29 de agosto de 2013

La subsidiariedad en la empresa, "Líderes que no obligan al heroísmo"

Gracias a la magia de Linkedin, o de alguna vos chismosa que le contó a María Marta Preziosa mi comentario sobre su nota en la Revista Empresa, establecimos con esta autora contacto e intercambiamos comentarios.

María Marta levantó el guante de mi pedido de entender la subsidiariedad como una deuda pendiente dentro de la visión de la empresa. Se ve que tenía a mano algún artículo y me lo pasó raudamente.

Yo lo leí y se los dejo para que hagan lectura. A su vez asumo el compromiso de completar la tarea emprendida por María Marta buscando un ejemplo de subsidiariedad en mi experiencia de trabajo.


Se puede ser un líder inteligente si uno sabe delegar, pero la subsidiariedad es algo distinto y más completo, bien lo pone la autora en el título. Vean sino el Capítulo IV del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia.
Conforme a este principio, todas las sociedades de orden superior deben ponerse en una actitud de ayuda (« subsidium ») —por tanto de apoyo, promoción, desarrollo— respecto a las menores. De este modo, los cuerpos sociales intermedios pueden desarrollar adecuadamente las funciones que les competen, sin deber cederlas injustamente a otras agregaciones sociales de nivel superior, de las que terminarían por ser absorbidos y sustituidos y por ver negada, en definitiva, su dignidad propia y su espacio vital.
Aplicar estos conceptos a las relaciones de trabajo en una empresa grande requiere entender los roles de las personas como ámbitos que tienen que desarrollarse con su libertad y autonomía, promoviendo la confianza y las conciencia de los procesos de maduración.

Hablando en criollo es: "no hacer lo que debería hacer tu gente a cargo, y pensar con una mentalidad de servicio hacia ellos"

Me pasa continuamente en el trabajo con esas cosas que tienen un cariz técnico que a mi me gustaría poder activar metiendo mano. Pensemos por ejemplo en esa consola donde se ven todos los equipos y su estado, si fuera por mi me encantaría sentarme y ordenarlo todo para ver después como funciona y tomar acciones correctivas.

Súper tentador.

Pero quiero se un líder subsidiario y tengo que imponerme la tarea de estar al servicio del responsable de esa tarea -que tengo a cargo directamente- para que el tome esa visión como propia y empiece a trabajar.

¿Lo logro siempre? Casi nunca.

Y es en ese casi nunca que origina los retos, los chirlos  y los momentos en los cuales hay que defender al susodicho.

Súper tentador.

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