2 de julio de 2008

Los cuerpos intermedios - Aristocracia

Sigo leyendo esta obra de Michel Creuzet y me encuentro con reflexiones interesantes acerca de la Aristocracia como una realidad viva y no como un sueño estático donde las prerrogativas son anteriores al deber.

Me interesa ese aspecto porque marca un parte de la historia o de la realidad que en Argentina juzgamos mal, vemos a la aristocracia como un parásito basado en un régimen de sangre que no responde a la lógica del esfuerzo, cuando no debería ser así.

Por otra parte, sigo leyendo el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia y me encuentro con que coinciden mis múltiples lecturas en algo:
c) La función de los cuerpos intermedios

356 El sistema económico-social debe caracterizarse por la presencia conjunta de la acción pública y privada, incluida la acción privada sin fines de lucro. Se configura así una pluralidad de centros de decisión y de lógicas de acción. Existen algunas categorías de bienes, colectivos y de uso común, cuya utilización no puede depender de los mecanismos del mercado 743 y que tampoco es de competencia exclusiva del Estado. La tarea del Estado, en relación a estos bienes, es más bien la de valorizar todas las iniciativas sociales y económicas, promovidas por las formaciones intermedias que tienen efectos públicos. La sociedad civil, organizada en sus cuerpos intermedios, es capaz de contribuir al logro del bien común poniéndose en una relación de colaboración y de eficaz complementariedad respecto al Estado y al mercado, favoreciendo así el desarrollo de una oportuna democracia económica. En un contexto semejante, la intervención del Estado debe estructurarse en orden al ejercicio de una verdadera solidaridad, que como tal nunca debe estar separada de la subsidiaridad.

357 Las organizaciones privadas sin fines de lucro tienen su espacio específico en el ámbito económico. Estas organizaciones se caracterizan por el valeroso intento de conjugar armónicamente eficiencia productiva y solidaridad. Normalmente, se constituyen en base a un pacto asociativo y son expresión de la tensión hacia un ideal común de los sujetos que libremente deciden su adhesión. El Estado debe respetar la naturaleza de estas organizaciones y valorar sus características, aplicando concretamente el principio de subsidiaridad, que postula precisamente el respeto y la promoción de la dignidad y de la autónoma responsabilidad del sujeto « subsidiado ».

10 comentarios:

  1. Xav: No te lo dije antes pero estos resúmenes del libro de Creuzet, mechados con reflexiones y otros textos, son geniales. ¡Mil gracias!

    ResponderEliminar
  2. ...vemos a la aristocracia como un parásito basado en un régimen de sangre que no responde a la lógica del esfuerzo, cuando no debería ser así...

    ¿Podemos tomar al DRAE como una fuente imparcial? Su primera acepción dice:

    "En ciertas épocas, ejercicio del poder político por una clase privilegiada, generalmente hereditaria".

    Siendo hereditaria, es evidente que se trata de un régimen de sangre que no se corresponde con el esfuerzo. Y aplicando un sentido común pedestre y elemental, puestos a elegir entre el esfuerzo que realiza el siervo de la gleba y el que realiza el señor feudal creo que ni la más brillante argumentación del Monsieur Creuzet sería suficiente para rebatir la realidad.

    ¿Del derecho de pernada dice algo?

    ResponderEliminar
  3. Jack un buen padre busca lo mejor para su hijo. Un verdadero aristócrata es aquel que puede gobernar en busca del bien común y a la vez tiene que educar a sus hijos sabiendo que van a tener la misma responsabilidad.
    Los dos deberes son igual de importantes, y un aristócrata es bueno cuando cumple con los dos. Creo que tu problema es menospreciar el valor de la educación y de la familia.
    Cristo no pidio que voten a San Pedro. Lo eligió El porque solo El sabía quien era el correcto, y si era su amigo!

    ResponderEliminar
  4. Estimado Jack:

    Creo que primero hay que distinguir el concepto político del sociológico.

    Desde el punto de vista político (según la etimología) es el gobierno de los mejores o de aquellos sectores destacados de la sociedad. En este sentido todas las formas de gobierno tienen, de un modo o de otro, el elemento aristocrático (parlamento, corte, consejo, secretariado, etc).

    Con respecto al concepto sociológico la cuestión es distinta. Usted nació y se educó con acceso a una cantidad de bienes espirituales y materiales. ¿Tiene derecho a ellos? Por supuesto. ¿Son fruto de su esfuerzo? No, son fruto del esfuerzo de sus antecesores. ¿Lo hacen peor persona que otros que no tuvieron las mismas oportunidades? No, simplemente carga con sus hombros con una mayor responsabilidad.

    Con la aristocracia ocurre algo similar. Generaciones y generaciones se han esforzado por aumentar un patrimonio (económico, cultural, social, etc) que es legado a las nuevas generaciones, las cuales tienen, a su vez, las responsabilidades y deberes inherentes a los bienes recibidos. Que existe una aristocracia vacía, donde las nuevas generaciones se dedican a despilfarrar los bienes (económicos, culturales, religiosos) conseguidos con el esfuerzo de sus antecesores sin asumir deber ni compromiso alguno, es completamente cierto. Estos son verdaderos parásitos de su historia y de la sociedad, pero no por aristócratas sino, justamente, por no serlo.

    Saludos.
    Natalio

    ResponderEliminar
  5. Jus primae noctis
    «Jus primae noctis: delante de ciertas interpretaciones aberrantes
    basadas en juegos de palabras, de las que este presunto "derecho" es un
    ejemplo clamoroso, cabe preguntarse si la Edad Media no habrá sido
    víctima de un complot de los historiadores.»
    Así escribe Régine Pernoud en un pequeño diccionario sobre tópicos
    (casi siempre falsos) referidos a la Edad Media.
    En realidad, es indudable que ha habido un «complot», al menos en
    el sentido de presentar bajo la luz menos halagüeña posible un período
    abominado por los iluministas, que lo veían marcado por las «tinieblas de
    la superstición religiosa» y no por la Razón; y por los protestantes, que
    percibían en esa época el triunfo de una Iglesia católica a la que
    identificaban con el Anticristo mismo.
    Vamos a detenernos esta vez en uno de los aspectos más peculiares
    de aquella difamación. ¿En qué consistió realmente el jus primae noctis,
    aquel «derecho de pernada» que todavía hoy muchísima gente está
    convencida de que se practicaba en la Europa «cristiana»? Con ayuda tal
    vez de los manuales mal leídos en clase, se cree que consistía en el
    privilegio del feudatario de «iniciar» la misma noche de la boda a las
    jóvenes que contraían matrimonio en los territorios en los que señoreaba.
    Se supone que los pobres villanos, los míseros siervos de la gleba, habrían
    tenido que aguantar la suprema humillación de acompañar a su joven
    esposa al castillo para que probara hasta la mañana siguiente la cama del
    lúbrico patrón. No faltan novelas populares —pero también, hélas, textos
    de los denominados «históricos»— en las que se hace creer que pretendían
    hacer uso de ese derecho hasta los obispos propietarios de tierras. En
    cualquier caso, si la «consumación» del matrimonio ajeno la perpetraba un
    feudatario laico, la Iglesia, que tenía el poder de impedir el suplicio, o no se
    habría opuesto o lo habría tolerado, haciéndose cómplice del mismo.
    Todo esto es completamente falso, al menos en lo que concierne a la
    christianitas de la Europa occidental y católica. Subrayamos «occidental»
    porque en la oriental, de tradición greco-eslava (aunque, todo sea dicho,
    con la manifiesta oposición de la Iglesia ortodoxa), parece ser que hasta el
    siglo XVII los grandes latifundistas pretendieron realmente conseguir
    semejante «derecho» de sus siervos. Éste también estaría aceptado en las
    castas sacerdotales de algunas religiones no cristianas. Entre otros, estaba
    vigente en algunas tribus africanas y, especialmente, en la América
    precolombina. Ese jus sexual se practicaba entre el clero budista de zonas
    asiáticas como Birmania. No hay ninguna huella en lo que respecta a la
    Europa católica.
    Pero, entonces, ¿cómo ha podido surgir una leyenda todavía hoy tan
    firmemente aceptada?
    Para entenderlo hemos de recordar qué era lo que se denomina
    «siervo de la gleba». Esta expresión suele pronunciarse con horror, como si
    se tratase de una continuación de la antigua esclavitud. Pero no es así en
    modo alguno: los «siervos de la gleba» eran campesinos que obtenían en
    concesión de un señor, el feudatario, un lote de tierra suficiente para mantenerse
    a sí mismos y a sus familias. El uso del suelo venía compensado por
    el campesino mediante una cuota sobre la cosecha, en ocasiones con un
    pago en moneda y con prestaciones varias sobre las otras tierras del señor
    (las famosas corvées, que —a pesar de la difamación que de ella hará la
    propaganda revolucionaria— solían revestir un carácter social, en beneficio
    de todos, como la construcción y mantenimiento de puentes y caminos y el
    saneamiento de terrenos pantanosos).
    Como sigue diciendo Pernoud: «El término "siervo" se ha
    comprendido mal, ya que se ha confundido la servidumbre del Medievo
    con la esclavitud que fue la base de las sociedades antiguas, y de la que no
    se halla ningún rastro en la sociedad medieval. La condición del siervo era
    completamente diferente a la del antiguo esclavo: el esclavo es un objeto,
    no una persona; está bajo la potestad absoluta del patrón, que posee sobre
    él derecho de vida y muerte; le está vedado el ejercicio de cualquier
    actividad personal; no tiene familia ni esposa ni bienes.»
    La investigadora francesa continúa: «El siervo medieval es una
    persona, no un objeto: posee familia, una casa, campos y, cuando le ha
    pagado lo que le debe, no tiene más obligaciones hacia el señor. No está
    sometido a un amo, está unido a una tierra, lo cual no es una servidumbre
    personal sino una servidumbre real. La única restricción a su libertad reside
    en que no puede abandonar la tierra que cultiva. Pero, hay que señalar, esta
    limitación no está exenta de ventajas ya que si no puede dejar el predio
    tampoco se le puede despojar de éste. El campesino de la Europa occidental
    de hoy día debe su prosperidad al hecho de que sus antepasados eran
    "siervos de la gleba". Ninguna institución ha contribuido tanto a la suerte,
    por ejemplo, de los agricultores franceses. El campesino francés, asentado
    durante siglos en la misma superficie, sin responsabilidades civiles, sin esas
    obligaciones militares que el campo tuvo ocasión de conocer por vez
    primera con los reclutamientos masivos impuestos por la Revolución, se
    convirtió así en el verdadero dueño de la tierra. Sólo la servidumbre
    medieval podía crear un vínculo tan íntimo entre el hombre y el suelo. Si la
    situación del campesino de la Europa oriental ha permanecido tan miserable
    se debe a que no conoció el vínculo protector de la servidumbre.
    Así, el pequeño propietario, abandonado a sus recursos y a cargo de una
    tierra que no podía defender, padeció las peores vejaciones que permitieron
    la formación de inmensos latifundios.»
    Son detalles que, por otro lado, deberían inducir a una mayor
    prudencia a quienes, partiendo de prejuicios ideológicos o de la sugestión
    de las palabras (servus glebae, feudo, feudatario...), no captan el lado
    positivo de instituciones tan poco abominadas por los interesados, al punto
    que sólo se produjeron revueltas entre los siervos de la gleba cuando, por
    instigación monárquica, se impuso su liberación...
    A este arraigo, socialmente benéfico, a la propiedad se debe el
    nacimiento del presunto jus primae noctis. Al principio de la era feudal, el
    campesino tenía prohibido contraer matrimonio fuera del feudo porque ello
    causaba un deterioro demográfico en áreas y zonas cuyo mayor problema
    era la falta de población. Pernoud refiere: «Pero la Iglesia no cesó de
    protestar contra esa violación de los derechos familiares que, en efecto,
    desde el siglo x en adelante fue atenuándose. Se estableció en sustitución
    del mismo la costumbre de reclamar una indemnización monetaria al siervo
    que abandonase el feudo para contraer matrimonio en otro. Así nació el jus
    primae noctis del que se han dicho tantas tonterías: sólo se trataba del
    derecho a autorizar el matrimonio de los campesinos fuera del feudo. Dado
    que en la Edad Media todo se traducía en una ceremonia, este derecho dio
    lugar a gestos simbólicos, por ejemplo poner una mano o una pierna en el
    lecho conyugal, utilizando unos términos jurídicos específicos que han
    provocado maliciosas o vengativas interpretaciones, completamente
    erróneas.»
    Nada que ver, pues, con un presunto «derecho» a desvirgar a la
    aldeanita. Y nada que ver, con mayor razón, con la completa licencia
    sexual de la que disponía en la antigüedad pagana el amo sobre sus
    esclavos, considerados como puros y simples objetos de trabajo o placer.
    Por lo que, según la humorada, verídica, de un historiador: «La
    servidumbre de la gleba medieval provocó vivas protestas: las de los
    propios siervos cuando se los quiso "liberar", exponiéndolos de ese modo a
    la pérdida de seguridad proporcionada por un terreno a cultivar en su
    beneficio y en el de sus descendientes; puestos a merced, ya sin la defensa
    de los guerreros del señor, de las incursiones de los salteadores;
    haciéndolos caer en poder de los ricos latifundistas y de los usureros;
    exponiéndolos al servicio militar y a los agentes fiscales de la autoridad
    estatal.»

    ResponderEliminar
  6. Sobre quién fue Régine Pernoud:

    http://fr.wikipedia.org/wiki/R%C3%A9gine_Pernoud

    ResponderEliminar
  7. Muy interesantes las respuestas.

    Cristo no pidio que voten a San Pedro. Tengo entendido que Buda tampoco alababa las vitudes del sufragio universal. El problema, Jose, es que para comunicarse las personas necesitan razonar, y lo tuyo es cualquier cosa menos un argumento: "lo dijo Cristo" (o Ala, o Buda, o el Pastor Gimenez) no son buenas formas de comunicarse, sencillamente porque yo juzgo lo que dicen otros a la luz de la razon, es la unica forma que tenemos de confrontar ideas con hechos.

    Si todo tu argumento es "lo dijo alguien que para mi es muy importante", entonces mejor no debatas mas que con aquellos que estan dispuestos a someterse a la previa condicion de que lo que dijo Cristo (o Buda, o Ala, etc...) es la unica verdad. Aunque en ese caso no sera un verdadero debate.

    Estimado natalio: la unica razon por la que se poseen mas o menos bienes materiales en una sociedad capitalista es por la mejor o peor adaptacion al mercado. Si esa es para Ud. condicion suficiente desde el punto de vista etico, entonces su punto es plenamente atendible. Pero para mi no.

    Por eso creo que no, que no tengo verdadero derecho a ellos. Tengo simplemente suerte, a la que agrego los modestisimos meritos del esfuerzo. Pero lo cierto es que mi esfuerzo es ciertamente muy menor al que hace un obrero. El valor al que puedo vender lo que hago en el mercado es superior al de un changarin, pero eso no dice absolutamente nada acerca de mi mayor "derecho" sobre el changarin al acceso a comodidades materiales y espirituales. A menos que - nuevamente - se tome la posicion en el mercado como un valor moral.

    El "esfuerzo para aumentar el patrimonio economico" al que Ud. se refiere es simplemente buscar con todos los medios posibles acrecentar el propio patrimonio, incluso por fuera de la ley (muchisimas grandes fortunas quebrantan impunemente la ley, precisamente por el poder que les da la fortuna), cualquiera sabe que el peso de las leyes no es el mismo para alguien que puede pagarse un buen abogado que para aquel que tiene que defenderse de oficio. Hay tantos ejemplos que me abrumaria mencionarlos.

    Las aristocracias no se formaron en el mercado capitalista (al menos las viejas, porque existen nuevas) pero se formaron en la conquista militar, los escudos de armas no revelan ninguna nobleza mas que la capacidad de haberse apropiado por la fuerza de territorios y tener los apoyos politicos apropiados.

    A menos que Ud. crea que ciertos seres humanos nacieron con una sangre especial (¿azul?) que los ha predestinado desde el inicio de los tiempos al privilegio.

    Bien, esa concepcion es ajena a mis valores y mi pensamiento, creo que ese es el origen de nuestras diferencias.

    CyF: Gracias, es conmovedoramente ilustrativo. Sobre todo es muy interesante el desesperado intento por desviar el derecho de pernada a todas las sociedades antiguas... menos la Europa cristiana.

    Tengo un amigo a cuyo padre un cura usaba de niño para calentarse los pies. Y no hablo de lejanos medioevos, hablo la España del siglo XX.

    Pero esta bien, pintar a la aristocracia como un regimen benevolo y paternal es muy bello. Imagino que los asistentes a esta interesante discusion tienen muy claro a que estamento social deberian pertenecer en una sociedad aristocratica.

    Mas que imaginarlo, estoy bien seguro.

    ResponderEliminar
  8. Una pequeña aclaracion:

    El campesino de la Europa occidental
    de hoy día debe su prosperidad al hecho de que sus antepasados eran
    "siervos de la gleba".


    Regine Pernoud demuestra con esta frase un desconocimiento sin igual de la situacion del campesinado europeo durante el siglo XIX sin ir mas lejos. Decir que el prospero campesino europeo de hoy debe su bienestar a la situacion de sus antepasados feudales es no tener la menor idea de economia. Los modernos campesinos de Europa reciben una cantidad de subsidios y ayudas por parte del estado que paises como la Argentina protestan una y otra vez ante estas practicas que consideran competencia ilegal y deformaciones del mercado.

    Para mayor abundamiento, lo que dice la autora es contradictorio: culpa al advenimiento del capitalismo de la pobreza campesina, pero olvida que la actual prosperidad relativa (que no puede negar) es fruto de las politicas de estados capitalistas avanzados.

    Por otra parte jamas se vio a ningun defensor del medioevo protestar porla situacion miserable de los campesinos en España, por ejemplo, que durante siglos y hasta antes de la entrada de España en la UE vivian en una situacion que en determinadas epocas era simplemente espantosa.

    Lease "La Barraca" de Blasco Ibañez, un excelente fresco de la vida campesina (y ni siquiera en una de las regiones mas pobres) para ver lo bien que lo pasaban.

    Y respecto del medioevo mismo, si les interesa puedo nombrar una serie de revueltas campesinas que no dejaron de sucederse siglo tras siglo. Pero seguramente no se trataba de campesinos sino de estos agitadores comunistas que nunca faltan, al parecer desde el inicio de los tiempos.

    ResponderEliminar
  9. Por supuesto. Nuevamente lo que no entra en el marquito teórico de JC no existe, aunque sea dicho por una medievalista de primer orden premiada por gobiernos de ideologías completamente diversas. No vale la pena seguir. Para qué.

    En todo caso, como último recurso y ya que no le cree a nadie más, le recomiendo "La revolución en España" de su profeta Karl que dice, con otras palabras, lo mismo que Pernoud. Quizás le haga dejar un poquito tranquilo a Hobsbawm.

    ResponderEliminar
  10. Estimado Jack:

    Lamento que su óptica ideológica deforme todo.

    Cuando hablé de patrimonio (además de económico) cultura, religioso, espiritual, etc. ud. sólo entendió económico. Su materialismo le impide ver que hay realidades distintas de la materia pero no se confunda, no todos estamos pensando sólo en lo material.

    Por otra parte habla de acrecentar el patrimonio por medios ilegales???!!!! Es evidente que no entendió nada de lo que dije.

    Lamento su estado de ingratitud hacia sus padres y ancestros. Llamar suerte a todo el esfuerzo, trabajo y dedicación es la peor forma de ingratitud: la negación.

    Lamento que, como todo ideólgo, sólo tenga ideas sin razones, porque hubiera sido bueno y útil un "diálogo". Desgraciadamente, sin razones y con deformaciones o descalificaciones ideológicas no tiene sentido el discutir.

    Natalio

    ResponderEliminar

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...