¡Feliz y Santa Navidad! Reciban con unos días de atraso nuestro saludo navideño, la pasamos espiritual en Casa Betania (La Falda) y yo me pasé el día 25 viajando todo el día para llegar a la nueva casa que alquilamos en Avellaneda (Santa Fe).
Igual que el año pasado, celebramos con nuestro villancico preferido:
Gaude, gaude, gaude Maria virgo,
cunctas haereses sola interemisti,
quae Gabrielis Archangeli dictis credidisti:
Dum virgo Deum et hominem genuisti
et post partum virgo inviolata permansisti.
Gabrielem Archangelum scimus divinitus te esse affatum:
uterum tuum de Spiritu Sancto credimus impregnatum:
erubescat Judaeus infelix, qui dicit Christum ex Joseph semine esse natum.
Dum virgo Deum et hominem genuisti
et post partum virgo inviolata intergra et casta es Maria
Este fin de semana tenía planeado quedarme en Reconquista, pero la celebración sorpresa de los quince años de Lucía me hizo emprender ruta al sur en un panorama climático poco prometedor.
El termómetro del auto me marcaba 39°C y el cielo cargado de nubes anunciaba cataclismo, también lo hacían las imágenes satelitales de https://climasurgba.com.ar/satelite/goes-topes-nubosos con topes nubosos clamando lluvia, viento, granizo y apocalipsis a todo color.
Lo prudente hubiese sido quedarme en Reconquista y no arriesgarme, sin embargo el magno evento del sábado merecía el sacrificio. Así emprendimos ruta con la incertidumbre de ir directo por San Justo o tomar la ruta alternativa de San Cristóbal que tiene el defecto que en un tramo de dos kilómetros todavía carece de asfalto.
Llegado a Gobernador Crespo tuve que tomar la decisión y a la luz de los acontecimientos me incliné por evitar nubes amenazantes por el lado de San Justo y me fui para San Cristóbal. El calor era agobiante y no se veían señales de precipitaciones; encaramos con decisión para pasar rápido por los dos kilómetros de tierra.
Grave error.
En el último tramo antes de la tierra se desencadenó el diluvio y venía avanzando atrás de una camioneta sin siquiera poder ver la ruta. Perdido por perdido me dije a mis adentros que tenía que avanzar y siguiendo a mi guía 4x4 me adentré en la tierra con el riesgo de quedarme encajado.
Gracias a Dios logramos pasar, el motor es potente y todavía no había huellas profundas, barreamos un poco y llegamos sanos y salvos a casa en medio de relámpagos, truenos, rutas anegadas de agua y el incesar balanceo del limpiaparabrisas.
No iba a ser el último evento para el pobre auto, el sábado a la noche terminó encajado en una zanja cercana a casa producto de la impericia de uno de los adolescentes de casa.
Imposible sacarlo a mano, nos ayudó un tractor local que venía de buscar la leche en el tambo.
Para terminar la aventura y limpiar el barro con el cual había salido del empantanamiento, viajé de vuelta bajo persistente e incesante lluvia durante 4 horas. Un fin de semana de ruta, de autos y de agua por todos lados.