No les conté que el fin de semana pasado esperábamos a Rochi, Cata, Nacho y Mercedes. No se los conté porque al final no llegaron, el auto los dejó a mitad de camino y tuvieron que cancelar un fin de semana de cerveza y asado. Inés entre lágrimas dijo:
– ¡Yo quería que Rochi vengaaaaa, era mi única primaaaa! -
Con al desazón de la ausencia de los primos y la virulencia de un exacerbado clima interno -debido a energías no consumidas y una lluvia horrible-, decidimos con B salir a las rutas y tomar el fin de semana en La Granja, cerca de Ascochinga y a 320 km de Sunchales.
Fue el viaje del optimismo.
Salimos con agua, llegamos con agua y los chicos estuvieron a bordo en modo frenético peleándose las casi 4 horas de viaje. Después el resto del fin de semana fue espectacular, pero el viaje de ida va a quedar en los anales de la familia como aquel donde llegué con el hombro dolorido de tanto utilizar el brazo punitivo para traer orden al asiento trasero.
Anduvimos a caballo, en ríos, en montañas, comimos afuera en familia (toda una epopeya) y descansamos mucho. También fuimos a las tres cascadas y a misa en Nuestra Señora de Lourdes. Conocimos a Néstor Didier en su lugar increíble donde vive de vacaciones y Santi aprendió del modo duro que las pendientes empinadas no se bajan corriendo.
En fin, excelente.
Armamos un diario de viaje que les voy a cargar en pdf para que lo vean, lo estamos terminando. Ahí van a poder ver todos los detalles y pormenores de un fin de semana épico, todo debidamente ilustrado.
Una vez llegados a casa el Domingo bañamos a la tropa y cenamos un poco más tranquilos -el viaje de vuelta fue más sosegado-. Cuando hacíamos el balance con los chicos y recordábamos las peripecias, Ine recordó que todo había arrancado con el viaje frustrado de los primos y exclamó compungida:
– ¡Yo quería que Rochi vengaaaaa, era mi única primaaaa! -