27 de junio de 2016

Volviendo sobre Ratisbona

Volando muy por arriba de las noticias de la matanza de Orlando, miraba la polémica en torno a Trump y sus observaciones acerca de “Radical Islam”. Siempre tratando de entender si el Islam es responsable per-se, de la violencia y del surgimiento de ISIS.

Por instinto me dirigí de nuevo al discurso de Ratisbona y volví a leer. 
¡Qué bueno que está el discurso!. Es la clave para entender el camino que tiene que seguir el diálogo con el Islam.

Esos pasos perdidos también me llevaron al post original de este blog en aquellos días, donde charlábamos con Rome y me pareció que tanto sus respuestas como las mías, habían sido particularmente pobres. Creo que en ese momento –como todo el mundo- vimos pasar frente a nosotros un tren y no lo reconocimos.

El discurso de Ratisbona es corto y súper interesante, y tiene algo que para todos debería ser fundamental para entender todo este embrollo:

Más allá de ésta existiría la libertad de Dios, en virtud de la cual Él habría podido crear y hacer también lo contrario de todo lo que efectivamente ha hecho. Aquí se perfilan posiciones que, sin lugar a dudas, pueden acercarse a aquellas de Ibn Hazn y podrían llevar hasta la imagen de un Dios-Árbitro, que no está ligado ni siquiera a la verdad y al bien. La trascendencia y la diversidad de Dios se acentúan de una manera tan exagerada, que incluso nuestra razón, nuestro sentido de la verdad y del bien dejan de ser un espejo de Dios, cuyas posibilidades abismales permanecen para nosotros eternamente inalcanzables y escondidas tras sus decisiones efectivas. En contraposición, la fe de la Iglesia se ha atenido siempre a la convicción de que entre Dios y nosotros, entre su eterno Espíritu creador y nuestra razón creada, existe una verdadera analogía, en la que ciertamente las desemejanzas son infinitamente más grandes que las semejanzas --como dice el Concilio Lateranense IV en 1215--, pero que no por ello se llegan a abolir la analogía y su lenguaje. Dios no se hace más divino por el hecho que lo alejemos en un voluntarismo puro e impenetrable, sino que el Dios verdaderamente divino es ese Dios que se ha mostrado como el logos» y como «logos» ha actuado y actúa lleno de amor por nosotros. Ciertamente el amor «sobre pasa» el conocimiento y es por esto capaz de percibir más que el simple pensamiento (Cf. Efesios 3,19); sin embargo, el amor del Dios-Logos concuerda con el Verbo eterno y con nuestra razón, como añade san Pablo es «lógico» (Cf. Romanos 12, 1)

Si esto es así, si el Islam tiene en su interior un Dios que está fuera de la relación con el logos, entonces el camino se hace más difícil todavía. Más aun sabiendo que el diálogo teológico interno del Islam no tiene una entidad propia.

¡Conocemos tan poco de esto…!

¿Sabrán todo esto los responsables de dialogar? ¿Tiene sentido invitar a un Iman al vaticano para plantar un olivo? ¿Cuál es la idea de paz y conversión que tienen los musulmanes?.

PS: Buena foto encontrada este lugar

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