13 de noviembre de 2007

Comunidades Eclesiales de Base

Yo ya no entiendo nada...
Con la presencia del obispo emérito de Puerto Iguazú, Monseñor Joaquín Piña, llegará a su fin en la jornada de hoy, el encuentro de reflexión y análisis de las Comunidades Eclesiales de Base, luego de la realización de los festejos por los veinte años del primer encuentro nacional de una de las vertientes de la Iglesia Católica en toda América latina.
Y unos párrafos más abajo
En este sentido, el obispo emérito de Puerto Iguazú dijo que las Comunidades de Base “buscan unir la fe y la vida”. “Intentamos compartir estas dos cosas. Defendemos la postura de que las Comunidades de Base no son un movimiento dentro de la Iglesia Católica, sino un modo de vivir. Cuando hablamos de espiritualidad hablamos de una espiritualidad cristiana. En Misiones trabajamos mucho la formación ciudadana, cívica, eso hizo que se notara un crecimiento y una madurez”, destacó Piña.
No se como serán en la realidad, pero en las noticias parecen una amalgama de propósitos inconexos. Buena suerte.

6 comentarios:

  1. ¡Qué aspecto de viejo grasa! ¡Da vergüenza ajena, con esas remeritas que usa!

    Una muestra de lo bueno nuestros hermanos separados

    http://www.pravoslavie.ru/enarticles/071113131514

    le vendría bien a este Piña.

    Slds.

    Staretz.

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  2. Xavier, las hay muy buenas.
    Es unirse, para vivir la vida cotidiana -en todos sus aspectos- cristianamente.
    A veces son los medios los que no son claros.

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  3. Si, a lo mejor no es nada menos que una mala comunicación, reconozco mi ignorancia y mi interés en comunicar con claridad.

    Es un tema profesional para mi que tengo que evangelizar acerca de la seguridad en el día a día del trabajo. Le insisto mucho a los chicos para que aprovechen cada oportunidad para comunicar con claridad y entusiasmo.

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  4. Hay, sin embargo, un punto que demanda solícita atención y vigilancia. El movimiento doctrinal y pastoral al que se ha referido la Congregación para la Doctrina de la Fe en su documento sobre «Algunos aspectos de la “Teología de la Liberación”», confiere peculiar importancia a la formación de las comunidades eclesiales de base; pero plantea también sobre ellas peculiares cuestionamientos de sentido cristológico, eclesiológico y antropológico.

    De este hecho puede nacer una situación delicada para Pastores y fieles. Porque hay sin duda comunidades eclesiales de base orientadas hacia objetivos, que se quieren alcanzar manteniendo una real y sincera comunión con la Jerarquía; en tal caso no existen motivos de preocupación. Pero hay también comunidades orientadas hacia objetivos, que se desean lograr quizá en un marco global de inspiración de fe o de buena voluntad, pero sin toda la debida comunión leal y efectiva con la Iglesia institucional, juzgada a veces como adversa a la causa de la liberación de las masas oprimidas.

    A este propósito hay que recordar con claridad que la promoción de comunidades eclesiales de base polarizadas en esta última línea eclesiológica, o que acentúan unilateralmente la dimensión social de la evangelización y que fomentan una “Iglesia del pueblo pobre” contrapuesta a la Iglesia institucional, mina la unidad de la Iglesia de Cristo y se coloca al margen de la misma. Entraña por ello un serio peligro, que hay que evitar a todo trance

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  5. Comunidades eclesiales de base

    58. El Sínodo se ocupó mucho de estas "pequeñas comunidades" o "comunidades de base", ya que en la Iglesia de hoy se las menciona con frecuencia. ¿Qué son y por qué deben ser destinatarias especiales de la evangelización y al mismo tiempo evangelizadoras?

    Florecen un poco por todas partes en la Iglesia, según los distintos testimonios escuchados durante el Sínodo, y se diferencian bastante entre sí aun dentro de una misma región, y mucho más de una región a otra.

    En ciertas regiones surgen y se desarrollan, salvo alguna excepción, en el interior de la Iglesia, permaneciendo solidarias con su vida, alimentadas con sus enseñanzas, unidas a sus Pastores. En estos casos, nacen de la necesidad de vivir todavía con más intensidad la vida de la Iglesia; o del deseo y de la búsqueda de una dimensión más humana que difícilmente pueden ofrecer las comunidades eclesiales más grandes, sobre todo en las metrópolis urbanas contemporáneas que favorecen a la vez la vida de masa y el anonimato. Pero igualmente pueden prolongar a nivel espiritual y religioso —culto, cultivo de una fe más profunda, caridad fraterna, oración, comunión con los Pastores— la pequeña comunidad sociológica, el pueblo, etc. O también quieren reunir para escuchar y meditar la Palabra, para los sacramentos y el vínculo del Agape, grupos homogéneos por la edad, la cultura, el estado civil o la situación social, como parejas, jóvenes, profesionales, etc., personas éstas que la vida misma encuentra ya unidas en la lucha por la justicia, la ayuda fraterna a los pobres, la promoción humana, etc. O, en fin, reúnen a los cristianos donde la penuria de sacerdotes no favorece la vida normal de una comunidad parroquial. Todo esto, por supuesto, al interior de las comunidades constituidas por la Iglesia, sobre todo de las Iglesias particulares y de las parroquias.

    En otras regiones, por el contrario, las comunidades de base se reúnen con un espíritu de crítica amarga hacia la Iglesia, que estigmatizan como "institucional" y a la que se oponen como comunidades carismáticas, libres de estructuras, inspiradas únicamente en el Evangelio. Tienen pues como característica una evidente actitud de censura y de rechazo hacia las manifestaciones de la Iglesia: su jerarquía, sus signos. Contestan radicalmente esta Iglesia. En esta línea, su inspiración principal se convierte rápidamente en ideológica y no es raro que sean muy pronto presa de una opción política, de una corriente, y más tarde de un sistema, o de un partido, con el riesgo de ser instrumentalizadas.

    La diferencia es ya notable: las comunidades que por su espíritu de contestación se separan de la Iglesia, cuya unidad perjudican, pueden llamarse "comunidades de base", pero ésta es una denominación estrictamente sociológica. No pueden, sin abusar del lenguaje, llamarse comunidades eclesiales de base, aunque tengan la pretensión de perseverar en la unidad de la Iglesia, manteniéndose hostiles a la jerarquía. Este nombre pertenece a las otras, a las que se forman en Iglesia para unirse a la Iglesia y para hacer crecer a la Iglesia.

    Estas últimas comunidades serán un lugar de evangelización, en beneficio de las comunidades más vastas, especialmente de las Iglesias particulares, y serán una esperanza para la Iglesia universal, como Nos mismo dijimos al final del Sínodo, en la medida en que:

    — buscan su alimento en la palabra de Dios y no se dejan aprisionar por la polarización política o por las ideologías de moda, prontas a explotar su inmenso potencial humano;

    — evitan la tentación siempre amenazadora de la contestación sistemática y del espíritu hipercrítico, bajo pretexto de autenticidad y de espíritu de colaboración;

    — permanecen firmemente unidas a la Iglesia local en la que ellas se insieren, y a la Iglesia universal, evitando así el peligro muy real de aislarse en sí mismas, de creerse, después, la única auténtica Iglesia de Cristo y, finalmente, de anatemizar a las otras comunidades eclesiales;

    — guardan una sincera comunión con los Pastores que el Señor ha dado a su Iglesia y al Magisterio que el Espíritu de Cristo les ha confiado;

    — no se creen jamás el único destinatario o el único agente de evangelización, esto es, el único depositario del Evangelio, sino que, conscientes de que la Iglesia es mucho más vasta y diversificada, aceptan que la Iglesia se encarna en formas que no son las de ellas;

    — crecen cada día en responsabilidad, celo, compromiso e irradiación misioneros;

    — se muestran universalistas y no sectarias.

    Con estas condiciones, ciertamente exigentes pero también exaltantes, las comunidades eclesiales de base corresponderán a su vocación más fundamental: escuchando el Evangelio que les es anunciado, y siendo destinatarias privilegiadas de la evangelización, ellas mismas se convertirán rápidamente en anunciadoras del Evangelio.

    De Evangeli Nuntiandi

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  6. Yo tampoco entiendo, en vez de predicar y practicar el Evangelio, se dedican a la educación cívica y bastante sesgada, por cierto. Y pasa hasta en las homilías dominicales. Cansado de estas clasecitas semanales, cambié de parroquia y ¡por fin!! encontré a quién me (nos) predica el Evangelio.¡ Laus Deo!

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