24 de abril de 2007

Sangre Azul - El latín, ¿lengua muerta o cultura viva?

Bueno, Javier, ya que ofreciste. Creo que esto es digno de leerse. Es una de las cosas profanas más inteligentes que leí sobre el tema, y eso que no es una fuente de luces. No he leido mucho a Beatriz Sarlo, pero sé que no me gusta. Pero acá tiene el mínimo de sentido común que está tan escaso en el periodismo.

Beatriz Sarlo bsarlo@viva.clarin.com.ar

El Papa ha anunciado su intención de que algunas partes de la misa vuelvan a ser rezadas en latín. Carezco de opiniones sobre la lengua en que debe realizarse un culto religioso y no voy a meterme en un tema del que ignoro todo. Me pregunto, en cambio, cómo suena esto en los oídos de los que van y de los muchos que no van a ninguna iglesia. En especial he escuchado juicios adversos de estos últimos. No van a la iglesia pero tampoco quieren que allí se rece en latín. Creen que el regreso del latín es, más o menos, el regreso de una aristocracia oscurantista, que separa la religión de sus fieles y pone a Dios lejos del común de los mortales. El latín sería, entonces, un obstáculo más para que la gente perciba que lo que sucede dentro de una iglesia es algo próximo a su vida y a su cultura. Con el latín nuevamente en la misa el Vaticano volvería a encerrarse entre sus muros. El Papa anterior ponía a la iglesia en la televisión; su sucesor tendría el plan de devolverla al enclaustramiento...
Hoy el latín representa una especie de condensado de aquello que no debe ser. Hasta hace cuatro décadas se enseñaba en muchos colegios secundarios. Ahora sólo persiste a la defensiva en algunos de los que dependen de la universidad. En 1960, para obtener un diploma de profesor de literatura era necesario pasar por varios cursos de latín y de griego. Cuando en 1984, terminada la dictadura militar, regresamos a la universidad, lo primero que hicimos fue poner en práctica no un plan sino una consigna que consistía en aplastar la enseñanza del latín lo más que fuera posible.
No quiero ni imaginarme el escándalo si alguien propusiera volver a enseñar latín en algunos colegios secundarios. Se recitaría todo el catecismo de la teoría educativa: que la propuesta ignora la cultura de los adolescentes y las necesidades de su formación, pasa por alto las relaciones con el mundo del trabajo, restablece el autoritarismo al definir contenidos de enseñanza lejanos a los intereses de los estudiantes, está de espaldas al futuro y sólo significa el intento reaccionario de restablecer una cultura inservible y elitista.
Entre un "taller de tango" y un "taller de latín", cualquier colegio secundario sabe cuál es el camino al éxito. Y, como la educación es sensible a la mercadotecnia, el latín no tiene ninguna posibilidad de volver. Si está bien o mal enseñar latín a algunos chicos es una cuestión que queda fuera del debate, como si se nos quisiera convencer de que el mejor modo de prevenir el sarampión es declararlo obsoleto. O como si no se enseñara fútbol porque sólo un puñado de excepcionales llega a jugarlo bien.
Por supuesto, no tengo nada contra un "taller de tango", como los que existen en muchos colegios. Si hubiera sido propuesto hace cuarenta años, sus destinatarios habrían respondido con burla o indiferencia. Yo hubiera sido uno de esos destinatarios, y habría dicho que se trataba de un taller reaccionario, mediante el cual el colegio quería combatir el rock e imponernos la decadente música de nuestros padres. Estoy convencida de que un "taller de tango" habría sido repudiado o, por lo menos, ignorado. Hoy, en cambio, es el rock o el pop la música de los padres de los estudiantes secundarios y, por lo tanto, el tango no presenta el insalvable obstáculo de simbolizar la autoridad del pasado sobre el presente. El tango es la música de los bisabuelos y nadie en su sano juicio se pelea con ellos. Ha pasado tanto tiempo, que el tango es fashion. Los padres, en cambio, nunca pueden ser fashion, porque, por más destartalada que esté su autoridad, todavía algo conservan, aunque sólo sea la capacidad de negarse a entregar un poco de dinero extra para diversiones.
Así como la propuesta de enseñar latín no llegaría a ser considerada, hay otras iniciativas, como el "taller de tango" sobre las que existe un consenso instantáneo. Se trata de todo aquello que está vinculado con el presente. El mercado le ha restituido al tango su condición de música actual, que había perdido por lo menos desde fines de los años sesenta. El latín en cambio es considerado no sólo una "lengua muerta" sino una lengua oscura, tediosa e inservible. El latín, como cualquier otra disciplina que no esté conectada de modo funcional con el presente, es un obstáculo y una carga, algo que debe ser repudiado o confiado a un reducido núcleo de especialistas extravagantes que se ocupan de ella. Se los tolera, pero se los mantiene en un lazareto para que no corrompan a la juventud.
De este modo, la lengua de varios siglos de cultura occidental, lengua en la que se escribió no sólo literatura sino las obras fundadoras de la ciencia moderna, queda encerrada en un depósito misterioso y clausurado. Los educadores tienen miedo de ser piantavotos y piensan que los chicos sienten antipatía instintiva por las cosas raras; los chicos, por su parte, no pueden interesarse por lo que nadie les presenta como opción; la escuela renuncia a mostrarles lo que ellos no conocen, afectando así su derecho a la diversidad cultural. Y todos miramos Gran Hermano porque ésa, a diferencia del latín, es nuestra cultura común.

3 comentarios:

  1. Felicitaciones!!!!. Me encantó el post.
    Gracias

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  2. Qué vuelva Sangre Azul, que vuelva Sangre Azul!!! Muy interesante la nota, gracias.

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