25 de octubre de 2008

Sangre Azul - San Francisco

Sangre Azul nos manda otra joyita.

Te copio el texto abajo, es un fragmento de un capítulo del libro "Los operarios de la viña", de Giovanni Papini. Me abstengo de hacer dedicatorias, pero pido que hagan fila ordenadamente para que todos nos podamos poner el sayo un ratito. Podrían ser dos filas: a la derecha y a la izquierda.
La forma más heroica de la humildad es la obediencia —porque es la más difícil, y tanto más difícil cuanto mayor es el ingenio— y Francisco obedeció. Obedeció a Dios cuando lo quiso suyo; obedeció a su obispo; obedeció a los Papas; obedeció al último entre los sacerdotes porque reconocía en ellos, aun en los más indignos, los instrumentos designados para el milagro cotidiano. Y reformó efectivamente la Iglesia, precisamente porque no se propuso reformarla, como los cismáticos, ebrios de orgullo; porque comenzó por obedecer a todos aquellos que tienen autoridad en la Iglesia, desde el Padre Univeral de Roma hasta el último clérigo de la aldea. Quiso seguir con sencillez de corazón la antigua trillada senda, y cabalmente por esto abrió una nueva estación en la vida cristiana. Este Santo, uno de los más leales servidores del Evangelio, no tiene nada de «evangélico», como lo entienden los expulsados y los separados. Todo lo aceptó: los misterios más puros para la razón, como los sacrificios más duros para la carne; y ofreció una prueba maravillosa, aun cuando no única, de que el pretendido contraste entre el Evangelio y la Iglesia, en torno al cual deliran desde hace siglos los herejes, es una bestial alucinación producida por el humo de la soberbia delirante.
San Francisco supo juntar, como tantos otros hermanos suyos, la obediencia al Evangelio con la más absoluta y humilde sumisión a la Iglesia. Es el santo de los pobres y de los amantes; pero es al propio tiempo el santo de la regla y de la disciplina: un santo enteramente católico.

9 comentarios:

  1. Más vale -decía un Cura amigo- equivocarse dentro de la Iglesia que tener razón afuera.

    Saludos.

    Moro.

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  2. Mmm. Esa frase es medio ambigua así nomás.
    Más bien creo que el tema va por el lado de la certeza que tenemos dentro de la Iglesia. En las cosas importantes no nos vamos a equivocar si seguimos al Espíritu Santo, al Cuerpo Místico de Cristo y a su vicario.

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  3. Históricamente es la prueba de los grandes santos: han tenido que sufrir a la Iglesia que amaron. Desde los aprietes de un San Francisco; pasando por la cárcel sufrida por un San Juan de la Cruz; o incluso la burla y la incomprensión de sus superioras en una Santa Teresa de Lisieux.

    El resto es paja: delirios ultramontanos que en nombre de la "defensa de la tradición" no dudan en ser más papistas que el Papa, y hasta corregirlo si es necesario para después llenarse la boca de la obediencia que son incapaces de ejercer; o el delirio soberbio de quienes se creen particularmente iluminados por el Espíritu para pasarse el Magisterio y la autoridad de la Iglesia por el quinto forro del upite (perdón, pero el tema me saca) en nombre de sus propias ideologías, manoseando de paso la causa de los más pobres.

    Ambos extremos tienen el mismo problema: Pedro. No se la bancan, no lo admiten, no pueden asumir que LA Iglesia está fundamentada sobre esa piedra.

    El demonio pecó de soberbia cuando dejó de aceptar otra autoridad que no fuese la suya. Pero el demonio teme, porque ha visto a Dios.
    Estos no temen nada, y han hecho de sus causitas particulares su propio dios.

    Y perdón la vehemencia, pero nos pasa a los soberbios, que sabemos identificar nuestro propio vicio muy bien en los otros. Y a estos, se los huele a kilómetros.

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  4. Sangre Azul:

    "Y reformó efectivamente la Iglesia, precisamente porque no se propuso reformarla, como los cismáticos, ebrios de orgullo" , dice Papini...

    A eso creo que refiere mi Cura amigo, uno siempre cree tener la posta, inclusive fuera de la Iglesia. Lutero creia tener la posta, Lefevre creía tenr la posta.Yo conozco blogueros que dicen tener la posta, y gambetean el magisterio tantito no se acomode a su ideología. Quien no se cobije bajo el lecho del magisterio y de la autoridad corre ese riesgo.

    Por eso más vale equivocarse dentro de la Iglesia que tener razón afuera.


    Moro.

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  5. Completamente de acuerdo con Milkus.
    A ver Moro: Si lo vemos poéticamente,está muy bien la frase, pero si hilamos fino no es exactamente lo que Papini quiere decir, ni lo que Milkus quiere decir, ni lo que yo quiero decir, ni lo que dice la Iglesia.
    En algún sentido es como el huevo y la gallina, pero yo diría que la Iglesia responde a la Verdad y no la Verdad a la Iglesia.
    El tema es que yo estoy en la Iglesia porque tengo la certeza de que allí está la Verdad y por eso le obedezco aunque yo no "compruebe" la certeza de las verdades. Ahí entra la obediencia y creo que más aun la humildad.
    Pero si yo no tuviera la certeza que tengo (que es de fe, eso sí) de que la Iglesia es depositaria de la Verdad, no estaría en la Iglesia. O sea, en sentido estricto, no quisiera equivocarme con la Iglesia, si tan solo fuera una secta de supersticiosos ¿Se entiende?

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  6. Creo que esto de equivocarse dentro o tener razón fuera tiene que ver con 1.- la existencia de dudas razonables, a las que hacés referencia en tu comentario, y 2.- la posible reversibilidad de ciertas medidas concretas/locales/disciplinares/pastorales.

    En el segundo caso, podría considerarse lo de "tener razón" afuera, al menos en cierto sentido. Me viene a la mente el asunto del "pro multis" y los que ahora señalan (desde afuera) que la Iglesia finalmente "les dio la razón". El problema es que, si tenían algo razón en un comienzo, la perdieron al separarse de la Iglesia (los que se separaron por eso). Parecería ser que el cambio de "por todos los hombres" a "por muchos" no es una actualización, sino una retractación, la corrección de un error de traducción de "la Iglesia" (entrecomillo porque no sé cuánto habrá tenido que ver la Santa Sede con la traducción anterior, o si había sido aprobada formalmente).

    También es probable que en el proceso que llevó a la difusión de la práctica de la Comunión en la mano (y la concesión de los respectivos indultos de la Santa Sede) hayan habido "errores".

    A lo que voy es que la Iglesia no está exenta de ese tipo de errores. Y sí es preferible "equivocarse" en eso con la Iglesia (como los Sacerdotes que habrán rezado la traducción "amplia" del "pro multis", aún sin estar de acuerdo con ella), que salirse para tener razón afuera.

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  7. Entiendo y estoy de acuerdo. Habría que diferenciar entre equivocarse=tomar una decisión imperfecta y equivocarse=estar fuera de la verdad. Yo lo entendí de esta última forma. De esa forma no me gustaría equivocarme con la Iglesia, pero estoy tranquilo porque sé que la Iglesia no se equivoca. De la otra forma me "equivoco" y espero "equivocarme" siempre con la Iglesia.

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  8. Si me permiten una analogía profana:

    En cuanto a "equivocarse = estar fuera de la verdad" creo que esta opción se descarta por la infalibilidad. Vendría a ser como una póliza de seguro contra destrucción total (estar fuera de la verdad) que no cubre los eventos menores (tomar decisiones imperfectas).

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  9. Francisco nos recuerda que a la Madre hay que amarla siempre, pero sobre todo cuando tantos de sus hijos la desamparan. Habida cuenta que hoy hay que andarse con una lupa para hallar un buen sacerdote, que la Santa Misa es constantemente "reinterpretada", que entras en una capilla y se parece en tan poco a la parroquia de la otra cuadra que ya no hallas familiaridad en ella, que tantos que se dicen católicos no quieren al Papa (incluídos religiosos!), que tantos de los rectos no toleran el cuadro y se arriman a la Fraternidad, que puede ser una experiencia rayana el martirio tolerar las libertades que se otorga a los laicos en participar en los Oficios...es una Gracia asomarse a la vida del Poverello y contemplarlo con su medroso atuendo y su alegre flacura picando los adobes podridos, afirmando las paredes, cambiando la tirantería, reparando la Iglesia de Cristo.

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