A mi los fuegos artificiales me parecen algo malo
Pero ayer vi unos espectaculares y hay que reconocer que son embriagadores. El espectáculo se acompañaba con una música tonitruante que algunos optimistas habían catalogado en la previa como “clásica” y que en última instancia terminó siendo una suma de esas versiones de Beethoven con ritmo electrónico y unos alaridos de Andrea Bocceli.
Me extrañó a mi mismo estar bajo el rocío disfrutando los colores y la parafernalia y una vez terminado sentí claro el vacío que tienen. Menos mal que hoy en día hay filmaciones para registrarlo todo; filmaciones que nadie ve pero que te dejan la tranquilidad moral de que el espectáculo no fue solo esa mancha de humo que queda en el aire y ese dolor de cuello de mirar para arriba.
Son sus luces plañideras
de fuegos perdidos penas
son las flores que en la noche
tienen segundos y gloria
Fueron breves artilugios
en un giro atronador
cabeza en alto mueren
dejaran dolor de cuello
Vuelta a casa entre humo
a pensar en esta vida
a sembrar en la Cuaresma
mis flores de eternidad
¿Es un espectáculo apropiado para la Cuaresma? No, ¡Sin duda que no! y sin excusas. La Cuaresma es penitencial en el sentido positivo que tiene la penitencia, un sentido positivo que el mundo no quiere entender y que sólo el Salvador del Mundo puede haber instituido de tal modo. Menos mal que los fuegos tienen una virtud que los hace aptos para volver rápidamente a la cordura: duran poco, muy poco.

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