¡Abajo la Objetividad!

Leo esto, y más allá de lo pobre que me parece destaco una frase:


"Argumentar es abrir el juego a la controversia".
Y pregunto: ¿Por qué tanto miedo a la verdad?
Pareciera que hasta en las noticias está mal decir la verdad, y que lo que importa es la opinión por si misma. La conversación por la conversación.

Plantea el ejemplo de las construcciones teóricas del hombre marcadas por la objetividad (los números, las letras, el deporte...) ¿Que hay con las realidades que nos superan?

Vamos a ver quien es Miguel Wiñazki (¿una ñ en un apellido polaco?).

Estamos pagando caro el siglo XIX.

Actualización: Sin duda tiene un mejor curriculum que el mío...

Comentarios

  1. Se me ocurre decir lo siguiente, total estamos en confianza... (este tipo se mete en una ensalada de conceptos terrible, sugiero convocar a un Eduardo de Ens para desenmara�arla por completo).

    La objetividad NO existe. Todos somos sujetos y todo es subjetivo ya que lo percibimos nosotros.

    Lo cual no quiere decir que no hay una �nica verdad. Hay una �nica Verdad y podemos ir juntos hacia ella.

    Hay verdades que se manifiestan claramente como el ejemplo del resultado del partido. Otras no tanto.

    hay un punto de objetividad que es un punto de partida y no de llegada

    La Verdad puede ser la meta. No el punto de llegada, porque nunca llegaremos en plenitud a conocerla, pero s� la meta, porque hacia ella caminamos.

    Justo cuando el autor cree que empieza la "subjetividad", que vale y es una riqu�sima etapa (todos aportando lo que pudieron percibir de la verdad), es cuando deber�a empezar a construirse el camino de b�squeda de la verdad.

    Sopesando las distintas apreciaciones a la luz de la raz�n al menos. D�ndole a una opini�n el lugar de una opini�n, a una sensaci�n el lugar de una sensaci�n, etc.

    Es hacia la Verdad hacia donde se deber�a empezar a caminar en esa etapa. Es claro que a la objetividad ya no se puede llegar. No es que no tenga sentido o sea aburrido. Es que no se puede llegar porque no existe.

    El colmo de la sicol�gica "proyecci�n en los dem�s de lo que tengo yo" estar�a aqu�:

    Las deliberaciones m�s interesantes no ser�n puras e inocentes. No se interpreta nada con inocencia si se est� interpretando de verdad. Se interpreta desde el epicentro hirviente de los intereses creados, eso es lo que vuelve real y fascinante al conflicto de las interpretaciones.

    Muchas veces no podemos dialogar razonablemente con alguien tratando de llegar a una verdad porque el otro no lo est� haciendo, y piensa que vos est�s defendiendo tus propios intereses, que es lo que est� haciendo �l en realidad.

    eso es lo que vuelve real y fascinante al conflicto de las interpretaciones

    Pero es lo que la puede volver in�til y vana a la discusi�n si falta la b�squeda desinteresada de la verdad.

    Esa es la revoluci�n y la utop�a: la conversaci�n permanente...

    ...al cuete.

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  2. Muy bueno tu comentario Juan Ignacio. Y bueno el descubrimiento de Javier, porque sennala una forma de pensar que hoy pasa por la unica admisible (cualquier otra cosa seria autoritarismo).

    Lo curioso del caso es que luego estas personas afirman categoricamente. Entonces...?

    Lo lamento por este sennor --tenia un buen programa en cable por la UB-- pero como todo bienpensante termina contradiciendose a si mismo en su misma argumentacion.

    Al final es solo un problema de logica, ni siquiera de mala filosofia.

    Cuando uno ya no cree en el principio de no contradiccion no hay mucho que podamos hablar. Termina siendo un simple dialogo de sordos. Vos decis "tu" verdad, "yo" digo mi verdad, despues nos vamos a casa y seguimos como estabamos.

    Esto no tiene nada que ver con el respeto, ni con la tolerancia bien entendida... es simple indiferencia. En el fondo, simple egoismo.

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  3. Totalmente de acuerdo con Cruz y Fierro. Y agregar�a que este es uno de los s�ntomas de la "dictadura del relativismo", que es, como siempre, hip�crita: "seremos abiertos, dialogales y tolerantes, con aquellos que sean abiertos, dialogales y tolerantes COMO NOSOTROS". El resto, son una manga de cerrados intolerantes irracionales que no merecen ser escuchados.
    El �nico relativista coherente que registra la historia, fue Pirr�n de Elis, quien al encontrar que NADA se pod�a realmente afirmar de algo, opt� por cerrar la boca el resto de su vida, y no volvi� a emitir palabra.
    Amigos relativistas ... creo que para Uds. deber�a ser un ejemplo a seguir.

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  4. Creo que este fragmento tomado de Arguments est� muy relacionado:

    La afirmaci�n de que no cabe "imponer las propias convicciones a los dem�s" ha demostrado en el escenario espa�ol una peculiar contundencia argumental no exenta de alg�n que otro estrabismo. Cuando se habla de "convicciones" parece pensarse de inmediato en los creyentes (sobre todo en los cat�licos, que multiplican por veintisiete el porcentaje del resto de las confesiones). Ello encierra una doble tesis realmente sorprendente: los no creyentes ser�an ciudadanos sin convicciones; de ah� que se d� por hecho que no pueden imponerlas. Como consecuencia, precisamente por no estar convencidos de nada, su opini�n deber�a ser decisiva a la hora de establecer un consenso democr�tico. Al margen de toda neutralidad, ese presunto cero en convicciones se sit�a a la derecha, multiplicando as� el valor de sus propuestas.

    Dentro ya de este simp�tico juego, no faltar� una aut�ntica caza de brujas contra todo aquel del que quepa sospechar que est� m�s convencido de la cuenta. Se atenta as� a la laicidad, dando por hecho que sus opiniones no son sino el trasunto de los dictados de una jerarqu�a eclesi�stica de la que, al parecer, estar�a prisionero. Estas actitudes inquisitoriales convierten en la pr�ctica en papel mojado el mandato del art�culo 16.2 CE: "Nadie podr� ser obligado a declarar sobre su ideolog�a, religi�n o creencias".

    Tal intento de convertir a los creyentes en ciudadanos de segunda categor�a no dejar�a de ser una curiosa an�cdota, si no fuera porque parece acabar siendo interiorizado por sus presuntas v�ctimas. Aunque suele atribuirse a prop�sitos laicistas de determinados ambientes pol�ticos y culturales dicha situaci�n, pienso que �sta se alimenta sobre todo de un laicismo autoasumido. No son pocos en Espa�a los cat�licos que parecen convencidos de que llevar al �mbito p�blico planteamientos acordes con sus propias convicciones equivaldr�a a pretender imponerlas a los dem�s; el resultado no puede resultar m�s pintoresco: acaban dejando que sean las de los dem�s las que se impongan en el �mbito p�blico, e incluso colaboran expl�citamente a que as� ocurra. Arquet�pico al respecto es la piedra filosofal para, temiendo ser considerado de derechas, parecer de "centro": suscribir lo que sobre el particular diga la izquierda; pues qu� bien...

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