18 de agosto de 2016

Estoy leyendo Sainte Thérese de Lisieux


Estoy leyendo este libro rescatado de la biblioteca del abuelo de B. Esta es mi cruzada personal por leer esos libros que estaban listos para ser pasto del fuego y ahora me esperan ansiosos en la biblioteca de vidrio de casa.



En este caso especial empiezo la lectura de una biografía de Santa Teresa en el año de canonización de sus padres y en un libro de pobre edición que nunca antes había sido leído. Tiene las páginas mal cortadas y todavía juntas al estilo de las impresiones baratas de postguerra, en cierto sentido pienso que este libro me estuvo esperando desde 1946 cuando fue impreso. En la foto estoy con el cuchillo de la cocina separando algunas páginas añosas para leer en el viaje al trabajo.




La lectura es como la de todos los libros de Santos, a mí me gustan mucho. Y porque me gusta, lo voy a leer pausadamente para dejarles luego las cosas que me llaman la atención.


Por ejemplo eso de que a Santa Teresa el martirio le parecía una tentación que tenía que evitar, no quería la muerte fácil con la recompensa rápida, consideraba que buscar esa solución fácil no era justo para ella. Me impresionó, porque yo ni siquiera estoy cerca de pedir el martirio.


Luego habla de la humildad, como antecesora de todas las virtudes. Algo que me viene bien a mí y a muchas frases de Facebook con atardecer en el fondo.




Llama la atención como Santa Teresa de Lisieux parece estar en una transición de época, donde la humildad se encuentra con la aceptación de las propias faltas como parte del plan de Dios para la salvación del alma. Hace limpieza del estereotipo de santo adusto que lucha contra la mínima falta y despliega batallas espirituales dignas de epopeya.


Ojo, no aplicar esto último a los pecados graves…ya les contaré más.

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