13 de septiembre de 2016

Pour en finir avec #AmorisLaetitia

Últimas lecturas...


No es una lectura propiamente dicha, pero escuché a mi tío Pedro en la radio, vayan a http://radiomaria.org.ar/programacion/programas/la-alegria-vivir-familia/ y buscan el audio del 3 de Agosto a las 21:00 en el archivo. Sirve como convocatoria. En particular en el momento en el cual el conductor le pregunta a Monseñor Laxague, que les diría a aquellos que están alejados de la Iglesia por todos estos temas que toca Amoris Laetitia.


Después seguimos con “Amoris Lætitia” : Evangelio apócrifo bergogliano para el hombre del siglo XXI, nada nuevo. No lo lean.


Luego me dediqué a "Amoris laetitia". Consejos mínimos para no extraviar el camino, mi última lectura (salvo que ustedes hagan alguna recomendación). Arranca con el gran miedo que tienen los exegetas conservadores acerca de Amoris Laetitia:
Hace un año, el temor del cardenal era que "la comunión eucarística de los divorciados que se han vuelto a casar y de los convivientes se convierta rápidamente en un hecho generalizado", con la consecuencia que "ya no tendrá mucho sentido hablar de indisolubilidad del matrimonio y perderá relevancia práctica la celebración misma del sacramento del matrimonio".

Yo participo de esa idea no por el lado del miedo o el temor, sino por la curiosidad de reconocer lo que va a ocurrir realmente en la práctica. En especial ante la evidencia actual de sacerdotes que en su ministerio son mucho más laxos que la propia Amoris Laetita. La preocupación de minar los sacramentos en el camino.


¿Debería ocuparnos eso a nosotros, laicos de a pie? ¿Puede la Iglesia minar los sacramentos y hacerlos vacíos? ¿Minar?


Bueno, la nota de marras lo resuelve con una hipótesis práctica, una guía para confesores que me parece que va a aplicarse como regla.

El sacerdote confesor puede encontrar un divorciado que se ha vuelto a casar que cree sincera e intensamente en Jesucristo, lleva un estilo de vida comprometido, generoso, capaz de sacrificio, que reconoce que su vida de pareja no se corresponde con la norma evangélica, pero considera que no comete pecado a causa de las dificultades que le impiden observar la continencia sexual. Por su parte, el confesor lo acoge con cordialidad y respeto; lo escucha con benévola atención, buscando considerar los múltiples aspectos de su personalidad. Además, lo ayuda a hacer mejores sus disposiciones, de tal modo que pueda recibir el perdón: respeta su conciencia, pero le recuerda su responsabilidad frente a Dios, el único que ve el corazón de las personas; le advierte que su relación sexual está en contradicción con el Evangelio y la doctrina de la Iglesia; lo exhorta a rezar y a comprometerse para arribar gradualmente a la continencia sexual, con la gracia del Espíritu Santo. Por último, si el penitente, aunque prevea nuevas caídas, muestra una cierta disponibilidad a dar pasos en la justa dirección, le da la absolución y lo autoriza a acceder a la comunión eucarística pero sin provocar escándalo (comúnmente en un lugar donde no es conocido, como ya hacen los divorciados que se han vuelto a casar y que se comprometen a practicar la continencia). En todo caso el sacerdote debe atenerse a las indicaciones dadas por su obispo.

Regla práctica que quisieron aplicar los obispos argentinos en una ida y vuelta de notas aclaratorias avaladas o no avalados. Dios sabe mejor.

Y con esto cierro mis lecturas de Amoris Laetitia, salvo que ustedes tengan un as bajo la manga. Me vuelvo a ITIL y a Sainte Thérese.

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