Aprendiendo a hacer un amigo
Éramos al principio una pareja extraña que desde la distancia se miraba con recelo. Tuvimos expresiones privadas poco sensibles para con el otro y chocamos en nuestras miras cortas para con la realidad y los problemas. Pusimos frente a la caridad cristiana nuestra altanería y mal tono y lo propalamos alguna vez públicamente. Aprovechamos nuestras diferencias para ensalzar nuestro orgullo y menguar las cualidades del otro, buscando la paja en el ojo ajeno con un encono vencido por la propia ignorancia antes de siquiera arrancar. Pero terca la paciencia y la vida misma exploran, y encuentran en los corazones más cerrados lo motivos que hacen que uno reclame como propio al otro para entregarse luego a pesar de las miserias. Pasó el tiempo y crecimos. Debe ser que la Providencia pone en nuestras manos la semilla que sabe que irremediablemente nos vamos a ver necesitados de plantar y cuidar. Así viví yo mi relación con mi parroquia de San Carlos, de la arrogancia pasada paso hoy a ver al t...