La semana pasada me salió el apologeta inquisidor de adentro, en la mesa política del turno de almuerzo de las 12 del trabajo, se habló de Francisco y de Roma.
Lo llaman "el cura".
Es una mesa heterogénea, mitad radicales, mitad deportistas, mitad progresistas, mitad cazadores, mitad post cuarenta, mitad militantes kirchneristas, mitad gringos de la zona, etc. Es muy divertida y llena de contradicciones.
El tema es que la charla pasó desde lo que pasa después de las elecciones de Octubre y derivó en comentarios y lugares comunes acerca del cura y de todo lo que va a poder cambiar o no en la Iglesia.
Al cabo de un rato vino el consabido -el Papa debería dejar toda la pompa del Vaticano para estar más cerca de la gente .-
Mientras rumiaba mi ensalada de zanahoria, repollo, choclo y achicoria, pregunte de manera hosca: -¿Para qué?-
- y para estar más cerca de la gente y entender mejor lo que quieren...-
- Y para que quieren estar más cerca de la gente, la Iglesia no es un tema de marketing...-
- bueno, no se..., para dejar de perder gente, en las iglesias hay cada vez menos gente.-
- no se, no me parece, el Vaticano no es un tema de marketing.-
Lástima que se nos terminó el turno de almuerzo, la charla prometía y se cerró con algunas caras negando y una expresión del estilo " yo al Papa lo prefiero en Roma con todo lo que eso lleva, hay algunas cosas que tienen que quedar como están"
No fui yo.