La Guerra y la paz - Del Destino y la Guerra

(Leyendo la Guerra y la Paz...)

Leon Tolstoi tiene una idea particular acerca de la Guerra y los sucesos de la historia, yo rescato la ironía con la cual ve a los historiadores empeñados en describir un movimiento de flanco o un plan de batalla exitoso o desastroso.
Pero, a pesar de que al final de la batalla los hombres sintieran ya todo el horror de sus actos, con todo y que se hubieran sentido muy contentos deteniéndose, una fuerza incomprensible, misteriosa, continuaba reteniéndolos, y los artilleros, sudando a chorro, sucios de pólvora y de sangre, reducidos a una tercera parte, sin poderse tener en pie, ahogándose de fatiga, continuaban conduciendo cargas, cargando, apuntando, encendiendo la mecha y las balas, que, con la misma rapidez y la misma crueldad, continuaban volando de una parte a otra y destrozaban cuerpos humanos. Esta obra terrible, que se hacía no por voluntad de los hombres, sino por la voluntad de aquel que dirige a los hombres y al mundo, continuaba cumpliéndose.
Cualquiera que hubiese visto las últimas filas del ejército ruso hubiera dicho que los franceses no tenían que hacer más que un ligero esfuerzo para aniquilarlo. Cualquiera que viera la retaguardia francesa hubiese dicho que los rusos no tenían que hacer más que un pequeño esfuerzo para destruir a los franceses. Pero ni los franceses ni los rusos hicieron este esfuerzo y el fuego de la batalla se extinguió lentamente.
Pero aunque el objetivo del ejército ruso hubiera sido el de aniquilar a los franceses, no hubieran podido hacer este último esfuerzo, porque todas las tropas rusas estaban batidas y no había una sola parte del ejército que no hubiera padecido mucho en la batalla, pues los rusos, al resistir sin moverse de su sitio, habían perdido la mitad de su ejército. Los franceses, que habían conseguido el récord de las victorias obtenidas en quince años, con la seguridad en la invencibilidad de Napoleón y la conciencia de que se habían apoderado de una parte del campo de batalla, que sólo habían perdido una cuarta parte de sus hombres y que la guardia, de veinte mil hombres, estaba intacta, los franceses sí que podían hacer aquel esfuerzo. Los franceses, que esperaban al ejército ruso para desalojarlo de sus posiciones, habían de hacer este esfuerzo, pues mientras los rusos cerraran como antes el camino de Moscú, el objetivo de los franceses no había podido lograrse y todos sus esfuerzos y todas sus pérdidas eran inútiles. Sin embargo, los franceses no hicieron este esfuerzo. Algunos historiadores dicen que Napoleón debió haber hecho entrar en acción a su vieja guardia para ganar la batalla. Decir lo que hubiera pasado si Napoleón hubiese cedido su vieja guardia es igual que decir lo que pasaría si el otoño se convirtiera en primavera. Tal cosa no podía ser y no fue. Napoleón no dio su guardia no porque lo quisiera así, sino porque no podía.
Todos los generales, oficiales y soldados del ejército francés sabían que no podía hacerlo, porque el espíritu del ejército no lo permitía.
Sostiene que los planes de batalla son inútiles, que no hay manera de preveer ya que los planes urdidos nunca se cumplen y las situaciones son imposibles de anticipar. Se siente más cerca de Kutuzov con su aparente displicencia y aceptación de los hechos consumados que del "genio" de Napoleón que no se cansa de dar órdenes tardías y que nadie cumple. Aplica este mismo concepto a la entrega de Moscú y al incendio de la ciudad, movimientos inevitables e impredescibles, movidos por una voluntad invisible que los historiadores tratan de adjudicar a las personas cuando estas son solo juguetes del Destino.

Una visión particular y que podría aplicarse a las grandes batallas del siglo XIX, pero que no creo que pueda aplicarse a toda situación de la historia. Muy interesante, voy a ver si entiendo bien la idea.

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