración, no veo la hora de que salga!"

Santiago

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