6 de marzo de 2007

Tom epilady

Tomás, la avalancha humana, tiene costumbres rústicas que hacen las delicias de sus padres (aunque no es que los padres sean objetivos en este aspecto), gatea para todos lados y nos obliga a cerrar las puertas que dan a la escalera, las del baño, del lavadero también, sin olvidar la del patio y de salida a la calle.


Cuando está en los brazos que sostienen estas manos, que teclean este post le gusta dejar una en mi hombro y la otra colgado distraídamente. Todo estaría bien si ese distraídamente no incluyera también aferrar la pelambre paterna e intentar con vigor una extracción sin anestesia.

- ¡Hay, Tomás!, despacio -

Afortunadamente últimamente descubrió que su dedo índice puede señalar ,con lo cual dedica largos minutos para señalar objetos y situaciones distantes que detienen por unos minutos el proceso depilador.

Otra de sus costumbres depiladoras es aferrarse a las piernas paternas para incorporarse con la única ayuda de sus manos y de nuevo... la pelambre paterna.

Doloroso.

4 comentarios:

  1. Conozco esas sensaciones...Los hijos...
    La Persiana

    Un abrazo de Spain

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  2. Bueno, mo se si cocinan los hombres (yo si lo hago) yo diría más bien que como buenos machos solo hacen lío y ruido. :-)

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  3. lo de agarrarse a los pelos de las patas para pararse fred lo conoce bien....por suerte pierre empezo a pararse cuando ya empezo a hacer fresco....de tres hijos por lo menos evito uno....pero a mi se me agarra al panatlos cuando quiere mamaaaaaaa......y descubrio que sentarse en los zapatos es otra forma de estar muyyyy cerquita......por suerte ya corre asi lo tengo que alzar menos porque mi brazo no da para mucho.
    besos
    agus

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