23 de mayo de 2016

Los cielos de otoño en Sunchales

Leía con interés Pájaros y flores de cuneta , una vieja nota de ARP surgida de la lectura de Sol de noviembre (2005) de Miguel D’Ors. Me detuve especialmente en aquella parte de:

Después de un mes de cielo enmorriñado
por una lluvia parda y sorda y lenta,
vuelve la luz como resucitada.

Lo hice por el recuerdo de esos días y porque nuestro mes de Abril en Sunchales fue compostelano en ese sentido, con apenas unas porciones de sol en medio de semanas de cataclismo y lluvias pardas interminables. Totalmente enmorriñador. La morriña en Galicia es el componente taciturno esencial del gallego, la lluvia es la sal de la morriña.

A cuenta de esos cielos de plomo y agua, fue que me encontré con los cielos de Sunchales en otoño. Los veo estos días al salir a correr por los caminos rurales, toda vez que salgo a intentar superar los 10 km que son mi barrera mental/física actual. Los cielos en Sunchales son distintos.

Difícil el cielo de otoño de Sunchales
Seco y plagado de tierras en suspenso
Como es suspenso todo el frío que no llega
Porque no llega…

El frío en pampa gringa no nos hiere,
y este cielo tibio y maloliente,
mezcla de tierra desalmada y silo en tambo,
fermento, bosta y nubes zafias,
es nada, es triste y es sin hojas.

El esfuerzo es doble y pide ayuda,
llenar el corazón con alegría
a pesar del frío ceniciento,
y el gris de este cielo tan difícil.

Lo hace distinto Febo en sus salidas,
llenando el ar de rojos y amarillos,
pintando en sangre y esperanza.

La esperanza del cielo en primavera y en Sunchales.


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