Cambiamos de ciudad, de Sunchales a Ataliva. No es algo que estuviésemos buscando furiosamente, pero fieles a nuestra sumisión a la Divina Voluntad, estábamos siempre atentos a nuevas posibilidades de casa con alquiler más barato o posibilidades de construir. Ninguna de estas posibilidades tomaba forma hasta hace un mes atrás. En ese momento vi una publicación de un compañero de trabajo ofreciendo una casa con amplio parque. Sin mucha esperanza lo contacté, conocimos la casa, nos encantó y logramos acordar nueva locación. Todo se aceleró cuando el ángel Ma pasó por casa y empezó a embalar todo ante la atónita mirada de B, que esperaba poder mudarse dentro de unas semanas cuando todo estuviese más organizado. Yo estaba en modo zen, tratando de no apresurar nada, pero con ganas de pasar rápidamente por el calvario de la mudanza y con la inercia masculina de “lograr el objetivo” que no es tan propia y que a la mujer le resulta indescifrable. Finalmente estamos mudados ...