13 de marzo de 2006

CBA Explorer - I

Nuestro fin de semana en Córdoba empieza el miercoles, no porque hayamos salido tanto tiempo antes, sino porque fue ese día que empecé a sentirme mal, como afiebrado y con un poco de dolor de garganta, el cuadro se declaró definitivamente el jueves cuando volví del trabajo hecho un estropajo sin lograr mejorar mi estado a pesar de una siesta de 3 horas (y abundantes antifebriles). Mientras tanto planeabamos un viaje muchas veces pospuesto a Córdoba, a visitar a Sofi y Gabriel, un viaje que Inés esperaba con mucha ilusión para ir a pelearse (perdón, jugar) con la prima Rochi.

El viernes no trabajé y fui, eso si, al médico quien declaró que mi garganta estaba asquerosa (se disculpo por la expresión y la franqueza) ya que presentaba una angina con placas. Esta pícara muchachita no me impedía viajar a la Docta, pero que me iba a mantener con los vigentes mareos, fiebre (38° desde hacía dos días) y un punzante dolor al tragar. Así fue que emprendimos el camino a Córdoba, Tritab en mano, despées de llevar a Inés al pediatra (ella se ganó un Optamox Duo por mocos y fiebre).

Llegamos el mismo viernes a las 19:35 sin novedad, esperando que en cualquier momento Agustina se pusiera en contacto. De todos modos no queríamos presionar, sabiendo que los parisinos que acababan de llegar luego de un viaje accidentado. Cenamos algo liviano (digno de un viernes de cuaresma) mientras que los multiprimitos confraternizaban y después de ponernos al día nos fuimos a hacer noni.

Image hosting by PhotobucketEl sábado fue de temprano despertar para ayudarlo a Gabriel con unas cosas de trabajo y después de almorzar emprendimos destino a Villa General Belgrano que todavía no conocíamos y de la cual tanto nos habían hablado. Lástima que a esta altura del mes y pagando algunos asuntos de Kwik el asunto bolsillo viene mal, porque de otro modo hubiésemos despuntado el vicio por alguna artesanía o dulzura. Para evitar llegar mal a fin de mes decicimos buscar un coin tranquile y tomar unos mates mientras caía el sol, fue espectacular (fotos soon) y los chicos disfrutaron como enanos, incluida una caída al agua de nuestra primogénita (sin consecuencias, más allá del orgullo y la muda de ropa) y las madres pudieron paladear algo cercano al descanso.

Seguirá mañana...

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