13 de abril de 2014

¡Junten las ramas de olivo del piso!

Luego de dibujar durante largo rato con Luli en un atardecer invernal rodeado de siestas, me volqué a la pantalla para ver como avanzaba una descarga y me encontré con esto tan lindo.

Hosanna in excelsis


En particular en esa imagen tan precisa de pasar después de Jesús, y juntar del piso una rama de olivo. Yo ya tuve mi misa del domingo de Ramos, y una vez terminada -como en años anteriores- seguían dando vueltas en mi cabeza dos ideas viejas y malas que tengo cada vez que termina esa fiesta.

La primer idea es esa de que somos cristianos tibios, y que en el Domingo de Ramos las parroquias se ven colmadas porque es la única misa donde uno puede llevarse algo a casa. Como si ese afán supersticioso de la masa, fuese un golpe de látigo más de la Pasión, que los católicos de bien nos vemos obligados a reprobar con miradas severas.

¡Miserere nobis!

La segunda indignación es la de ver los ramos dejados por la turbamulta luego de la ceremonia. Los pisos del templo suelen quedar con pequeñas ramas de olivo bendito tiradas entre los bancos. De nuevo el católico de bien se ve obligado a disparar feroces miradas severas hacia sus coparroquianos, artífice de tan sacrílego expolio.

De nuevo ¡Miserere nobis! por ser tan orgulloso y soberbio.

Un reagalo fue para mi leer el enlace que me dejo más arriba. El año que viene, cuando tenga la misa del domingo de Ramos, voy a experimentar una particular alegría en juntar esos ramos de olivo que están caídos en el piso. Son el regalo de Jesús para que nos demos cuenta de que luego de entrar a Jerusalén nos llama a acompañarlo durante la Semana Santa.

Luego de pasar Jesús por la calles los gritos siguen resonando a lo lejos y lo único que nos queda para recordad su gloria es ese ramo de olivo, lo necesitamos para que la esperanza no se vea amargada por los acontecimientos de la Pasión que vienen dentro de unos días.
Después, cuando volvimos, tomé y guardé una ramita de olivo de las que quedaron en el suelo cuando Él pasó. La besé como si besara los pies del Nazareno, y la guardé en mi pecho como si atesorara la clave de una hora de Gloria con infinitos instantes de Cielo.

El año que viene mis ramos de olivo van a ser del piso.

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