29 de abril de 2014

¡Felices Pascuas 2014!

Espero que lo hayan pasado resucitadamente, nosotros llevamos unos días atronadores. Si tuviésemos que escribir todo aquello que nos pasa como familia deberíamos hablar de nacimientos, bautismos, logros, música en la parroquia, mucho trabajo, llamados de teléfono que nos marcan, mucha sunchalidad, vida de empresa, ocupaciones, vanidad, amigos en problemas, amigos con problemas, y un populoso etc que ocupa nuestros días y me alejan del blog.

De todos modos este año nos encontró con Pascua y con salud, Bénit soit Dieu le Père!
Y benditos sean ustedes, ¡Felices Pascuas de Resurrección!


13 de abril de 2014

¡Junten las ramas de olivo del piso!

Luego de dibujar durante largo rato con Luli en un atardecer invernal rodeado de siestas, me volqué a la pantalla para ver como avanzaba una descarga y me encontré con esto tan lindo.

Hosanna in excelsis


En particular en esa imagen tan precisa de pasar después de Jesús, y juntar del piso una rama de olivo. Yo ya tuve mi misa del domingo de Ramos, y una vez terminada -como en años anteriores- seguían dando vueltas en mi cabeza dos ideas viejas y malas que tengo cada vez que termina esa fiesta.

La primer idea es esa de que somos cristianos tibios, y que en el Domingo de Ramos las parroquias se ven colmadas porque es la única misa donde uno puede llevarse algo a casa. Como si ese afán supersticioso de la masa, fuese un golpe de látigo más de la Pasión, que los católicos de bien nos vemos obligados a reprobar con miradas severas.

¡Miserere nobis!

La segunda indignación es la de ver los ramos dejados por la turbamulta luego de la ceremonia. Los pisos del templo suelen quedar con pequeñas ramas de olivo bendito tiradas entre los bancos. De nuevo el católico de bien se ve obligado a disparar feroces miradas severas hacia sus coparroquianos, artífice de tan sacrílego expolio.

De nuevo ¡Miserere nobis! por ser tan orgulloso y soberbio.

Un reagalo fue para mi leer el enlace que me dejo más arriba. El año que viene, cuando tenga la misa del domingo de Ramos, voy a experimentar una particular alegría en juntar esos ramos de olivo que están caídos en el piso. Son el regalo de Jesús para que nos demos cuenta de que luego de entrar a Jerusalén nos llama a acompañarlo durante la Semana Santa.

Luego de pasar Jesús por la calles los gritos siguen resonando a lo lejos y lo único que nos queda para recordad su gloria es ese ramo de olivo, lo necesitamos para que la esperanza no se vea amargada por los acontecimientos de la Pasión que vienen dentro de unos días.
Después, cuando volvimos, tomé y guardé una ramita de olivo de las que quedaron en el suelo cuando Él pasó. La besé como si besara los pies del Nazareno, y la guardé en mi pecho como si atesorara la clave de una hora de Gloria con infinitos instantes de Cielo.

El año que viene mis ramos de olivo van a ser del piso.

4 de abril de 2014

Todo armario de hombre que se precie...

...tiene un par de camisetsa viejas e inamovibles, que están ahí porque no hay lugar en la casa para enmarcarlas como en los museos de los clubes deportivos. Son camisetas horribles la mayoría de las veces, les va el adjetivo "deleznable" y son foco de esposas en plan de limpieza.

Yo en particular tengo estas dos...

La de la izquierda es una camiseta que compré en aquel verano en Brasil con mis primos (¿te acordás Aguslax? ¡Memorable!) la particularidad que tiene es que aquella vez no compré una sola camiseta, fueron dos y la segunda no está más conmigo.

Y eso es lo que hace notable esta de los loros amarillos.

La camiseta hermana de esta tenía en el frente unos simpáticos tucanes ilustrados, la llevaba conmigo una vez que fuimos de misión con el Grupo Kalayi a Santa Victoria Este. En particular habíamos pasado unos días en la Misión La Paz y esa noche dormíamos en la salita de salud que oficiaba de centro del asentamiento wichi compuesto por chozas de ramas, y donde el único signo de civilización era un cartel de Coca Cola y la casa de la familia de pastores anglicanos.

Con M dormíamos sobre la cama de partos que no suele utilizarse, porque la mayoría de los partos son a la vieja usanza: la madre, llegado el momento, se interna al monte y en soledad da a luz a su hijo.

Dormíamos plácidamente decía, después de sacrificar una sandía para la cena. En medio de la noche empezamos a sentir gran agitación en las habitaciones cercanas. Una parturienta aborigen había decidido que en ese momento era adecuado utilizar los servicios de asistencia de la monja del Santa Ethnea -enfermera profesional- que nos acompañaba. Se convino que lo mejor era no usar la cama de partos con sus amenazantes brazos y dejar que la naturaleza actuara en la sala de cirugía, donde luego de 1 hora de esfuerzos nació un varón en plena salud y con nada para cubrirlo.

No había una toalla a mano y la madre ni siquiera traía una lona para cubrirlo.

Así es que se fue envuelto en la remera de los tucanes y nunca más voy a poder descartar la de los loros amarillos, porque me recuerda a alguien que es probable que nunca más encuentre, pero que está en mis oraciones. Alguien que nació en la mayor pobreza y que tuvo como primera cuna unos brazos ajenos y una remera usada.

Tal vez luego de este valle de lágrimas me encuentre con "el que nació envuelto en tucanes".

La otra remera es clave porque es la que llevaba puesta el día que conocí a B. ¿Tengo que guardarla?
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