Trump es un empedernido racista

A mi me encanta Trump, no por la esperanza o la revancha, o por afinidades políticas; no, me encanta porque -como Macri en Argentina con el kernerismo- Trump es un catalizador; un componente químico que nos permite ver y palpar donde le aprieta el zapato al pensamiento único.

Y no estoy seguro de que él mismo sea consciente, pero no importa, nos queda el dulce sabor de pontificar cómodamente desde nuestro sillón.

Recorriendo distintos autores y polemistas, una lluvia de comentarios me hizo caer sobre la nota Trump's Long History of Racism - Rolling Stone, la leo con el verdadero afan de descubrir cual es la raíz profunda del racismo de Trump.

http://archives.bluenationreview.com/video-turns-out-theyre-all-crazy/

Creo que solo yo me meto en estos bretes, esta es toda una discusión donde lo que menos hay son argumentos. Me vuelco al análisis de la nota escrita por Jesse Berney http://www.jesseberney.com/ en la que intenta brevemente fundamentar la falla de inicio de Trump, lo que el llama el racismo sistémico (SIC “Systemic Racism”).

La primer observación que podemos hacer es disculparnos. Nos disculpamos por la falta de conocimiento y por el total desinterés por saber si Trump es racista o no; es probable que lo sea, pero la sociedad actual y su ejercicio de gobierno no van a ser lo racistas que –paradójicamente- les gustaría ver a autores como Jesse y otros.

Que Trump sea o no racista es un tema importante para los EEUU y lo es un poco menos para la humanidad, donde hay ejemplos de racismo mucho peores que el de Domald. Eso si, es fundamental para sus detractores que trabajan mucho el miedo y la amenaza; lo hacen con el racismo, con el machismo y con la debilidad mental volcada a la guerra mundial que le atribuyen al personaje.

Y la nota de Jesse pretende sumarse a ese unánime concierto. Lo hace con un arranque donde plantea la hipótesis de que no alcanza con decir que el racismo es malo, sino que debería limpiar su historia (volviendo al pasado) y revisar decisiones de designaciones de personas que posiblemente podrían llegar a empatizar con el supremacismo blanco (esta parábola de “podrían llegar a empatizar” nos es una artimaña retórica).

Luego Jesse comete un pequeño error, relaciona el racismo de Trump con su lucha contra los inmigrantes ilegales mejicanos, esa idea tiene poco vuelo y no hace honor al artículo, que agota sus primeros párrafos en darle marco a la idea y solo avanza a los ejemplos y pruebas sobre el final.

La primer conclusión que saco de esta lectura es que Trump podría cambiarse el color de la piel, adoptar 3 niños de tres colores diferentes, asociarse a Black Lives Matter y hacer una ley para que los negros tengan prioridad de paso en las filas de los bancos, que igual Jesse lo tacharía de racista. Nuestro autor no tiene ninguna intención de escarbar en la verdad del personaje y lo que busca es refugiarse en el tibio calor del consentimiento.

La segunda conclusión es que haciendo esto pierde la oportunidad de cambiar mi opinión acerca de Trump y el racismo, y acá es donde me doy cuenta de que es en vano, que no hay que intentarlo y que Jesse no va a ser de mis lecturas en el futuro. Y a un tono más general, esta nota me confirma en la certeza de que a nadie le interesa el racismo.


Sigo buscando.






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