7 de septiembre de 2013

Esperando afuera del super

De la sunchalidad frenética hay algo que todavía estamos intentando entender, todo tiene su origen en el supermercado cercano.

Familias completas subidas al automóvil familiar se acercan para hacer la compra diaria o semanal. El inconveniente reside en que no todos los miembros del contingente son afectos a recorrer un lugar superpoblado con góndolas y precios superpoblados. También es verdad que debe haber situaciones en las cuales madres de familia no ven con buenos ojos tener que controlar al marido y sus compras compulsivas, o a los hijos en demandas constantes.

Por otro lado algunos maridos no soportamos con mucha paciencia un devaneo constante con charlas acerca de la inflación y de lo caro que está todo.

La receta que la sabiduría popular propuso para un inconveniente tan complejo, es dejar la mitad del grupo familiar escuchando radio durante una hora en el auto.

No es chiste, para testimoniarlo agrego una foto de esta mañana.


Los dos infantes retratados permanecieron durante una hora larga adentro del auto, por algún motivo inentendible tampoco intentaron salir más que para juntar alguna flor de lapacho y jugar ensuciando el auto por dentro.

Una hora sentados sin pelearse. 

Creo que si dejo a mis hijos en esa situación, cuando vuelvo del supermercado el auto está prendido fuego.






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