Las Liebres, como todos los débiles, tienen el prurito de mostrarse enérgicas. ¿Es Coudet una liebre nueva?
Hay un tema a revisar en este pasaje.
Las Liebres, como todos los débiles, tienen el prurito de mostrarse enérgicas, y son caprichosas y tercas, creyendo desplegar así una singular fuerza de carácter.
Lo trae Eduardo en Apuntes sobre poesía 1 que estamos leyendo ahora, y es una de las Seis fábulas de la chacra que están en Camperas, de Leonardo Castellani, el insigne escritor nacido a unos pocos metros de donde escribo esta entrada del blog.
Preso del síndrome del impostor, que tanto nos afecta a aquellos que lideramos equipos técnicos, es para mi una reflexión continua. Ser adulto implica a diario aceptar la carga en modo de liebre vieja, sin asumir riesgos innecesarios que puedan surgir de un análisis adolescente de nuestras capacidades y fortalezas.
Viene a coincidir sin planearlo con otra variable del mismo análisis, la que dejamos como comentario en El sesgo de confirmación en el piso 21 | LinkedIn
El CEO que "valida" su estrategia consultando a los tres directores que sabe que la apoyan" no es solo del CEO, todos buscamos la secuencia de números que validan nuestra hipótesis; los que incomodan los apagamos por diseño de supervivencia.
Hay que ampliar aquello de "contratar gente más inteligente que yo" y sumarle "aceptar al negativo con aquello que tiene de profeta", pero hay que hacerlo sin entrar en una vorágine de revisiones continuas.
Es por dónde van los tiros estos días, ilustro con las libres de Solange, tan urbanas y agraciadas. También sumo a este análisis el paralelo con la situación actual de River, con un Coudet que no termina de encajar. ¿Será que no entiende sus limitaciones y trató de volar más alto de lo que dan sus capacidades?







