23 de agosto de 2016

Contra los árboles de Sunchales

Leía Nacimiento del aire con una nostalgia muy especial, por ser hoy Sunchales parte del último verso:

Mientras somos aquí,
el aire nace.

Y somos.


Lejos de aquí, ya no seremos

¿Por qué? Porque en Sunchales el aire de agosto no tiene aromos, ni pinos, ni álamos, menos lagunas con sus sauces; ni tan siquiera paja vizcachera donde refugiarse y oír. Lamentablemente Sunchales es tierra de tambos, de trabajo, de gringos que quieren cemento en todos lados. Pueblo que pasa mal el otoño debido a que las hojas de los pocos y fétidos fresnos que hay en la ciudad, intentan dejar sus marcas y hay que barrerlas.

En fin, que le vale poesía para esta nostalgia del árbol.

Hay un camino bien corto y la rutina
va de casa, con su siempre verde
y en quince minutos proto urbanos
llega a casuarinas incipientes.

En el camino casas bajas, cemento
restos de eucaliptos castigados
y a la vera del campo santo,
también algunos fresnos tristes y pelados.

Sunchales y sus árboles dan pena
pena del recuerdo de ese viento
viento del sur en los aromos
viento del sur, de Pillahuinco.

Lo que pudiera dar en este mundo
por caminar más una vez, joven
el bosque de álamos blancos de allá abajo
los ciruelos y los crata de caballos.

Eternos pinos, robles flacos
sauces, guindos y cerezos
cada uno con su viento y su reclamo
cada uno con su silbo y su reclamo.

El consuelo lo trae el club de rugby
con sus veinte pinos disruptivos
meten bulla en la cruel monotonía
de los árboles minables de Sunchales

1 comentario:

  1. Tendrán sus defectos, pero las coníferas son los árboles que mejor suenan con el viento.

    Y ni hablar del viento serrano de la Ventania!

    CP

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