Una pacífica colonia de
Apis Mellífica (abejas para el vulgo) en su periplo por alojamiento que le permita pasar el verano de manera confortable, ha decidido establecerse en nuestro jardín.
Las encontramos ayer a la tarde, luego de volver de la pileta cuando yo iba a tomar unos mates mientras Santiago concretaba soberana siesta a la sombra de los árboles. Prudentemente, a pesar de que no parecían agresivas, retiré a mi primogénito y mi reposera para alejarme del lugar y cerrar la puerta en silencio, no vaya a ser que se levante el avispero (abejero en este caso).
Les dejo un documento fotográfico donde con un poco de suerte se puede apreciar la parte de abajo del enjambre.

Esta noche, nuestro vecino apicultor se viene a llevar a nuestras moradoras.
Lo único malo del asunto fue que todo el domingo a la mañana lo dedicamos a dejar el jardín pipí-cucú y no lo pudimos disfrutar a full por no molestar a estas señoritas.
Actualización: "El que viene sin que lo llamen, se va sin que lo hechen". Ayer cuanto volvimos de la pileta resulta que las Apis se habían tomado el palo. Gracias a Dios está el otro dicho que dice: "Apicultor del martes, llega a casa el viernes" con lo cual no tuvimos una invasión en casa de extraños en traje blanco y casco espacial.
Lo que si hicimos fue revisar todo recoveco posible donde hubiesen encontrado nido.