La secuencia perfecta
No lo dije antes, pero bien se habrán dado cuenta, estoy poco por el blog y es debido a que tengo un trabajito extra hasta fin de año. Ese trabajo adicional me implica 12 hs de trabajo por día que consigo superar gracias a la paciencia de B y a una gracia especial que me debe estar enviando el Cielo.
Igual no les escribo para lamentarme, lo hago para alimentar a la impaciente blogoplatea que me llama como los fantasmas de vidas pasadas… Hoy les escribo para contarles acerca de un ciclo, una secuencia perfecta que me tiene anonadado y que -dicho sea de paso- también me abstrae de las diligentes tareas de escribir en este viejo reducto de más de quince años.
La secuencia arranca en marzo, cuando los mandarinos que eran de un verde oscuro penetrante pasan a pintarse primero de amarillo y luego de un vibrante naranja y nos ofrecen deliciosa nectarinas que usamos en jugos, como postre o en budines.
Cuando ya van bajando las existencias aparecen a unos metros de allí unas enormes bergamotas de casi 300gr cada una, con su olor tan particular y su piel rugosa, tanto sirven de postre como sustituto de las fenecidas tangerinas o como jugo acompañadas de Vermout, deliciosas deliciosas.
Cuando ya van bajando las existencias de bergamota se manifiestan festivas las naranjas, unas enormes naranjas de ombligo, rebosantes de dulzura, se las come en todas sus formas y las más decaídas son jugo también.
Cuando ya van bajando las existencias de naranja, los quinotos hacen su aparición. Al principio ácidos y furiosos para luego dulcificarse y ser el alma de mermeladas deliciosas y fragantes, hasta las hormigas parecen disfrutarlas, como a los pocos pomelos que en esa época también se pintan de amarillo.
Cuando ya van bajando las existencias de kumkuat es momento de los nísperos que ahora estamos disfrutando, se comen al natural, pero también en mermelada o como crumble, una fruta maravillosa y noble la cual ha originado una lucha sin cuartel contra palomas y cotorras que también las aprecian.
Cuando ya van bajando las existencias de níspero ya les contaré, pero me parece que va a ser tiempo de duraznos, otro eslabón más en la cadena de la deliciosidad que nos regalan los frutales de la casa.
