22 de marzo de 2007

Posesiones en la Pasión

Algo en lo cual coinciden distintos textos cuando se refieren a la Pasión es en el hecho de que muchos de los torturadores o sus actos son influencias directas o posesiones del Demonio
Empieza el trayecto a través del arrabal de Ofel, ese arrabal donde tanto bien y tantas caricias Él ha distribuido. La turba vociferante atrae a las puertas a los que duermen, y, si las mujeres gritan movidas por el dolor y, aterrorizadas, huyen al ver lo que ha sucedido, los hombres, esos hombres que incluso han recibido de Él curación, ayuda, palabras de Amigo, o bien agachan la cabeza con indiferencia, fingiendo desinterés al menos, o bien pasan de la curiosidad al livor, a la burla, al gesto amenazador, e incluso se ponen detrás del tropel de gente para vejar. Satanás está ya actuando...
Un hombre casado* que quiere seguirle para vejarlo, es aferrado por su mujer, que grita, que le grita: «¡Miserable? Si estás vivo es por Él, inmundo hombre lleno de podredumbre. ¡Recuérdalo!». Pero el hombre se impone a la mujer golpeándola brutalmente y arrojándola al suelo, y luego corre hasta donde el Mártir contra cuya cabeza lanza una piedra.
Otra mujer, anciana, trata de cortar el paso a su hijo, que viene con cara de hiena y con un palo, para golpear también a Jesús, y grita a su hijo: «¡Asesino de tu Salvador no serás mientras yo viva!». Pero la pobre, alcanzada en la ingle por una patada brutal de su hijo, se desploma gritando: «¡Deicida y matricida! ¡Por el seno que abres por segunda vez y por el Mesías al que hieres, maldito seas!».
María Valtorta - Relato de la Pasión
No es un tema menor, y podemos elucubrar muchas conclusiones al respecto, en particular el hecho de que el Demonio debe haber dosificado, si se puede dosificar, el sufrimiento de Jesús para llevarlo a su máxima expresión sin por ello dar pié a la resignación y la inconsciencia que hubiesen atenuado en algo la Pasión.

Por otra parte, siguiendo este razonamiento es probable que en todo momento debe haberse presentado a Jesús la tentación de abandonar su Pasión y la certeza de que el solo pensar en ello hubiese sido suficiente para atenuar su dolor al instante.
Esto hace a la Pasión más terrible todavía, ya que al peso de los dolores físicos hay que agregar el de la tortura psicológica.

Ya se que son elucubraciones bastante básicas, pero son mías y surgen del Vía Crucis, una devoción que hace mucho bien.

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