17 de julio de 2006

Un testimonio del EMF

Tengo acceso a fuentes exclusivas que me permiten contar con documentos como este testimonio de alguien que fué al EMF. Lo pongo acá, no vaya a ser que se pierda para siempre.

Mi experiencia de la Jornada Mundial de las Familias en Valencia

Como muchos sabéis he estado en Valencia con motivo de la clausura de la Jornada Mundial por el Papa. Fui desde San Cayetano en un autobús con 40 personas de lo más
ariado, pues había niños, jóvenes y adultos de todas las edades. También había solteros y matrimonios, viudas y un sacerdote que era un servidor. Había de diversas naciones como p.e. de Venezuela .

Enseguida se hizo un ambiente de familia que tuvo su momento culminante al regreso de Valencia que se aprovechó para dar diversos y elocuentes testimonios y experiencias.

En Valencia paramos en unos chales de particulares que tuvieron a bien dejarlos para nosotros. Todos llevábamos sacos de dormir aunque había otras posibilidades..

Yo me fijé mucho en el ambiente pues la alegría no se puede programar y la educación tampoco. Ya cuando esperábamos al Papa en la avenida de El Cid se llenó pronto de gente variopinta. Se veían mochilas amarillas por todas partes y gorritos con los colores vaticanos, para aplacar un poco el calor del sol radiante de Valencia. Una vez que pasó el Papa se me acercó un señor mayor, bastante calvo y muy emocionado. Yo creí que era por ver al Papa, pero me explicó que estaba casi llorando porque a él el sol le hace mucho daño y que su hijo le había advertido que no estuviera al sol, pero no quería dejar su puesto para ver bien la comitiva y resulta que entonces una señora que tenía dos niños con sus gorritos de color de la bandera vaticana, teniendo ella un espléndido sombrero y, al ver al señor, se lo quitó y se lo dio con la consiguiente sorpresa y emoción por parte de él. Pero gestos como estos pasaron muchos: alguien que te deja una silla, otro que te ofrece agua o que te invita a pasar un rato a la sombra etc. También vi a maridos dando el biberón al niño pequeño o acomodándolo en el suelo, y señoras que te agradecían si les bendecías a sus niños y de paso al marido.

Luego había muchos niños con sus padres, jugando como tiene que ser, pero atentos o silenciosos cuando hablaba el Papa o alguien importante salía al micrófono. No dudo que les ayudaría a amar a la Iglesia y al Papa.

Me llamó la atención las colgaduras en tela que estaban por toda Valencia y con las letras C V; no sabíamos que podían significar y pensamos que podía ser Ciudad del Vaticano pues estaban con la bandera vaticana, pero luego nos enteramos que era el lema del Papa que tiene en su escudo: Cooperadores de la Verdad. Ya veis todos los días se aprende algo.

Aunque hacía calor, sin embargo la gente lo llevaba muy bien. Habréis vista a las falleras por TV con sus vestidos largos y nada escotados, que llevaban el calor con dignidad e incluso con buena cara por ofrecer su flores a la Virgen y estar cerca del Papa y robarle alguna bendición.

Yo estuve con otros hombres del autobús en la catedral la tarde del domingo, que era libre, y allí nos recogimos en oración en la capilla del Santísimo. Allí le pregunté al Señor: ¿para que me has traído a Valencia?. Estoy seguro que el ir a ese encuentro no fue una casualidad, por algo sería. No recibí una respuesta inmediata, pero luego fui viendo algunas ideas que predominaban en el ambiente como que ahora comienza una nueva etapa para el matrimonio y la familia; no basta con casarse y dejar que pasen los años. Hay que tomar parte activa en la propia familia, tener iniciativas, buscar relaciones más amplias con abuelos , primos etc y formar una familia más patriarcal. También he visto que no es difícil transmitir la fe. Yo esperaba grandes iniciativas por parte del Papa pero en cambio propone cosas pequeñas como que se enseñe a rezar a los hijos y rezar con ellos. Leer la Biblia juntos e ir los domingos a Misa. Es decir las cosas de siempre, pero hay que valorarlas y hacerlas. También eso de enseñar a rezar tiene su enjundia, pues hay que explicar y hacer ver como se puede tener una gran confianza con Dios que es amor y como se le puede escuchar en la conciencia y en los acontecimientos.

Y termino comentando el tapiz de flores que estaba en la fachada de la iglesia de la Virgen de los Desamparados. Era inmenso, muy bien hecho, se conocía perfectamente a Juan Pablo II y otros personajes y estaba hecho con florecitas diminutas de diversos colores y pegadas a unos paneles. Para hacer aquello hay que tener mucho amor y mucha paciencia. Pero la Virgen se lo merece. Que Dios bendiga a los que tal hacen. Y por otro lado así es nuestra vida: cosas pequeñas hechas con amor y que forman un hermoso tapiz que admiraremos en el Cielo.

Con todo afecto

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