Violentamente alcanzado por una iluminación de discipulado
El día que me muera va a ser trabajo para mis albaceas y editores (si es que hay alguno), el descubrir de qué manera aleatoria e intransigente los títulos de las entradas llegan a describir o dar impulso a textos de dispar calidad mediante unas parábolas estrafalarias.
Vamos al grano.
Tengo un reparo contra las neo-palabras del léxico parroquial-eclesial, apuntalado por obispos, sacerdotes y otros actores eclesiales. Expresiones como usar el verbo "suscitar" para todo, "callejear la fe", "misericordiar", "una Iglesia en salida", etc.
Había una en particular que desapareció de documentos y sermones, que el párroco de Ataliva recordó hace unos días. Se trata del palabro "discípulo misionero" que abrevió inteligentemente como "discipulado". Hay un ser del cristiano que es el llamado "discipulado", suficiente en sí mismo para definir todo lo accionable para mejorar este bajo mundo anunciando el Reino.
Viene con todos los defectos de esos términos y yo le descubrí la vuelta, ¡la iluminación! El problema de "discipulado" es que refiere a la acción. Pero atentos, no a la acción con fin a la Salvación del alma y al culto debido a Dios, no, no; eso no existe en la Iglesia de hoy. Se refiere a la acción de "hacer un mundo mejor", el puro voluntarismo sentimental que hace hoy de nuestra fe un campo estéril.
Es todo acción, es solo acción horizontal, nada de reconocer el pecado, nada de adorar a Dios, puro trabajo y autorreferencialidad.



