22 de febrero de 2016

El proceso de expatriacion: los papeles, una tarjeta de crédito y una amnistia

Estos días fueron truculentos y turbulentos, propios de una mudanza y sus avatares.

Pero de ellos surgió la convicción de que hicimos experiencia, y de que esa experiencia no puede descartarse así como así. En especial en esta nota (a editar y pulir más adelante) quiero contarme algunas experiencias y lecciones aprendidas, lo vamos a hacer siguiendo el orden del título y sin hacer hincapié en el proceso humano, sólo en lo práctico que hace que el movimiento sea barato y sencillo.

Tres comentarios breves y claves del cambio.

Los papeles

Esto es lo que generalmente Recursos Humanos hace bien, por lo menos en nuestra experiencia el servicio fue fantástico, solo se vio manchado en la necesidad imperiosa que tienen los organismos públicos de requerir la presencia y la firma del interesado.

La maestría del gestor de RRHH para controlar tiempos, requisitos reales y accesorios, contactos facilitadores y control del legajo, fueron un punto alto del proceso.

Una tarjeta de crédito

Acá si se necesita una mejora. Tanto el ir como el volver requieren flexibilidad y presupuesto. Desde el minuto 0 de la mudanza hasta las dos primeras semanas de vida en el nuevo lugar, es muy importante que haya in situ con la familia migrante un funcionario de RRHH acompañando.

En sus manos lleva una tarjeta de crédito corporativa que resuelve rápidamente los inconvenientes de última hora: una cena en familia, la compra de una garrafa de gas, ayuda para bajar la mudanza, combustible, un adaptador para los artefactos del hogar, etc.

Mismo que el funcionario tenga una tarjeta de crédito corporativa propia, la compañía de RRHH en la primera semana - aportando presencia y soluciones, conocimiento del lugar, guía y flexibilidad - es fundamental para hacer una transición lógica y disminuir los costos de todo el cambio.

A nosotros nos faltó eso en los dos casos, tanto al ir como al volver. Estábamos solos.

Una amnistía

En nuestro caso en especial la vuelta fue farragosa, temprana y sin anestesia. Sin dudas mal planificada o no planificada. Embora, nos traemos una certeza que espero que sea útil para el proceso de expatriados de alguno de ustedes en el futuro: no tiene sentido hacer cambio de país, cultura o idioma solo por un año.

Solo adaptarse a la nueva cultura, sus procesos de asimilación, una rutina personal y un equipo propio (en general el expatriado es enviado para liderar un equipo) son una tarea ardua que empieza a rendir frutos después de los primeros 12 meses.

El proceso interno de RH tiene que "marcar" a ese colaborador para evitar que vuelva, y garantizar que recibe el apoyo suficiente para permanecer donde fue enviado por lo menos tres años. Si la selección de Recursos Humanos fue cuidadosa, esta decisión puede tomarse luego de los primeros meses de trabajo (descartado el factor inicial de rechazo del cuerpo extraño) y bloquear transiciones abruptas que tienen un alto costo para la organización.


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