Evangelio según San Juan 21,15-19.

Después de comer, Jesús dijo a Simón Pedro: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?". El le respondió: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis corderos". Le volvió a decir por segunda vez: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas?". El le respondió: "Sí, Señor, sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis ovejas". Le preguntó por tercera vez: "Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?". Pedro se entristeció de que por tercera vez le preguntara si lo quería, y le dijo: "Señor, tú lo sabes todo; sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis ovejas. Te aseguro que cuando eras joven, tú mismo te vestías e ibas a donde querías. Pero cuando seas viejo, extenderás tus brazos, y otro te atará y te llevará a donde no quieras". De esta manera, indicaba con qué muerte Pedro debía glorificar a Dios. Y después de hablar así, le dijo: "Sígueme".


Uno de mis preferidos, solo leerlo me hace pensar en el resto de la vida de Pedro (y en cierta manera de los papas). Pensar que Dios nos habla así a todos y solo lo vemos en el ejemplo del Evangelio, ahí es donde nos admiramos de algo que pasa al lado nuestro todos los días.

Impresionante, me lo imagino a Pedro 15 años después de la Resurrección recordando estos momentos.

Comentarios

  1. Justamente, en mi sonetito a Benedicto XVI, hago menci�n a ese pasaje Evang�lico, que siempre me result� intrigante.
    Un abrazo.

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  2. Mir� vos... es verdad.
    Lo acabo de releer, deber�a engrosar la temporada oto�al de sonetos de Ens.
    Es muy bueno el pasaje, me llena de entusiasmo y me impresiona si me pongo en el lugar de Pedro, es como que todo el drama de la muerte se pierde en el "Apacienta mi reba�o"
    IMPRESIONANTE

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