21 de febrero de 2012

En el trabajo buscando el cable a tierra

Creo que una de las cosas buenas de vivir en Sunchales es que al salir del pueblo camino al trabajo, es inevitable pasar cerca del cementerio. Es más, es muy común citar a la calle San Juan como “la del cementerio”.
Al pasar por el lugar se yerguen mausoleos de las distintas familias notables del lugar: Mitri, Riztortto, Volpato, etc. A mi me gusta mucho la presencia del Cementerio camino al yugo, porque es bueno sumergirse en las cosas de la vida y la muerte antes de navegar las turbulentas aguas de las urgencias.
Mi trabajo es muy variado y para nada analítico en estos momentos, son 30000 cosas a la vez peleando por ser las más urgentes. Poder encarar ese maremágnum con algo trascendente es…. ¡de vida o muerte!.
Otra de las cosas que te traen a la realidad son más sencillas.
Hace unas semanas –por no decir que no me acuerdo cuando- ayudaba a mi consorte a ubicar unas cajas allá donde solo llega mi metro noventa y dos. Al bajar el brazo me di un golpe que me hizo llamar en voz alta a los espíritus oscuros de las minas de Moria para aniquilar al fabricante del armario, al fabricante del brazo y hasta la familia del encargado de las instalación eléctrica de la habitación.
Dicen que el que descarga en gritos su dolor y torpeza sufre menos dolor.
El caso es que al día siguiente en medio de una reunión tediooooooosa, mientras trataba de acomodar este cuerpo largo y torpe en una silla incómoda, mi brazo herido fue a dar inopinadamente en el mismo lugar citado más arriba, contra una esquina de la mesa de trabajo.
Esta vez entre dientes, llamé a los Uruk hai para que hagan la faena con el fabricante de todos los muebles de oficina del trabajo, y del mundo.



Pero al segundo, atrás de los Uruk hai rompiendo muebles de oficina, me vino a la cabeza una tarde en familia mientras yo acomodaba cajas y los chicos jugaban o preguntaban alrededor nuestro. Fue un cable a tierra inesperado, un remanso de paz gracias al dolor en el brazo.
No se muy bien que conclusión sacar. Entiendo que como primer acción a tener en cuenta, habría que tratar de lastimarse en casa más seguido para escapar de una reunión tediooooooosa y poder dejar vagar la mente entre pañales y besos durante el resto del encuentro.
Ustedes dirán.

2 comentarios:

  1. jajaja, muy bueno el post! me hizo reir mucho el llamado -ilustrado- a los uruk-hai. Muy descriptivo! te la voy a robar en algun momento.

    ResponderEliminar
  2. Muy buena la entrada. Hay golpes que valen la pena ¿no?
    Saludos a toda esa familia.

    ResponderEliminar

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...