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A vueltas con Israel y en contra de Juan Manuel de Prada

Estoy bajo ataque. Por un lado, se percibe una animadversión casi unánime desde amplios sectores del mundo tradi-católico, la izquierda progresista y los socialismos en sus distintas variantes. Estos grupos junto con la ONU y sus sanguijuelas sostienen que el Estado de Israel, Netanyahu y el sionismo deberían ser eliminados desde el Jordán hasta el Mar Mediterraneo.

Como he expresado en otras ocasiones durante estas semanas, no me subo a ese tren. La guerra es un hecho concreto, no una fábula moralizante.

Por otro lado, resulta casi imposible expresar esta postura sin ser acusado de ser “projudío”. ¿Existe un camino intermedio? ¿Una vía que reconozca la guerra como una realidad, sin caer en el discurso que pide exterminar a todos los judíos o a todos los gazatíes?

También he de considerar que el FDI y Netanyahu no son los ángeles del amor, la única solución a este problema viene de un triunfo de Israel, la desaparición de Hamas, una nueva autoridad Palestina, dos generaciones de control y la vuelta de Cristo.

Otro tema.

Con Juan Manuel de Prada me unen muchas cosas, los dos somos horriblemente tradicionales, católicos y nos gusta Castellani, debería ser mi complemento intelectual. Pero no puedo.

Nos separan un mar, un río y unas montañas. Él es muy español, yo soy del Río de la Plata, él es muy español y yo soy muy franchute, me parece que las propias miopías de cada uno son una frontera donde vamos a chocar irremediablemente. A seis mil millas de distancia, un abismo, menos mal que no le llego ni a la suela de los mocasines.

Si sigo tirando piedras para todos lados, voy a quedarme solo.



Juan Manuel de Prada sobre Milei

 En cuotas, pequeñas cuotas, pude terminar esta extensa entrevista al admirado Juan Manuel de Prada

Se explaya con alguna libertad, pero sin llegar a lo profundo, en un montón de temas, algunos muy políticos. A mí me gustó mucho, fue un ejercicio de perseverancia y me llama a algunas reflexiones.

Como JMdeP, somos en este blog monarquistas, subsidiaristas, afectos a la política de lo local, anti-democráticos, anti-partidistas, tradicionales, anti-electoralistas, etc. Todo lo que el mundo hoy desecha, ignora u odia. Es simple.

En lo que no estoy de acuerdo es en su diagnóstico de Milei. Por alguna razón que imagino ligada a la sensibilidad, parece que JMdeP no llega a entender el personaje, su impacto, los apoyos que tiene y el beneficio de su presencia en el éter. Creo que la superficialidad con que lo aborda, y su sano preconcepto para con el liberalismo, no le permiten abarcar el fenómeno y su beneficio.

Yo no espero nada de Javier Milei, pero disfruto cada momento de su amenazante reinado por el rechazo capilar que produce entre todo aquello que es malo, diabólico y socialista en este valle de lágrimas. La llorería progre es una cornucopia de alegrías en cuotas diarias.

Podría coincidir con Juan Manuel de Prada con que lo que importa son las ideas, coincido y por eso mismo Milei es a la vez una amenaza y una promesa. Una amenaza porque el liberalismo no entiende lo real sino es desde el individualismo y una promesa porque su rechazo al aborto es real y no una componenda para ganar algunos apoyos y jugar políticamente. Inclusive en el aborto Milei es contracultural, no le aplica el barniz que tienen todos los políticos que habíamos sufrido hasta ahora.

Pero para JMdeP y muchos otros, en particular los nacionalistas argentinos, no es suficiente.

Nunca es suficiente.

Nota: tenía esta nota en borrador, la publico igual a pesar de que el video no es más.

Kusch, el Papa y la marea mental

Encuentro en mi recorrido espiritual fieles que experimentan las primeras frustraciones de tratar de entender al Papa Francisco; les cuesta entender el revuelo que genera el Papa y se sienten confundidos.

En particular las charlas con B discurren con la mecánica de la pregunta "¿¡Por qué hace eso...?!", e indefectiblemente mi respuesta va por el lado de "Si entendieras la idea política del Pueblo que tiene el Papa Francisco, verías que esto es posible y esperable".

Y esto lo hacía casi como un mantra, sin realmente profundizar en la idea; guiándome en algunas lecturas laterales y en aquel debate tan interesante entre Clodovis Boff y su hermano. Esto hasta hace unos días, cuando caí en el articulo siguiente: El mito del "pueblo". Francisco revela quién se lo ha contado. Yo de esa lectura me enfoqué particularmente en el ensayo de 2010 de Alberto Julián Pérez publicado en la revista argentina "Mitológicas".

La idea de Kusch es muy peculiar, por lo que entendí de la lectura de Perez hay tres o cuatro ideas fuertes que voy a tratar de resumir y ustedes me dicen si estoy tan fuera de foco, una vez que hayan leído el artículo.
  • Primero está el miedo, miedo del pueblo indígena americano a interpretar la racionalidad occidental; miedo motor desde el cual debe devenir una nueva cultura americana. La "negación"
  • Después está la dicotomía filosófica del "ser" y el "estar" como ejemplo de la contraposición entre la definición de bien y esencia, versus la creación y la búsqueda de sentido.
  • La otra idea, repetida a lo largo del ensayo, es que en el arte americano Kusch cree que puede estar el camino de la construcción de esa nueva cultura, pero el arte lejos de la belleza, como arte per se.
De todos modos hay que aclarar que se me hace difícil distinguir en el ensayo, en que momentos Perez es Perez, o Perez entiende a Kusch. Me parece que es una limitación mía y me obliga a buscar otros interpretes de Kusch, o leer al propio autor en sus obras

Para mi la conclusión es que Kusch sostenía un marxismo donde el nuevo proletariado es el pueblo americano de origen indígena pero con inmigrantes incorporados. Ese nuevo Pueblo, regando amplias dosis de autodeterminación (en el sentido filosófico, no por el lado de la soberanía) debería armar una nueva cultura donde las ideas de la Fe y la racionalidad cristiana no tienen lugar, donde lo que importa es ser parte del camino de construir.

Hay dos cosas que no me gustan de todo esto, la primera es que de una manera artera (no se si Perez o Kusch) tratan de sacarse el yugo del marxismo en uno de los últimos párrafos.
El marxismo, racionalista y materialista, da prioridad a la economía. Kusch, en cambio, era existencialista, creía en la vida cotidiana del hombre y en la existencia espiritual de la cultura. Lo que llamaba pueblo era una fuerza de tipo espiritual. Quería crear una sociedad homogénea, uniendo al pueblo. Sólo así se podría aspirar a crear una cultura argentina. Su pensamiento, en este sentido, no estaba lejos del de Perón, con el que tenía muchos puntos en común (Pérez, 2003).
La segunda es que la entidad Pueblo se torna omnipotente, muy por encima de la familia, de la dignidad del individuo, de la Nación o los cuerpos intermedios. Me parece además de que esto es un problema para cerrar este concepto con dignidad de la persona humana, subsidiariedad y solidaridad, con la DSIC en sus valores fundamentales.