29 de febrero de 2016

La familia, el don y la crueldad de la Verdad

Me pasan el artículo que dejo más abajo, es largo pero lo traigo igual contra todo manual de estilo. Es una traducción de un artículo de Fabrice Hadjadj. No conosco al autor pero que me pareció interesante.
A partir de un texto largo tienen dos opciones: leer como buenos alumnos o pasar directamente a lo que deduje de su lectura.

FAMILIA, en la raíz de la generación
Perspectivas después del Sínodo

Fabrice Hadjadj, filósofo, escritor
(Centro Culturale di Milano - 26.10.2015).
Buenas tardes. Esta es la primera palabra del Papa. Efectivamente estamos hoy un día después de la clausura del Sínodo de la Familia. Si hubiera algo que podamos reclamar a este Sínodo -digo bien, si hubiera, porque podría no haber nada a reprocharle- es el de haber estado focalizado sobre cuestiones antiguas. De cuestiones antiguas como si fueran nuevas. Por ejemplo de la cuestión de aquello que denominamos la de los separados vueltos a casar. Es una cuestión muy antigua. Que se plantea ya en los Evangelios. En el Evangelio los apóstoles le dicen si es así para el hombre por qué debe este casarse. Cuando se aborda esta cuestión como algo nuevo nos estamos equivocando. La otra cuestión muy antigua es la que se la denomina como la cuestión de los homosexuales. Siempre han existido aunque no se llamaban así. Y este modo de ser invertidos existió también en el interior de la Iglesia aún en niveles muy altos de la misma. Es una cuestión muy antigua. Por tanto el error es haber creído que era una cuestión nueva. La pregunta es cuál es la cuestión nueva. Cuál es la cuestión nueva que plantea la urgencia de esta demanda sobre la familia. Ante quisiera abordar cuestiones preliminares.
Hay cosas que podemos reprocharnos a nosotros mismos y no al Sínodo. Algo de lo que podemos reprocharnos es de haber creído que estamos todavía en un combate ideológico y que para proteger a la familia era necesario un combate de ideas. Por ejemplo, la ideología del relativismo o también la ideología del género. Pero es un error. No estamos más en la época de la ideología. Creer que se trata de denunciar la ideología del género es errar. Hay otra cosa para reprocharnos. El haber pensado que era bueno adoptar una actitud moralizante. Y la peor de todas las actitudes moralizantes es la actitud del moralismo condescendiente. Es necesario tener conciencia que en nombre del moralismo condescendiente se vuelve uno asesino. Es necesario admitir hoy que, a primera vista, la compasión no está más de parte de los cristianos y también que la verdadera caridad aparece con un aspecto de crueldad. Nosotros somos crueles, apareceremos como crueles. Hay que aceptarlo. ¿Qué ha sucedido? ¿En qué época estamos? ¿Cuál es la verdadera cuestión nueva?

Podemos volver a las dos conclusiones principales del Sínodo. El reclamo al discernimiento, somos llamados a discernir en situaciones nuevas, sin precedentes. Y la segunda conclusión es la de que debemos retornar a la Humanae vitae, que es una encíclica profética. ¿Qué decía Pablo VI en la Humanae vitae? Cuando Pablo VI evoca los nuevos aspectos del problema, menciona como problema principal -diciendo en fin y sobre todo- que el hombre ha llevado a cabo progresos estupendos en el dominio y en la organización racional de las fuerzas de la naturaleza, de modo que tiende a extender ese dominio a su mismo ser global: al cuerpo, a la vida psíquica, a la vida social y hasta las leyes que regulan la transmisión de la vida (n° 2). Lo que ataca hoy a las raíces del generar es la novedad de la innovación tecnológica. Estamos en una época tecnológica y no ya ideológica. El relativismo no es una ideología. El relativismo antiguo de los griegos era una doctrina. Pero hoy el relativismo es una consecuencia del dispositivo tecnológico. Vean la televisión, es necesario que su discurso sea breve, espectacular. Por tanto deben hacer un discurso tipo slogan publicitario y deben ser polémicos. Esto es la destrucción del pensamiento y esto impone una forma de relativismo. No es un relativismo doctrinal, es sólo una consecuencia de la tecnología. Las teorías del género son ellas una consecuencia del dispositivo tecnológico. Ya que este dispositivo nos plantea preguntas absolutamente nuevas. Lo que era una necesidad para los antiguos, se vuelve una opción para nosotros. Por ejemplo: ¿quieren envejecer o no? ¿Quieren ser inmortales? ¿O quieren morir en un maravilloso orgasmo? ¿Quieren tener niños por la vía sexual un poco casuales? ¿O mejor tener niños sanos seleccionados en un laboratorio? ¿Quieren aún permanecer en su cuerpo de carne o multiplicar los avatares virtuales? ¿Quieren estar en lo local cuando podrían estar en lo mundial? ¿Quieren permanecer en la relación en la que hay todavía un vecino y un lejano o entrar en esta relación misteriosa donde no hay ni vecinos ni lejanos? Las relaciones virtuales informáticas, las de la red, son cuestiones absolutamente nuevas. Los filósofos no tuvieron nunca que legitimar la muerte. Debían reconocer el hecho de que el hombre debía morir. No debieron legitimar el hecho de que un hombre nacía de un hombre y una mujer. Era un hecho natural que no exigía ninguna legitimación. En el presente nosotros debemos legitimar lo que en otro tiempo era una evidencia. Por ejemplo legitimar la muerte, legitimar el sufrimiento. Porque si un niño nace de un hombre y una mujer, por la vía sexual, puede ser un discapacitado y puede sufrir. Y de todos modos como nació de sus padres, está necesariamente frente a personas que son incompetentes. Porque ellos fueron padres sólo por el acto sexual y no porque hayan tenido un título de estudio de competencia pedagógica. Por tanto el sufrirá. Y sus padres sufrirán con él y más.

¿Cómo hacer legítimo a esto? Es una pregunta absolutamente nueva. Uno que busca legitimar la muerte, la vejez, el sufrimiento, aparece como cruel. Y como la Iglesia intenta legitimar todo esto aparece como el lugar de la crueldad y no más el de la compasión. La compasión parece estar del lado de la tecnología, porque la tecnología decidirá que el niño seleccionado por la vía tecnológica podrá adaptarse mejor en la sociedad. Se pretenderá abolir el sufrimiento y la muerte por la vía tecnológica. Por tanto los cristianos son en este momento los más crueles. Ustedes ya han hecho esta experiencia en su casa. Por ejemplo si son padres y no permiten a sus hijos tener una tablet, sus hijos estarán persuadidos de que ustedes son monstruos. El llorará y como ustedes creen estar del lado de la compasión, finalmente se la darán. Pero si son cristianos deberán quedarse del lado de la crueldad. Si ustedes tienen un niño, no digamos discapacitado, sino con defectos, les podrá reprochar por el hecho de que no lo hicieron nacer en una probeta. Porque podría haber sido un Superman, en cambio es un adolescente con padres incapaces. Y llorará. Y ustedes serán personas crueles. La tablet y la probeta son los dos dispositivos tecnológicos que destruyen la familia. La tablet destruye la mesa familiar. Cada uno está delante de su pantalla. No hay lugar donde se teje la vida familiar. No hay un lugar de convergencia para la familia. Si Uds. dicen que la mesa es mejor que la tablet, ustedes aparecen como reaccionarios y crueles. La contraconcepción, la procreación médicamente asistida, la fecundación in vitro para todos, proponen hacer hijos perfectamente adaptados y vuelven obsoletas la generación sexual. La contraconcepción que era la cuestión central de la Humanae vitae, era ya un dispositivo compasivo, tecnológico y compasivo. Compasión frente a la mujer, que no debía ser una mujer que tiene muchos hijos, que tiene necesidad de ser liberada para volverse una proletaria como cualquier hombre. Y luego falta de compasión con respecto al niño, porque no fue elegido, porque no fue concebido dentro de un proyecto de paternidad responsable. Por tanto se comienza comprender cuál es la cuestión nueva. Es la servidumbre de la naturaleza bajo el paradigma tecno-económico. Es este paradigma el que ha vuelto servil a toda la naturaleza, también la naturaleza humana, especialmente a la familia, como lugar natural de aparición de la naturaleza humana. Es por esto que el documento central del Sínodo nos ha sido dado antes del Sínodo: es la encíclica Laudato Sí. Esta encíclica efectúa una crítica radical a tal paradigma. Y explica que no estamos simplemente en un combate ideológico ni en una cuestión de moralismo individual, sino en un cambio de época en el que no podremos resistir sino cambiando el modo de vivir. Esta es la primera parte de mi discurso.
Segunda parte: ¿Cómo legitimar a la familia nacida de la sexualidad? La primera constatación a hacer, es que aquello que destruye la familia en su forma natural es la moral de los valores. Todos valorizan hoy a la familia. Los cristianos y los no cristianos, o aquellos que llamamos homosexuales. Voy a hacer una explicación. Porque la homosexualidad es un término reciente del s. XIX. Antes no era así. Para los antiguos griegos la pederastia era lo contrario de la sexualidad. Era un modo de usar la sexualidad que era vista como animal. En el s. XVIII Casanova utiliza el término anti-físico. Un término justo porque era un cierto modo de ir contra la naturaleza sexual. Sin hacer un juicio de valor. Es una descripción justa de describir la cosa. Cuando ustedes dicen el término homosexual inventan una segunda cosa que es peor, que es el heterosexual. Si me preguntan si yo soy homo (homosexual en francés), yo digo que soy ‘homo’. Ecce homo. Si me preguntan si son heterosexual, yo digo no. Soy sexual. Porque la heterosexualidad está enteramente dominada por el paradigma tecno-económico. Porque se piensa que lo esencial es ser con la mujer, si es un hombre. Pero no se piensa en el modo de estar con esta mujer. Puede ser un modo enteramente consumista. Soy heterosexual, consumo mujeres, y está bien. Este es el verdadero problema. Porque con este término, homosexual, se desgarra la esencia de la sexualidad, que está bajo el dominio consumista. Entonces, los valores son nihilistas. Porque el valor es una concepción del bien separado del ser. Se puede explicar el término valor de un modo justo, no nihilista. Lo digo porque en el Magisterio se utiliza frecuentemente esta palabra. Pero en el día de hoy casi siempre se utiliza este término en forma nihilista. Porque si ustedes valorizan la vida es que la vida en sí misma ya no tiene valores. Si valorizan la familia es que la familia en sí misma no tiene valor. Si dicen que la familia es el lugar del amor, de la educación y de la libertad, valorizan la familia a partir de estos valores que son externos a la familia. Y cuando la definen de este modo han definido un buen orfanato. Porque en un buen orfanato se quiere a los niños, probablemente se los educa mejor que los padres, ya que están todos los expertos posibles: psicólogos, pedagogos, profesor de educación física, y de informática, seguramente. Y si dicen que es el lugar de la libertad es evidente que en el orfanato hay mayor libertad porque allí todas las relaciones son contractuales. Por tanto vean que los mismos cristianos han valorizado la familia a partir de valores: el amor, la educación, la libertad. Han contribuído de este modo a disolver la familia. De un modo genérico porque nos hemos puesto a buscar el bien del niño y así es que hemos destruido la familia. Se ha buscado el bien del niño contra el ser del niño. El ser de un niño es nacer de un padre y una madre. Pero si el bien del niño se lo considera olvidando el ser del niño ustedes dirán que es mejor que no existan un padre y una madre. Es mejor para él ser fabricado en un laboratorio de expertos, sin defectos. Es mejor para ellos antes que un padre y una madre tengan un pedagogo y un psicólogo. Vean el nihilismo de los valores separados del ser. El nihilismo de la valorización de la familia. Es necesario pensar a la familia en su ser sin buscar soluciones. Es posible que alguno de ustedes haya venido para encontrar soluciones. Soluciones técnicas. Pero si buscan soluciones, una receta para la buena familia cristiana, están ya bajo el dominio de la técnica. No hay recetas para la familia. No hay solución. No hay soluciones para la vida porque la vida no es un problema. Si buscan esas soluciones para la vida es que la vida es en problema. Si buscan soluciones para la familia es que ella es un problema. En definitiva se rechaza a la familia como un lugar de vida. Que es siempre un lugar del drama. Porque es un lugar del don. Lo que nos es donado es aquello que no lo hemos contruído. Si no lo construimos es algo que huye de nuestros proyectos. Lo que huye de nuestros proyectos nos supera siempre y tiene siempre una dimensión dramática. La familia es el lugar del don que se nos escapa. La vida que es donada a través de nuestros padres, no es construída y se nos escapa. No la comprendemos nunca. Por eso es que somos unos torpes con los hijos. Es por esto que somos brutales con ellos. Somos así porque le hemos dado el don precioso de la vida.

Ahora miren bien como se juegan las cosas dentro de la familia, en la raíz de la generación. La primera cosa es que la madre acoge la vida según un proceso oscuro. Que hasta deforma su cuerpo. No es lo mismo que fabricar un producto. Cuando fabrican un producto lo hacen fuera de uno. No lo acogen dentro de sí. Lo fabrican según un plan, un proyecto transparente. Estamos en una lógica de control, para hacer un producto sin defectos. Pero una madre no está en la lógica del control. Está en la lógica de la confianza. Es una confianza sin control lo que está en el corazón de la maternidad. Una confianza así profunda acepta hasta la deformación del cuerpo. Fe sin control. Del lado del padre, él no tiene competencia. No es un pedagogo, no es un especialista de la educación. No obstante es el padre. Ser padre es la raíz de la autoridad. Autoridad que viene de augere que no quiere decir tan solo hacer crecer, sino estar en el origen generativo. El padre tiene la autoridad pero una autoridad sin competencias. La madre confianza sin control y el padre autoridad sin competencias. A partir de aquí no pueden salir otra cosa que errores, desastres, divisiones. Se podría decir ¿por qué? Por qué no racionalizar gracias a la técnica todas estas relaciones. Porque entonces lo que sería dado no sería la vida sino un programa de vida. Con su confianza sin control de la madre, y la autoridad sin competencia del padre, transmiten la vida. Pero no transmiten su comprensión de la vida. Transmiten una vida más grande que su comprensión. Es por esto que su hijo no es un objeto o un producto que ellos dominan; es verdaderamente un otro, que está enfrente. Y la división y el drama que necesariamente existirá en la familia, sin soluciones, es esto lo que hace de la familia el lugar de la misericordia. Hace falta que exista la miseria para que exista la misericordia. En el último discurso del Sínodo el Papa habla de la relación de la familia y la misericordia. Si soy padre soy una autoridad sin competencia. Por tanto me equivocaré. Es decir le gritaré a mi hijo que no grite. Lo sacudiré para que termine de ser violento. Le diré que no juegue con los videos juegos cuando yo mismo usaré mi celular. Siempre se está en este tipo de contradicciones porque no hay recetas para la vida, no hay soluciones, porque la vida no es un problema. Es un drama y un misterio. Entonces qué puede hacer un padre que el experto pedagogo no puede hacer. Que puede hacer el padre que uno que tiene el control no lo puede hacer. Puede pedir perdón. Porque la tarea del padre no es el de ser el principio absoluto, un padre perfecto. Porque no existe el padre perfecto. El padre perfecto es el Padre del cual toda autoridad proviene. A través de sus errores, de su autoridad sin competencia, el padre puede hacerlo volver a su hijo, con él, hacia el Padre eterno. Es así que no sofoca al hijo, que no lo entrampa en sus proyectos y valorizaciones. Es así como da verdaderamente la vida. Una vida que lo atraviesa. Que lo supera. Que es más que él y que su hijo. Es así que con su hijo puede establecer una relación viva y profunda.

He aquí las cosas sobre las que debemos reflexionar hoy, ya que la técnica nos empuja a plantear preguntas nuevas. Y es por esto que la nuestra es una época maravillosa para el pensamiento. Porque hasta aquí todos hemos tendido a buscar soluciones. Porque la mentalidad técnica y desencarnada nos contaminó a todos. Porque también la filosofía está completamente ausente de ello. También la teología. La filosofía siempre habló del hombre olvidando que había varones y mujeres. De sujeto autónomo y consciente de sí mismo olvidando que este sujeto es ante todo un hijo. No se hablaba de la filiación ni en Descartes ni en Kant. Y para la teología ha sido necesario esperar largo tiempo para reconocer que la familia es el lugar de la manifestación de la imagen de Dios. Sin embargo está escrito en los primeros versículos del Génesis y que los Padres de la Iglesia raramente afirmaron. Ha sido necesario esperar hasta el San Juan Pablo II para que esto se afirmase con fuerza. Estas nuevas cuestiones nos llaman a una renovación del pensamiento. Y es por esto que el Misterio de la Encarnación, el Misterio de la Trinidad, el misterio de la Santa Familia, no han sido tan actuales como hoy. Gracias.


Resumo lo que entendí:

El intento de legitimar la muerte y los conceptos básicos de la vida (ni siquiera los teológicos, solo cosas como la vida misma, la familia o el cuerpo humano) te hace cruel. La Iglesia, en contacto con la Verdad, es cruel al mostrarla al mundo. Por eso el mundo la odia ¿No?

El autor no se plantea si esa crueldad es a-misericordiosa, en todo caso hay que definirla como parte de la misericordia cristiana (tan especial ella).

Hoy lo importante es que las cosas se definen por su técnica y por su valor, más allá de la pasión de la filosofía por el ser (ya ni siquiera eso persigue la filosofía)

La Verdad como la trae los evangelios y la catequesis de 2000 años se hace más difícil de comunicar a mentes que solo entienden la técnica.

Igual – comentario mío – la Providencia encuentra medios y dejó justamente en esos 200 años la semilla para comunicar y convertir corazones.

Lo que no profundiza el autor es el cierre (¡Se lava las manos!, es bien franchute, mucho intelecto y poca práctica J ) es el tema del Don del cual hablaba Benedicto XVI.

El Don es una categoría del ser donde la técnica pierde su tiranía, no hay manera de responder al don sin involucrarse y el autor deja el ejemplo de la familia. Pero podemos ampliarlo a todos los dones de Dios al hombre, la naturaleza, la Fe, el mismo cuerpo y la vida, la misericordia y la justicia, la amistad, etc…

Creo que entendiendo esto es posible armar las preguntas que interpelan al mundo ahogado en su técnica. Para el compañero de trabajo que sostiene el aborto las preguntas son del tipo ¿Pero que es el don de la vida para vos? ¿Realmente te sentís en condiciones de dictaminar algo práctico sobre una realidad que te supera?.

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