21 de octubre de 2012

Luz, ritmo y verdadera alegría

Voy a gritarle al teléfono este post porque ando sin tiempo para escribir, tengo la compu hipotecada por una nube de vándalos que quieren conectarse a sitios de juegos online. Para escribir tranquilo y no quedar con los dedos mochos, uso Siri para dictar el texto de las cosas que me gustaría poner en el post, Siri se encarga de escribir la mayoría del texto, después voy a ver como le pongo una imagen.

Lo que quería contarles es que últimamente cuando me preparo para ir a misa como ahora, se me cruzan por la cabeza ideas acerca del ritmo, la luz y la verdadera alegría, que entiendo que son de la liturgia y no sé si son tan importantes como suenan en mi cabeza.

Lo primero es la luz, por algo que escribe un usuario de Facebook que me gusta leer, donde decía que el Sagrario tiene que estar entre penumbras y que la misa también es un momento de penumbras. Tiene una parte pedagógica por eso de que las miradas tienen que orientarse al Sagrario, pero también está lo importante de orientar las luces a quien realmente ilumina en ese momento para evitar que los distraídos miremos al de al lado. Y esto es muy contrario a los esfuerzos actuales por tener los templos súper iluminados.

Lo segundo es el ritmo, surgió por un comentario del otro día acerca de como Barbara toca la guitarra, también lo podemos llevar al ritmo de los cantos y la liturgia en general. No?.
Soy de la idea que la liturgia tiene un ritmo pausado no estridente, y esto se engancha con el tema de la verdadera alegría. El ritmo lento de la liturgia te dá espacios para pensar meditar lo que se está viviendo, y también hacer de la liturgia un momento interior.

No exterior, salvo en algunos momentos clave comunitarios.

Por eso luego de la comunión, a veces, el canto de meditación suele ser molesto para aquellos que quieren adorar a Cristo recibido un momento antes.

Y por último está la verdadera alegría. La verdadera alegría vendría a ser tomar la decisión de reconocer si ser católico y feliz implica andar por la calle a los gritos o bailando. Nuevamente soy contrario a esa idea, me parece que ser católico y alegre conlleva el tener una serenidad interior y no necesariamente una necesidad imperiosa de contonear las caderas durante la misa o un encuentro fuera de ella.

En fin, ideas a desarrollar que Agus ilustra con sana alegría.

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