9 de junio de 2012

El Gen228 desde la cuna

La genética es fuerte y predestina algunas cuestiones de la persona de una manera que nos asombra cada día. Algo fuerte en la familia es el Gen228 o “Gen de la molestidad” que heredamos algunos en la segunda generación y que también tiene sus abanderados en la tercera generación Pincemin.

Ya hablamos de Santi en su momento y Pomi no se queda atrás, pero hay un ilustre desconocido de este blog al cual le hemos dedicado pocas entradas y que en sólo unos escasos meses de vida logró depurar la técnica hasta un nivel de complejidad notable.

¡Desde la cuna!

Agustín es una pesadilla, de alguna manera pensamos con B que se trata de un Pomi en versión “mejora siniestra”. Está superando a su hermano mayor en complejidad y dinamismo, en particular con las técnicas que implican entorpecer los juegos de Luni, una Luni muy dada al juego introspectivo y solitario.

Ni bien la ve en uno de sus momentos de meditación se abalanza y metódicamente trata de sacar lo que Luni tiene a mano para jugar. Poco importa lo que está sacando,su objetivo es molestar.

Vean el video, toma los lápices por el único placer de tomarlos y lograr que Luni no pueda trabajar en paz.

¿Que hacemos?

5 comentarios:

  1. Debe ser una epidemia: mi sobrino de 5 tiene una capacidad increíble de hacerle la vida imposible a su hermano de 10; y Selene, que la juega de "nena buena" tuvo una época en que lograba que nacho se enojara lo suficientemente mal con ella, como para que yo terminara retando a Nacho ..... así vienen. Agarrate! :P

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  2. Creo que hay dos formas de pensar en en el problema. Pero son dos cuestiones casi de fe. Y de eso depende todo el resto de nuestro actuar.
    Fe 1: Hay quienes creen que el chico solo quiere molestar.
    Fe 2: Hay quienes creen que el chico "por algo lo hace".
    Yo creo en lo segundo. Y por ese lado investigo. Quiere que ese hermano mayor o primo que tanto le atrae le de bola y no sabe decir "hola, dame bola". O simplemente le atrae el color del objeto y no conoce propiedad privada, le gusta y lo toma, pero cuando agarra el objeto no cumple todas sus expectativas (no era tan fascinante como el color) y lo tira, etc., etc.
    Y miles de opciones más.
    El chico quiere las mismas cosas que nosotros, solo que no sabe como pedirlas, ni hacerlas, ni moderarse "socialmente".
    Y por eso de alguna forma hay que enseñárselo.
    Quien cree en la fe 1 se ve más impulsado al chirlo y así que aprenda.
    Quien cree en la fe 2 se ve más impulsado a explicarle cosas mientras busca la forma de moderar su comportamiento (hasta donde la paciencia de cada uno le dé).
    Como dijo Nimo: por lo menos así lo veo yo.

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  3. Me baso un poco en esta genial idea del español Carlos González, autor del libro "Bésame mucho", cotrapartida del famoso "Duérmete niño". (Todo esto gracias a Mariana).
    La genial idea está en la introducción del libro, que se llama "el niño bueno y el niño malo", y dice:

    Hemos tomado prestado este título de un cuento de Mark
    Twain no para hablar, como él, de dos niños concretos, sino
    de todos y cada uno de los niños, del Niño en general. ¿Son
    los niños buenos o malos? Pues de todo habrá, pensará el
    lector. Cada niño es distinto, y probablemente la mayoría, lo
    mismo que los adultos, serán normales tirando a buenos.
    Sin embargo, y dejando aparte los méritos propios de cada
    niño, mucha gente (padres, psicólogos, maestros, pediatras y
    público en general) tiene una opinión predeterminada y general
    sobre la bondad o maldad de los niños. Son «angelitos» o
    pequeños tiranos»; lloran porque sufren o porque nos toman
    el pelo; son criaturas inocentes o «saben latín»; nos necesitan
    o nos manipulan.

    De esta concepción previa depende que veamos a nuestros
    propios hijos como amigos o enemigos. Para unos, el niño es
    tierno, frágil, desvalido, cariñoso, inocente, y necesita nuestra
    atención y nuestros cuidados para convertirse en un adulto
    encantador. Para otros, el niño es egoísta, malvado, hostil,
    cruel, calculador, manipulador, y sólo si doblegamos desde el
    principio su voluntad y le imponemos una rígida disciplina
    podremos apartarlo del vicio y convertirlo en un hombre de
    provecho.

    Estas dos visiones antagónicas de la infancia impregnan
    nuestra cultura desde hace siglos. Aparecen en los consejos de
    parientes y vecinos, y también en las obras de pediatras, educadores
    y filósofos. Los padres jóvenes e inexpertos, público
    habitual de los libros de puericultura (con el segundo hijo
    sueles tener menos fe en los expertos y menos tiempo para
    leer), pueden encontrar obras de las dos tendencias: libros sobre
    cómo tratar a los niños con cariño o sobre cómo aplastarlos.
    Los últimos, por desgracia, son mucho más abundantes, y
    por eso me he decidido a escribir éste, un libro en defensa de
    los niños.

    La orientación de un libro, o de un profesional, raramente
    es explícita. En la solapa del libro tendría que decir claramente:
    «Este libro parte de la base de que los niños necesitan nuestra
    atención», o bien: «En este libro asumimos que los niños
    nos toman el pelo a la más mínima oportunidad. » Lo mismo
    deberían explicar los pediatras y psicólogos en la primera visita.
    Así, la gente sería consciente de las distintas orientaciones,
    y podría comparar y elegir el libro o el profesional que mejor
    se adapta a sus propias creencias. Consultar a un pediatra sin
    saber si es partidario del cariño o de la disciplina es tan absurdo
    como consultar a un sacerdote sin saber si es católico o
    budista, o leer un libro de economía sin saber si el autor es
    capitalista o comunista.

    Porque de creencias se trata, y no de ciencia. Aunque a lo
    largo de este libro intentaré dar argumentos a favor de mis opiniones,
    hay que reconocer que, en último término, las ideas
    sobre el cuidado de los hijos, como las ideas políticas o religiosas,
    dependen de una convicción personal más que de un
    argumento racional.

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  4. Muy divertido. Además, ya tiene un semejante chichón que lo hace más parecido a Tomás. Pero... hace un tiempo ponías lo terrible que era Lucía, que se enojaba mucho y ahora ¡qué tranquila està! Y además se ve que pinta regio; eso sí que deberá ser heredado.
    ¡Riquísimos los chicos!
    Cariños a toda la Flía.

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    Respuestas
    1. Hna Josefina, Lucía guarda todo su caracter y a veces "hace hablar la mano" sobre la humanidad de Tin, pero tiene esa parte de juego introspectivo y no social que a veces la hace parecer ausente.

      Todo lo quedisfrutamos en criar a Lucí lo estamos sufriendo con Tin.

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