B creciendo en santidad

Sé que esto no le va a gustar nada; pero por otro lado no es lectora del blog, visto lo cual me reservo el coraje de publicar casi a sus espaldas y sufrir las consecuencias si ese fuera el caso.

Mi Dulcinea, mi Beatrice, ma Blonde está madurando al lado mío y creciendo en santidad. Sin darse cuenta forja las promesas que alumbraron sus años mozos cuando éramos jóvenes, novios y noveles padres; y donde quienes la conocíamos ya veíamos su fuerza, su delicadeza, su corazón espiritual y piadoso, su voz, su firmeza.

De esa forja de los años está surgiendo un damasquinado exquisito, mezcla de la bonhomía de su padre y de un fuerte condimento de mi suegra, en la cual se está transformando casi sin saberlo, para alegría de todos. Yo se que todos los varones –sin saberlo- nos casamos con nuestra madre o nuestra suegra; no hay nada malo en ello; lo desafiante es reconocerlo y llevarlo a la oración.

Bendita sea.


Los ilustro con la última foto oficial, de este verano en Mar Azul.

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