31 de octubre de 2008

Policiales mal conentadas

Yo siempre le doy mucho apunte a lo que me mandan por mail, la de hoy es una noticia fea pero creo que refleja algo que nos afecta a todos: el asunto de los comentarios  en los medios de prensa.
Hola Javier. Quería compartir con vos esta noticia, triste y trágica por cierto: http://www.lacapital.com.ar/contenidos/2008/10/27/noticia_0215.html , y compartir con vos una apreciación al respecto.
Como verás, al pie de la noticia (cuya sola lectura, te prevengo, produce un inevitable dejo de amargura) algunos lectores del diario fueron plasmando sus "opiniones" al respecto, y he aquí algo más pavoroso que el hecho mismo; la insoportable temeridad en juzgar de la mayoría de ellos, la indolente postura fariseica de personas que seguramente se consideran "buenas personas" y que no trepidan ni ante un cuadro tan doloroso para descargar sus hurañas acusaciones pseudo humanistas.

¿Es que no comprenden la clave interpretativa del hecho?; ¿acaso no atinan a encarnarse, siquiera por un momento, en la piel de este hombre caído (tan a resguardo se saben!?), ¿no sienten, súbitamente, un dejo de piedad por un alma notoriamente atormentada, lástima siquiera?
Tal vez me equivoco, el que yerra soy yo, quizá ellos tienen otra visión del caso, sencillamente, acaso sean dos lecturas distintas y válidas, por eso comparto con vos esta cuestión, para sacarme la duda, para confrontar mi parecer.
Cuando lees la noticia, algo súbito ha de correrte por las venas, un primer impulso, ajeno a la voluntad, es decir, una sensación inevitable, instintiva. ¿No debiera resultar una especie de compasión por los tres actores inmediatos del drama, sin distinción, a priori, de la culpa que cargan sobre el policía los mentados opinadores? No sería eso lo natural? ¿debo acaso superar la primera impresión y tener por válida una segunda, que interprete el hecho simplemente como un drama pasional, una venganza, un filicidio alevoso por simple despecho, un crimen sin más ni más? Porque eso es lo que condenan estas personas, y seguramente están convencidos que es una especie de deber justiciero achacar el crimen sin detenerse a meditar el hecho de que el principal imputado terminó con su existencia, presa de un indescriptible dolor, cuya visión habrá hecho brotar esos gotones sanguinolentos del Cristo en Getsemaní, de los que nos habla la Escritura. Pienso que tiempos atrás, no hubiese habido este tipo de comentarios, que hoy son mayoría. Pienso que tiempos atrás se intuía que el hombre es débil, frágil, que nadie se quita la vida por bronca. Nadie hubiese osado condenar a un suicida. Pero el hoy no es el ayer, y realmente hay mucha gente fuera de quicio.
Y me viene a la mente el terrible apotegma de Chesteron, "quitad lo sobrenatural, y sólo quedará lo que no es natural", y el Enemigo de lo natural halla ecos por doquier.

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