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De la amorosa permanencia de Cristo en el Santísimo Sacramento del Altar - "Cuando en casa hay fuego, todo lo arrojamos por la ventana."

Les comparto este texto de Preparacion para la muerte - San Alfonso María de Ligorio, me los manda mi tío Jean Baptiste por WhatsApp y lo ilustro con una foto de New Liturgical Movement: Photographs of Midnight Mass 2015 at the London Oratory 


Quedóse Jesús en el Santísimo Sacramento: primero para que todos le hallemos sin dificultad; segundo, para darnos audiencia, y tercero, para dispensarnos sus gracias.

"Quería el Esposo-dice San Pedro de Alcantara- dejar a la Esposa compañía, para que en tan largo apartamiento no quedará sola, y por ello le dejó este Sacramento, en el cual Él mismo reside, que era la mejor compañía que podía darle."

"Oh Señor!-exclama San Bernardo-, no conviene esto a vuestra infinita Majestad...""Nada importa -responde Jesucristo- ; si no a mi Majestad, conviene a mi amor."

Decía el Beato P. Juan de Avila que no había para él santuario de mayor devoción y consuelo que una iglesia en que estuviese Jesús Sacramentado.

"Mas no -dice el Redentor -, no quiero morar en un solo templo, ni por un día solo, ni busco ostentación ni riquezas, sino que deseo vivir continua, diariamente, allí donde mis fieles estén, para que todos me encuentren fácilmente, siempre y a todas horas."

Mas porque el Señor -dice Santa Teresa- desea que le hablemos y pidamos mercedes con suma confianza y sin temor alguno, encubrió su Majestad divina con las especies de pan. Quiere, según dice Tomás de Kempis, que le tratemos como se trata un fraternal amigo.

Cuando el alma tiene al pie del altar amorosos coloquios con Cristo, parece que el Señor le dice aquellas palabras del Cantar de los Cantares: "Levántate, apresúrate, amiga mía, hermosa mía y ven." Surge, levántate, alma, le dice, y nada temas. Propera, apresúrate, acércate a Mí. Amiga mea, ya no eres mi enemiga, ni lo serás mientras me ames y te arrepientas de haberme ofendido. Formosa mea, no eres ya deforme, sino bella, porque mi gracia te ha hermoseado. Et veni, ven y pideme lo que desees, que para oírte estoy en este altar...

Jesús, en el Santísimo Sacramento, a todos nos oye y recibe para comunicarnos su gracia, pues más desea el Señor favorecernos con sus dones que nosotros recibirlos.

San Juan Francisco de Regis, famoso misionero de Francia, después de haber invertido todo el día en la predicación, acudía a la iglesia, y cuando la veía cerrada, quedaba a la puerta, sufriendo las inclemencias del tiempo con tal de obsequiar, siquiera de lejos, a su amado Señor.

Pues si tú hermano mío, no sientes tan alto amor a Cristo, procura visitarle diariamente, que Él sabrá inflamar tu corazón. Tienes frialdad o tibieza? Aproxímate al fuego, como decía Santa Catalina de Siena, y dichoso de ti si Jesús te concede la gracia de abrasarte en su amor! Entonces no amarás las cosas de la tierra, sino que las menospreciaras todas, pues, según observa San Francisco de Sales: Cuando en casa hay fuego, todo lo arrojamos por la ventana.