Mundial 2026. Al final ganó el mal, la maldad y los asesinos de Noelia.
También verá amargamente como Simeone es espectador responsable en el gol de ellos y malogrador de la posibilidad clara de empate sobre los últimos minutos del partido. A los españoles les llamará la atención el juego violento y la reacción argentina ante la adversidad, tan primitiva y cerril. Ese problema se lo dejo a España, no a una Argentina debatiéndose como un animal herido cercado por fieras.
A nosotros de este lado del mar nos llamará la atención la desproporción de alegrías en los festejos de los jugadores, los neo laureados celebran tranquilamente como si hubiesen ganado una copa menor. Todo es muy medido, tanto en el campo de juego como en los vestuarios -> festejos. No quiero imaginar los desbordes de paroxismo que hubiese desencadenado un triunfo argentino, en New Jersey, en Argentina y en Bangladesh, recuerden lo que fue 2022.
No se dan una idea.
Llegué de vuelta para la final. Me alegré de la victoria, tan difícil ante esa Argentina indignante: ¿de verdad así quieren que les recordemos, como una banda de macarras, marrulleros? Nada de señorío, nada de lo mejor que atesoro yo de ellos, Baldomero Fernández Romero, el Adán Buenosayres de Leopoldo Marechal, Les Luthiers.

