P. José María Pincemin

El Padre José María Pincemin es mi tío y padrino, vive en Paraná y cada tanto me manda algún sermón u homilía. Es bueno que las vaya compilando en al algún lado.



15/08/2013 En el día de la Asunción de la Virgen.
Queridos amigos en Cristo Rey y María Reina,

Ante todo, feliz día de la glorificación de Nuestra Madre del Cielo en su Asunción. Ella es nuestro consuelo. En la Liturgia de las Horas y en la Santa Misa, oración oficial de la Santa Iglesia en todo el mundo, basta leer las antífonas propuestas para comprender el consuelo que representa para nosotros, hijos de Dios en la gracia de Jesucristo, esta victoria de Nuestra Madre. Aquí algunas de ellas: "Subió Cristo al cielo y preparó una mansión de inmortalidad a su Madre purísima". Aleluya, "Por Eva se cerraron a los hombres las puertas del paraíso, y por María Virgen han sido abiertas de nuevo. Aleluya", "La Virgen María ha sido glorificada por encima de todos los ángeles y santos; venid, pues, y alabemos a Cristo, el Rey cuyo reino no tendrá fin".

Además quería hacerles un comentario sobre los santos que la Santa Iglesia ha celebrado antes de ayer: San Ponciano Papa y San Hipólito, mártires. Me parece que sus vidas son un ejemplo para nosotros hoy. En efecto, la vida de estos dos santos es verdaderamente sorpresiva. Estos santos viven en tiempos de terribles persecuciones para la Iglesia, las persecuciones de los primeros siglos en el contexto del Imperio Romano. Ponciano es Papa, y como casi todos los Papas de los tres primeros siglos sellarán su fidelidad de buen pastor con el martirio. Hipólito es presbítero de la Iglesia de Roma, escritor eclesiástico de primera categoría y uno de los hombres más ilustres de su tiempo. Fue un escritor fecundo y brillante de la literatura cristiana de occidente y autor de muchas obras, las cuales las más importantes son: Refutación de todas las herejías, contra las sectas gnósticas, y la Tradición apostólica, fuente preciosa de noticias sobre el culto cristiano de los primeros tiempos. Es el ceremonial más antiguo que se conserva en la Iglesia, escrito hacia el año 225, y que tuvo una gran influencia en otros rituales. Las ceremonias fundamentales que se describen teológicamente allí son la administración del Bautismo, la ordenación de los obispos y presbíteros, y las normas para los tiempos de oración. Inculca especialmente el uso de la señal de la Cruz contra las tentaciones del demonio. Además allí se conserva la descripción de la celebración de la Santa Misa; de hecho la plegaría eucarística segunda, que hoy los sacerdotes utilizan en la Santa Misa es la que transmite San Hipólito en esta obra.
Pero además, escribió una obra Sobre el anticristo, compuesta hacia el año 200, en la que trata de todas las circunstancias que han de rodear su venida y del milenarismo, siendo este tratado la disertación de mayor envergadura en la literatura patrística sobre el anticristo. También escribió una Crónica de la historia del mundo, que comienza con la creación del mundo y termina en el año 234. Es discípulo de San Ireneo. Escribió también un Comentario a Daniel.

Pero lo más sorprendente de San Hipólito es que ¡es el primer antipapa de la historia de la Iglesia! Hipólito era rigorista en materia moral y luchador incansable contra una peligrosa herejía de su tiempo, el llamado modalismo o sabelianismo. Esta herejía negaba ni más ni menos el dogma de la Santísima Trinidad, afirmando que las denominaciones "Padre" e "Hijo", no representaban la denominación de Personas Divinas realmente distintas, sino sólo maneras de nombrar a una misma divinidad. Se llama a esta herejía "sabelianismo", porque un presbítero llamado Sabelio fue el predicó esta doctrina con gran fuerza en la iglesia de Roma entre los años 199 y 237. Diversos presbíteros de la iglesia de Roma lo siguieron en su doctrina, haciendo que la herejía se fuera propagando entre el pueblo. Los obispos de Roma y San Hipólito lucharon con gran valentía contra este error. Pero en el año 222 el Papa San Calixto I, que morirá mártir, decide que pasado el tiempo peor de la herejía era necesario ofrecer el perdón y la posibilidad de retornar al ministerio sacerdotal a aquellos presbíteros que habían propagado la herejía sabeliana, haciendo sufrir tanto a la Iglesia y persiguiendo a los fieles a la ortodoxia católica. Suavizó la disciplina penitencial con los pecadores admitidos a la reconciliación, se mostró tolerante con los clérigos prevaricadores y no condenó hasta el final dicha herejía. Esta decisión no fue del agrado de San Hipólito, y no reconoció a Calixto como Papa, y él mismo se constituyó en antipapa, al frente de un pequeño grupo de presbíteros y fieles disidentes, que mantuvieron su postura durante los pontificados de San Urbano I (223-230) y de San Ponciano (230-235). Todos estos Papas canonizados.

La situación era en verdad terrible para la Iglesia de Roma, ya que Hipólito era el presbítero con mayor prestigio de la iglesia de Roma y el teólogo más conocido. Pero en el año 235 sube al poder imperial un emperador brutal y cruel, Maximino el Tracio, que inicia una terrible persecución contra la Iglesia. El Papa Ponciano y el antipapa Hipólito fueron detenidos y condenados a trabajos forzados en las minas de la isla de Cerdeña. Allí, Hipólito pudo experimentar en este difícil contexto, la bondad del corazón de Ponciano y su firmeza en la Fe. Es decir que pudo experimentar como el perdón e indulgencia de los Papas hacia los que habían sido cómplices en la propagación de la herejía no provenía de una culpable debilidad ante el mal, sino de la aplicación de aquella misericordia que Jesucristo nos enseño. De hecho, la Providencia ha querido que en la Misa de este día se lea el evangelio de San Mateo 18, 1-5. 10. 12-14, en el cual se leen estas palabras de Nuestro Señor Jesucristo: "De la misma manera, el Padre de ustedes que está en el cielo no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños". ¡Providencial y hermosa coincidencia! Allí, entonces, se reconciliaron ambos, ambos hicieron las paces; Hipólito pidió perdón y se reconcilió con la Iglesia y pidió a sus seguidores que hicieran lo mismo; Ponciano, por su parte, al ver que ya no podría ejercer su misión cuidando personalmente de las ovejas que El Señor le había encomendado, renunció al pontificado el 28 de septiembre del año 235. Al poco tiempo, ambos murieron casi al mismo tiempo; según la tradición católica, se los maltrató y azotó cruelmente con fustas hasta desangrarse y expirar. Los dos son venerados como mártires. Más tarde, el Papa San Fabián I (236-250), hizo trasladar en secreto los restos mortales de los dos mártires a Roma.

El día 13 agosto, la Santa Iglesia asimismo recuerda a un gran Padre de la Iglesia: San Máximo el Confesor. Nació en Constantinopla en el año 580, es un gran Padre de la Iglesia, que se destacó por defender valientemente el dogma del Verbo Encarnado, contra la herejía de los llamados "monofisitas". Estos no habían aceptado la definición del Concilio de Calcedonia, sobre las dos naturalezas de Cristo, y eran especialmente numerosos en Armenia, Siria y Egipto. San Máximo defendió la Fe ortodoxa que afirmaba que en el Verbo Encarnado existe una única Hipóstasis o Persona, y coexisten, sin confusión ni alteración, dos naturalezas: la divina y la humana; los monofisistas, en cambio, afirmaban que en Cristo subsiste una sola naturaleza, la divina, en la que ha quedado absorbida  o con la que se ha fundido la naturaleza humana. San Máximo defendió con gran valentía la ortodoxia contra el monofisismo, por lo cual fue muy perseguido y tuvo que vivir errantemente por diversos lugares. En el año 648 muere el Papa Teodoro I y lo sucede el diácono Martín, que no perdió un ápice de tiempo en la lucha contra el monofisismo y monotelismo. Y para ello se apoyó en el gran campeón de la Fe ortodoxa, San Máximo. El emperador de oriente, Constante, que apoyaba a la herejía, los persiguió con crueldad. Acusó al Papa Martín de perturbar la paz del imperio con su "intransigencia en la doctrina", mandándole que cediera algo en su postura, para lograr la "paz política y religiosa". A lo cual se negó en Papa, por lo cual apresado en junio del año 653, a pesar de estar muy enfermo, lo condujeron, en un largo y penoso periplo, a Constantinopla, adonde no llegó hasta septiembre, más muerto que vivo, por el viaje, los vejámenes y las torturas de los esbirros, pero con un espíritu tan entero y firme como el de San Ignacio de Antioquía en su camino hacia el martirio. Por lo demás, ni el proceso que se le siguió ni las torturas ni la condena tenían nada que envidiar a los más refinados paralelos con las antiguas persecuciones de los paganos contra los primeros cristianos. Tan terribles e inauditos fueron los tormentos a que sometieron al Papa Martín, que incluso asustaron y conmovieron a los dos patriarcas del momento. La paciencia de Martín, sin embargo, fue inagotable. Cuando no pudo más, tras haberse negado inflexiblemente a toda exigencia o ruego de renuncia o abdicación de sus deberes de obispo de Roma, se limitó a decir a sus verdugos: "¿Para qué prolongar este interrogatorio indefinidamente? Me tenéis enteramente en vuestras manos. Sean cuales fueran vuestras intenciones, acabad conmigo de una vez. Está en vuestro poder, con el permiso de Dios". Y en camino ya a su destierra en el Quersoneso, al que se le condenó el 16  de marzo de 654, exclama: "Bien está lo que me ocurre, y me llega en el momento justo. ¡Alegraos de mi muerte!". Las torturas y las fatigas del viaje hicieron su labor, y Martín moría en septiembre de 655: último Papa mártir de la Santa Iglesia hasta la fecha.

Por su parte, San Máximo seguía con la misma lucha que el Papa San Martín. Si no en el mismo día, sí en el mismo mes del mismo año que Martín, Máximo fue arrestado y conducido directa y rápidamente a Constantinopla, donde ya se hallaba cuando llegó el Papa. Acompañaban a Máximo sus dos más fieles discípulos y amigos: el monje Anastasio, y el otro Anastasio, de sobrenombre "el Embajador". Retenido en reserva, mientras se ventilaba el proceso del Papa con la esperanza de doblegarlo, Máximo no vio abrirse su proceso hasta el año 654, cuando ya el emperador y sus jueces daban por enteramente fracasados todos sus intentos de reducir a Martín. Le tendieron todo tipo de trampas para hacerlo cambiar de parecer. También lo atacaron por sus largas y firmes relaciones de amistad con Roma, rival de la sede de Constantinopla. Leemos en las Actas del proceso que le dicen: "¿Por qué amas a los romanos y odias a los griegos?". Él responde: "Amo a los romanos, porque su Fe es la mía; y amo a los griegos, porque su lengua es la mía". Pero aún es mucho más tajante y claro, a la vez que comprometido, cuando le insinúan que Roma se ha entendido con Bizancio y que él se va a quedar fuera de la unión por su testarudez y falta de espíritu más tolerante y abierto: "De ninguna manera puedo persuadirme de que los romanos quieran unirse a los bizantinos, a no ser que éstos reconozcan que nuestro Dios y Señor tiene por naturaleza la voluntad y la energía necesarias para nuestra salvación, según cada una de las dos naturalezas de que consta y en las que existe y es lo que es". Pero sus jueces y verdugos le replican: "Y si los romanos se ponen de parte de los bizantinos, tú ¿qué harías?". Y él les respondió: "'¡El Espíritu Santo, por boca del apóstol San Pablo, pronuncia el anatema incluso contra los ángeles, si éstos prescribieren algo contrario a la predicación de los Apóstoles!". Ante la irreductible firmeza y convicción de Máximo, uno de los jueces, el patricio Troilo, para hacerle ver la inutilidad de su actitud, ante los hechos consumados, le dijo: "¡No sabes lo que dices padre abad. Lo hecho está hecho!". En vista del fracaso, el patriarca reunió el "Sínodo permanente", que aconsejó al emperador desterrar a Máximo y sus dos compañeros. Allí comenzaron las peores penurias y torturas. El emperador y los jueces pensaban doblegar así a Máximo pero no lograron más que convertirlo a los ojos de todos en el auténtico "Confesor de la Fe"  y muerto el Papa Martín, en el verdadero jefe de los griegos ortodoxos. Por eso, cambiando de táctica, comienzan a ofrecer ciertos favores a Máximo: en el verano del año 656, se le ofrece el perdón del emperador, el traslado al monasterio de San Teodoro, donde podrá vivir tranquilo el resto de su vida, y que incluso podría enviar un mensaje a Roma. Le prometen también la más cálida y triunfante acogida en Constantinopla, "con sólo que se decida a entrar en comunión con el emperador". Como era de esperar, Máximo vio la trampa y una vez más se negó rotundamente. Y una vez más los halagos se convirtieron en vejámenes y vilipendio: el propio emisario del emperador lo maltrató tan cruelmente, que tuvo que intervenir el obispo, para protegerlo. Y el 14 de septiembre lo deportaron a Selimbria, y de allí lo trasladaron al fuerte de Pérbera, donde se encontraba su amigo el monje Anastasio.

En junio del siguiente año 657, moría el Papa San Eugenio I, y el sucesor San Vitaliano, daba un nuevo sesgo a las relaciones entre Roma y Bizancio, tratando de superar las tensiones existentes. En un curioso "juego diplomático" de mutuas ocultaciones de las diferencias, el Papa y el Patriarca logran una "diplomática" reconciliación entre las dos sedes: Vitaliano cree que Pedro acepta la ortodoxia y Pedro cree que Vitaliano acepta el monofisismo. Consciente, pues, de la victoria de su diplomacia, el patriarca Pedro manda que Máximo y sus dos discípulos sean conducidos de nuevo a Constantinopla. En abril de 658, tiene una entrevista con Máximo, que da cuenta de ella en una carta que conocemos. Exasperado por la firmeza de la actitud de Máximo, el patriarca le pregunta: “¿Pero a qué Iglesia perteneces tú: Constantinopla, Roma, Antioquia, Alejandría o Jerusalén? Porque, mira que todas ellas, con sus diócesis, están unidas. Por tanto, si tú eres de la Iglesia Católica, únete también, ¡no sea que, si introduces alguna innovación ajena a la vida, tengas que padecer lo que has previsto!” La respuesta de Máximo fue tajante: “El Dios del universo, cuando proclamó dichoso a Pedro por haberlo confesado según convenía [San Mateo 16, 18], mostró claramente que la Iglesia Católica es la que lo confiesa recta y saludablemente.” Y cuando el patriarca lo amenazó con que, si no obedecía, el mismo Papa mandaría anatematizarlo, le dio esta respuesta definitiva: “¡Lo que Dios determinó antes de todos los siglos, tenga en mí cabal cumplimiento y le rinda la gloria que Él conoce desde antes de todos los siglos!”. ¡Nada podía definir mejor a este gran santo y testigo de la verdadera Fe!

Con semejante fracaso, el patriarca condena al destierro definitivo a Máximo y a sus dos discípulos y amigos. Después de ser entregados como criminales a merced del prefecto de la ciudad, el cual, después de someterlos al suplicio infamante de los azotes y a los más crueles tormentos, aun se superó a sí mismo: hizo que a los tres les arrancaran la lengua y les cortaran el brazo derecho. Y en estas condiciones emprendieron el camino del destierro, siempre a pie. Esta vez los enviaron bien lejos. Allí llegaron el 8 de junio de 662, agotados por las penalidades del largo viaje. El 24 de julio, moría el monje Anastasio; y a las pocas semanas, el 13 de agosto, moría también Máximo. El otro Anastasio les sobrevivirá unos cuatro años en cautiverio.

Así terminó el largo peregrinaje de Máximo. La posteridad le dio el sobrenombre de “El Confesor”, porque había puesto su doctrina y había sacrificado su vida, hasta el martirio, al servicio y en defensa de la verdadera Fe cristológica. La omnipotencia del emperador acabó con su vida terrena, pero la Fe de Máximo, sus ideas y sus ideales han revivido constantemente en las luchas por la verdadera Fe a lo largo de los siglos siguientes, y han prevalecido, desde el testimonio, sobre el error.

  
Me parece que hay tantas enseñanzas para nosotros, para nuestra vida cristiana, en la historia de la Iglesia. Espero no haberlos cansado con el relato, pero me parecía interesante como meditación para nuestra vida de hijos de la Iglesia de nuestro tiempo, para que El Señor nos de el discernimiento y la sabiduría para ser buenos hijos de la Iglesia.

Padre José María


03/08/2016
Aquí envío este texto muy interesante sobre la presencia de la Santísima Virgen en el mundo musulmán. Por ella, muy probablemente, llegará la conversión a la Santa Fe.

Padre José María

MARÍA Y LOS MUSULMANES

¿Por qué la Virgen María es tan venerada por los musulmanes? Especialmente bajo la advocación de Fátima, el Islam siente un gran amor por la Virgen María, a quien llaman Nuestra Señora (Sayyida).

Nos explica el experto Francesc-Xavier Marín, doctor en Filosofía y experto profesional en cultura, civilización y religión islámicas, profesor de la Universidad Ramon Llull, consultado por Aleteia:

“El Corán presenta a María no sólo como una mujer relevante, sino como la mejor de las mujeres (Corán 3,42-43), haciendo de ella un ejemplo a seguir por todos los creyentes, porque creyó en la veracidad de la palabra de Dios (Corán 66,12). Por esto Dios la escogió para ser la madre de Jesús, el profeta de la bondad.

De las 114 suras del Corán, sólo 8 llevan en el título el nombre de algún personaje, y la sura 19 está consagrada a María y a narrar sus virtudes. Explica el texto sagrado que la mare de María, Hannah, se consagró al servicio del templo de Jerusalén, tal como correspondía a la gente del linaje de David. Cuando concibió un hijo, se entristeció porque era una niña y no un varón, pero Dios le reveló que esa niña estaba consagrada a Dios (Corán 3,35-36).

Por esto, el Islam proclama que María y Jesús estaban exentos de pecado. Educada por Zacarías en el templo de Jerusalén, María ya destacaba desde pequeña por su piedad y los ángeles la alimentaban (Corán 3,37) y le anunciaron que sería la madre del Mesías (Corán 3,45-48; 19,17-19).

Cuando María proclama que ella hizo voto de castidad, el ángel Gabriel le dijo que su hijo será un signo de Dios para la humanidad, una prueba de la misericordia de Dios (Corán 19, 20-21; 66,12). María busca refugio en un lugar apartado y sufre por los rumores que se han difundido sobre su embarazo (Corán 19,22-23). Pero Dios la consuela (Corán 9,24-26) y, hecho milagroso, Jesús recién nacido se le dirige diciéndole que ha hecho bien en creer en la palabra de Dios (Corán 19,27). Vueltos a su pueblo, Jesús proclamará que Dios le hizo su servidos, que le revelará un libro y que hará de él un profeta (19,30-33)”.

Hemos encontrado también un fragmento de un escrito de monseñor Fulton Sheen sobre la veneración de María en el Islam. Escrito en 1952, este escrito es de una gran actualidad, y muestra el profundo discernimiento de los signos de los tiempos de este gran pastor norteamericano, hoy camino de los altares:

El Corán, que es la Biblia de los Musulmanes, contiene muchos pasajes concernientes a La Santísima Virgen. Primero, Corán cree en Su Inmaculada Concepción, también en su parto virginal. El Tercer capítulo del Corán coloca la historia de la familia de María en una genealogía que se remonta a Abraham, Noé y Adán. Cuando se comparan los relatos del Corán y del evangelio apócrifo sobre el nacimiento de María, somos tentados a creer que Mahoma dependía mucho de este último. Los dos libros describen la avanzada edad y esterilidad de la madre de María. Cuando, a pesar de todo, concibe, la madre de María proclama, según el Corán: "Oh Señor, te ofrezco y consagro a ti lo que ya está en mi. Acéptalo de mí".

Cuando nace María su madre exclama: "¡y yo te la consagro con toda su descendencia bajo tu protección, Oh Dios, contra Satanás!".

El Corán pasa por alto a José en la vida de María, pero la tradición musulmana conoce su nombre y tiene algo de familiaridad con él. En esta tradición José habla con María, quien es virgen. Al preguntarle como fue que ella concibió a Jesús sin padre, María le contesta: "¿No sabes tú que Dios, cuando creó el trigo no necesitó semilla, y que Dios, por Su poder, hizo crecer los árboles sin ayuda de la lluvia? Todo lo que Dios hizo fue decir "Hágase", y se hizo".

El Corán también contiene versos sobre La Anunciación, la Visitación y el Nacimiento. Contiene pinturas de Angeles acompañando a La Santa Madre y diciendo: "Oh María, Dios te escogió y purificó, y te eligió sobre todas las mujeres de la tierra".

En el décimo-noveno capítulo del Corán, existen 41 versos sobre Jesús y María. Hay tal defensa a la virginidad de María aquí, que el Corán, en su cuarto libro, atribuye la condenación de los judíos a la monstruosa calumnia de ellos contra la Virgen María.

El Significado de Fátima

María, entonces, es para los musulmanes la verdadera Sayyida o Señora. El único posible serio rival en su credo sería la hija del mismo Mahoma, cuyo nombre es Fátima. Pero después de la muerte de Fátima, Mahoma escribió: "Tú serás la mas bendita entre todas las mujeres del paraíso, después de María". En una variante del texto, Fátima dice: "Sobrepaso a toda mujer excepto a María".

Esto nos lleva a nuestro segundo punto: ¿Por que la Santa Madre, en el siglo XX, se reveló en la pequeña aldea de Fátima, para que todas las futuras generaciones la conocieran como "Nuestra Señora de Fátima"?. Ya que nada sucede desde el cielo si no es con la mayor fineza de detalle. Creo que la Santísima Virgen escogió ser conocida como "Nuestras Señora de Fátima", como promesa y signo de esperanza para el pueblo musulmán, y como asegurándoles que ellos, que le manifiestan tanto respeto, un día aceptarán también a su Divino Hijo.

(Fulton Sheen, artículo escrito en 1952)


Muy interesante es también esta tercera aportación: la de la teóloga musulmana iraní Sherazade Hushmand, en una entrevista a Radio Vaticano en 2001, con motivo de una alocución de san Juan Pablo II:


–¿Qué significado tiene la figura de María para los musulmanes?

Sherazade Hushmand: En el Corán está muy presente. La presenta precisamente como María Inmaculada. En la tercera sura, de los versículos 34 en adelante, el Corán habla de este aspecto de María, de esta pureza suya total.

En un versículo, a propósito de María, se habla de libertad. La mujer de Hemram, que es la madre de María, reza a Dios diciendo: «Dios, yo te dedico aquella que tengo en el seno y la dedico para que sea libre, libre en absoluto».

Esta palabra se usa sólo una vez en el Corán y sólo para María. Esta libertad es una libertad absoluta de todo aquello que puede ser visto como pecado, como un mal, como un fallo, como una debilidad. María es pura de todo esto. Y luego viene la afirmación de Dios: «Yo lo acepto».

–¿Creen en esto todos los creyentes del Islam?

Sherazade Hushmand: En el capítulo 66, último versículo, el 12, el Corán dice: «¿Queréis que yo os dé un ejemplo de fiel a seguir, válido para todos los creyentes del mundo?». Allí se propone como ejemplo a María. Esto es fortísimo. Porque María no es solamente un ejemplo y un símbolo a seguir por los cristianos, sino que también en el Corán María se convierte en símbolo y modelo para todos los creyentes, también para los mismos musulmanes.

–Y esto, ¿qué quiere decir en la vida de todos los días?

Sherazade Hushmand: Tener esperanza, tener un modelo a seguir, tener una mujer tan pura a la que mirar para ir adelante, una mujer que tenía plena confianza en Dios. Ella es el ejemplo de la confianza, confianza total en el Absoluto, en el Dios que es la suma perfección y belleza.

Así nosotros la seguimos, teniendo siempre confianza, incluso en las dificultades o frente a las cosas que no logramos comprender. Como a ella, que se le pidió tener un hijo, lo dice el Corán, sin un padre material, sin un padre físico, y ella tuvo confianza y siguió adelante. Así, como ella, nosotros la tomamos como modelo y nos fiamos de Dios totalmente, incluso en los momentos difíciles y duros de la vida.

(Sherazade Hushmand, teóloga musulmana iraní, entrevista publicada por la agencia Zenit en 2001)

"Amicus Plato, sed magis amica veritas" ("Amigo de Platón, pero más de la verdad") [Aristóteles]
"Omne verum, a quocumque dicatur, a Spiritu Sancto est" ("Toda verdad, quienquiera que la diga, proviene del Espíritu Santo") [Santo Tomás de Aquino]

Comentarios

  1. conocen a Pablo Maria Pincemin egresado de Escuela Agrotécnica Salesiana de Ferre en 1990?
    Hector Magoia

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  2. Hector, es mi hermano, yo también fui EAS hasta 3ª año. Pasame un mail por privado y te contacto.

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  3. HOLA JAVIER YO TAMBIEN FUI COMPAÑERO DE PABLO , SOY FERNANDO SVETAZ Y VEO TAMBIEN QUE TE CONTACTO HECTOR MAGOIA, TE DEJO MI EMAIL O NO SE SI TIENE FACE PABLO
    , fasnano@hotmail.com , GRACIAS, ABRAZO

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  4. HOLA JAVIER YO TAMBIEN FUI COMPAÑERO DE PABLO , SOY FERNANDO SVETAZ Y VEO TAMBIEN QUE TE CONTACTO HECTOR MAGOIA, TE DEJO MI EMAIL O NO SE SI TIENE FACE PABLO
    , fasnano@hotmail.com , GRACIAS, ABRAZO

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  5. Alguien me puede dar el email del padre José María Pincemín. Desde ya muchas gracias.
    Martin Speroni
    Speroni@charter.net

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