4 de abril de 2014

Todo armario de hombre que se precie...

...tiene un par de camisetsa viejas e inamovibles, que están ahí porque no hay lugar en la casa para enmarcarlas como en los museos de los clubes deportivos. Son camisetas horribles la mayoría de las veces, les va el adjetivo "deleznable" y son foco de esposas en plan de limpieza.

Yo en particular tengo estas dos...

La de la izquierda es una camiseta que compré en aquel verano en Brasil con mis primos (¿te acordás Aguslax? ¡Memorable!) la particularidad que tiene es que aquella vez no compré una sola camiseta, fueron dos y la segunda no está más conmigo.

Y eso es lo que hace notable esta de los loros amarillos.

La camiseta hermana de esta tenía en el frente unos simpáticos tucanes ilustrados, la llevaba conmigo una vez que fuimos de misión con el Grupo Kalayi a Santa Victoria Este. En particular habíamos pasado unos días en la Misión La Paz y esa noche dormíamos en la salita de salud que oficiaba de centro del asentamiento wichi compuesto por chozas de ramas, y donde el único signo de civilización era un cartel de Coca Cola y la casa de la familia de pastores anglicanos.

Con M dormíamos sobre la cama de partos que no suele utilizarse, porque la mayoría de los partos son a la vieja usanza: la madre, llegado el momento, se interna al monte y en soledad da a luz a su hijo.

Dormíamos plácidamente decía, después de sacrificar una sandía para la cena. En medio de la noche empezamos a sentir gran agitación en las habitaciones cercanas. Una parturienta aborigen había decidido que en ese momento era adecuado utilizar los servicios de asistencia de la monja del Santa Ethnea -enfermera profesional- que nos acompañaba. Se convino que lo mejor era no usar la cama de partos con sus amenazantes brazos y dejar que la naturaleza actuara en la sala de cirugía, donde luego de 1 hora de esfuerzos nació un varón en plena salud y con nada para cubrirlo.

No había una toalla a mano y la madre ni siquiera traía una lona para cubrirlo.

Así es que se fue envuelto en la remera de los tucanes y nunca más voy a poder descartar la de los loros amarillos, porque me recuerda a alguien que es probable que nunca más encuentre, pero que está en mis oraciones. Alguien que nació en la mayor pobreza y que tuvo como primera cuna unos brazos ajenos y una remera usada.

Tal vez luego de este valle de lágrimas me encuentre con "el que nació envuelto en tucanes".

La otra remera es clave porque es la que llevaba puesta el día que conocí a B. ¿Tengo que guardarla?

1 comentario:

  1. siiii!!!! me acuerdo de la camiseta y del verano!! como olvidarlo!

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