Encaro con esta la última nota terminar el listado de 10 artículos
que me propuse en su momento con aquel largo opúsculo de
100
días del Papa Francisco. Era una licencia dentro de la visión de llamarme
al silencio y rezar, pero tengo la lengua larga y no pude contenerme, surgieron
unas 10 notas junto a varios artículo para una encíclica y una exhortación apostólica.
Se me fue de las manos, el blog está todo Papa Francisco.
Firmemente hoy encaro este último comentario y pretendo terminar
de leer la exhortación y pasar luego al documento de Aparecida para luego dejar
esta fiebre francisquista.
En fin, a lo nuestro del progresismo agrupado.
Una de las cosas que esperábamos después de la elección de
Bergoglio era que el ala progresista de la Iglesia se transformara en una
fuerza poderosa liderada por él mismo y con una identidad clara. De la misma
manera que había hecho de Buenos Aires un lugar para los suyos y que nuestras
mentes obtusas lo habían etiquetado como tal – como progresista -, esperábamos
que la Iglesia pasaría por el mismo proceso.
Francisco resultó ser un fino estratega político y ahora
-meses después de la elección- no se puede hablar de una deriva progresista en
la Iglesia, la realidad es mucho más compleja que esta versión de Star Wars que
tenemos en la cabeza (bien contra el mal en su versión tonta). En mi
imaginación melifluente me había imaginado un progresismo triunfante, ¡Que
ignaro!
Como mínimo se puede decir que todo sigue en su lugar y los
progresaurios no perdieron razón de oposición a Roma, lo único que tienen hoy
es la delicadeza de empezar sus artículos con alabanzas a Francisco. Esto puede
durar por unos años siempre que la prensa siga vendiendo al Papa en cada
portada, pero no quita que en el fondo todavía tienen camino para recorrer para
hacer de la Iglesia lo que ellos consideran mejor.
Sea lo que sea eso.
Sea que tengan identidad propia como lobby, que no creo.
¿Satanás es progre?.
¿Un progresista es lo mismo que un progresaurio?
¿Qué es un progresista? ¿Un modernista?

La verdad de la milanesa está en cuestiones como la designación
de obispos y cardenales. Si bien son realidades que en la historia de la
Salvación poca incidencia tienen, - salvo que alguno de los designados se
transforme en santo o mártir-, si un obispo está comprometido con un lobby
declarado, es grande el daño que puede realizar para su iglesia y para la
Iglesia.
Y ahí no hablamos de etiquetas como progre o tradi, sino de
compromisos adquiridos para con promotores, ayudas y maestros en una carrera eclesiástica
en ascenso. La
lepra
que denunció hace poco el propio Papa Francisco y donde ahí aparecen los “mios”
y los “tuyos” y la acepción de personas que Cristo nos encomendó no realizar.
Ahí es donde lo tenemos difícil y fácil a la vez, es fácil identificar a sus
gustos porque todos los candidatos tienen prontuario, y muy difícil saber si van a
ser santos o no.
¡Dios ayude al papa Francisco a elegir obispos y cardenales
santos como San Carlos Borromeo que ilustra esta nota!.
Y con esta petición termino la serie de notas de los 100
días del Papa Francisco, que ya dejaron de ser 100 hace rato.