9 de mayo de 2011

La Palabra de Dios sin la Eucaristía

Con atención escuché la primera lectura de ayer Domingo que en el texto termina diciendo que ese día se sumaron 3000 personas a la comunidad de los cristianos pero la lectura no incluye ese versículo, también recuerdo el salmo mal leído que tiene eso tan lindo de:

Bendeciré al Señor que me aconseja, ¡hasta de noche me instruye mi conciencia!

Después una reflexión me asaltó a la hora del Evangelio y me hundió en cavilaciones de esas que B considera que son complicaciones vanas mías.

Repasemos el Evangelio de ayer, para los olvidadizos es el de los discípulos de Emaus.

Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio. Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero él había desaparecido de su vista.

Aquello que es de notar es que Jesús en persona les explicó todos los profetas hasta su propia muerte, algo por lo cual muchos daríamos todo hoy y durante la caminata les “ardía el corazón”, pero así y todo no podían ver. Tenían a la Sabiduría enfrente a ellos explicándoles todo y no pudieron verlo sino en el momento de partir el pan.

De esa manera la Iglesia predica el Evangelio a todo el mundo, pero la realización real del Misterio está en la Eucaristía, de modo que la Fe se confirma frente al sagrario.

¡Cuantas reflexiones pueden surgir de esto!

La que me viene a mi es la de confirmar que sin Eucaristía no hay nada y la otra que me hace pensar en aquellos textos que leí que ven en la Liturgia de la Palabra la hora más excelsa de la misa.

También habla fuerte de la misión de la Iglesia que tiene que anunciar el Evangelio, pero no se puede dar el lujo de hacerlo sin centrarse en la Eucaristía. U otra reflexión más simple dirigida al catecismo de Primera Comunión ¿Cómo puedo catequizar si lo hago lejos de la misa? La catequesis debería ser los días que corresponde antes o después de la misa con asistencia obligatoria.

También me deja dudas acerca de las intenciones de Jesús: ¿Podría Jesús haberse revelado a sus discípulos antes de partir el pan? ¿Por qué no lo hizo?.

El comentario del reciente Beato no aclara mis cavilaciones, es más, agrega una nueva:

Beato Juan Pablo II
Carta apostólica «Mane nobiscum Domine» §19

"Quédate con nosotros"

Cuando los discípulos de Emaús le pidieron que se quedara "con" ellos, Jesús contestó con un don mucho mayor. Mediante el sacramento de la Eucaristía encontró el modo de quedarse "en" ellos. Recibir la Eucaristía es entrar en profunda comunión con Jesús. "Permaneced en mí, y yo en vosotros" (Jn 15,4). Esta relación de íntima y recíproca "permanencia" nos permite anticipar en cierto modo el cielo en la tierra. ¿No es quizás éste el mayor anhelo del hombre? ¿No es esto lo que Dios se ha propuesto realizando en la historia su designio de salvación? Él ha puesto en el corazón del hombre el «hambre» de su Palabra (Am 8,11), un hambre que sólo se satisfará en la plena unión con Él. Se nos da la comunión eucarística para "saciarnos" de Dios en esta tierra, a la espera de la plena satisfacción en el cielo.
Pero la especial intimidad que se da en la "comunión" eucarística no puede comprenderse adecuadamente ni experimentarse plenamente fuera de la comunión eclesial... La Iglesia es el cuerpo de Cristo: se camina "con Cristo" en la medida en que se está en relación «con su cuerpo». Para crear y fomentar esta unidad Cristo envía el Espíritu Santo. Y Él mismo la promueve mediante su presencia eucarística. En efecto, es precisamente el único Pan eucarístico el que nos hace un solo cuerpo. El apóstol Pablo lo afirma: "Un solo pan y un solo cuerpo somos, pues todos participamos de un solo pan"(1 Co 10,17).

¿Como puede ser que el hambre de la Palabra sólo se sacie en la comunión eucarística? Da para pensarlo.

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