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La obediencia

Este tema de la obediencia.

La obediencia como el camino de la Fe, pero también el camino a la verdad, cuando no. A mí no me preocupa la obediencia, como Will Smith soy de eso de correr y leer, me es prístino aquello de que la experiencia de mis antepasados es un valor ineludible.

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Pero ampliaría el alcance más allá de la Fe. Comparo la certeza de la Fe en su contraste con el testimonio de un conocido, quien se dice libre de creer gracias a la ciencia. Liberado de toda obediencia fideista de los católicos, pero a la vez profundamente obediente en otras cuestiones.

Sin saberlo se llenó la vida de exigencias y obligaciones mucho más crudas que las de la religión. Y las mantiene hasta con una heroicidad mayor que muchos de nosotros laxos católicos. Es la paradoja de esa frase de Chesterton que decía lo de “la mente abierta” y lo de decidir primero con que la vamos a llenar.

La obediencia.

El Gauchito Gil, la educación en la Fe y un cactus de la buena suerte

Otro tema

Corriendo el domingo me vino a la cabeza otra reflexión idiota. Pasa que correr es un momento de introspección obligatoria y un lugar de ideas, igual que la ducha. En este caso era al pasar frente a uno de los santuarios dedicados al Gauchito Gil. Son lugares horribles y uno se ve tentado a iniciar un fuego purificador, pero mi reflexión es la siguiente: dado el eclecticismo de esos lugares, es muy probable que los ofrendantes incluyan en el mismo paraje alguna imagen de San Expedito o de la Virgen de Lujan.

Quiere decir entonces que la religiosidad primitiva de los devotos del Gauchito Gil estaría minando -de un modo consciente- sus templos e incluyendo en ellos devociones puramente católicas que nos obligan a mirar todo el asunto de los trapos rojos con una mirada diferente.

Interesante...

Otro tema

Que difícil se hace educar en la Fe a los chicos. Agustín (5) tiene preguntas que va aclarando y la Misa del Domingo hace que nuestros hijos sean distintos a sus amigos (también el no tener celular), pero verlos participar -no participar digamos- a la liturgia, es desesperante. Dios, de corazón te pedimos, danos hijos santos.

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Nuevo lugar de trabajo (Nuevo lugar, no nuevo trabajo). Esta vez con una vista privilegiada, la preside mi crucifijo y uno de los cactus de la buena suerte que logré multiplicar en casa.




Lumen Fidei - Encíclica a cuatro manos y una lectura

Terminado, leí Lumen Fidei de cabo a rabo en español. Leerla en español debe ser la mejor manera de entender al Papa Francisco porque, si bien habla italiano y la encíclica tiene su original en latín, es irrenunciable que su mente sigue trabajando en español.

Uno de mis desafíos era reconocer cada autor a medida que leía.

El ejercicio de este estudio fue un ejercicio raro, muchas veces me encontré enfrascado en reconocer el autor, sin hacer pié en el contenido real del mensaje. Eso puede darse por dos motivos: o tuve un pecado grave de orgullo intelectual, que nubló mi mirada; o los estilos y los sentidos de lo dicho por los dos autores son fáciles de distinguir para cualquier neófito como yo.

Voy a confesarme igual, pero creo que el motivo es el segundo, o una mezcla de ellos.

Puestos a considerar la encíclica Lumen Fidei como un todo, podría resumirlo como una catequesis muy clara acerca de la Fe. Le sumaría a esta lectura el sermón del Bautismo de Agus que nos diera el Padre José hace ya un par de años, y cuya visión de la nueva vida de la Gracia es muy consoladora.Con esos dos elementos solo nos queda ser santos iluminados por la fe.

Marcaría como notable los cuatro elementos de la fe detallados en 47 Unidad e Integridad de la Fe y también el punto 28 cuando dice:
"28. Una expresión eminente de este descubrimiento del amor como fuente de conocimiento, que forma parte de la experiencia originaria de todo hombre, se encuentra en la concepción bíblica de la fe. Saboreando el amor con el que Dios lo ha elegido y lo ha engendrado como pueblo, Israel llega a comprender la unidad del designio divino, desde su origen hasta su cumplimiento."
También me quedó de la lectura del 22 La forma eclesial de la Fe, una pregunta grande acerca del ermita y su vida eclesial.

Me quedó fuerte eso de 33 de "una nueva inteligencia" que habla de la mente abierta del que tiene Fe. Ese es un valor muy caro para los que leyeron el Compendio de la DSIC donde toda la propuesta es que el hombre tenga una nueva visión de lo real, una visión más real de la realidad.

Resumiendo - y hago estas apreciaciones sin haber leído críticas o resúmenes de otros autores- me gustó como encíclica y me llevo muchas cosas para pensar, en particular con las necesidades de ver y oir para entender la Fe. También con la certeza de que esta encíclica se relaciona profundamente con Fides et Ratio, que no tenemos que olvidar y que deberíamos releer ahora.


Por el lado de las diferencias de estilo me pareció claro que los párrafos tienen cada uno de ellos un autor distinto, el trabajo está en reconocerlo y no me resultó dificil. Cuando vean una apreciación estética -en 12 por ejemplo, con eso de la luz- es probable que se trate de Benedicto XVI.

Cuando vean el verbo tocar - lo conté entre 12 y 13 veces en el texto- es cantado que el Papa Francisco está ahí atrás. Así como Benedicto XVI deja como enseñanza la verdad y realidad de las cosas, así el Papa Francisco marca la importancia de las relaciones entre las personas.

El Papa Francisco, que escribió mucho en esta encíclica; también tiene apreciaciones positivas acerca del mundo, hay unas cuantas referencias a cuestiones como las de 18 donde "dscubrir cuánto ama Dios a este mundo" hablan de una mirada benevolente e inclinada hacia lo humano. Creo que es una marca bien Bergoglio.

Creo haber reconocido algunos párrafos donde hay mezcla de autores, pero no estoy seguro. Lo que si pude hacer es marcar una palabra o frase por párrafo, pero listarlas acá sería aplastante e inútil. Hagan el ejercicio como para poder sintetizar y seguir cuando hagan la lectura.

Un cierre para este post lo haría con la visión de que los autores son muy distintos y con un comentario que sabrán ustedes entender como una cuestión estética o de capacidad mental mía: me resulta mucho más sencillo de leer el Papa Emérito que el Papa Reinante.

Donde Benedicto XVI desarrolla los temas con sencillez y fuentes, el Papa Francisco nos trae introducciones como las de:
26. En esta situación, ¿puede la fe cristiana ofrecer un servicio al bien común indicando el modo justo de entender la verdad? Para responder, es necesario reflexionar sobre el tipo de conocimiento propio de la fe. Puede ayudarnos una expresión de san Pablo, cuando afirma: « Con el corazón se cree » (Rm 10,10). En la Biblia el corazón es el centro del hombre, donde se entrelazan todas sus dimensiones: el cuerpo y el espíritu, la interioridad de la persona y su apertura al mundo y a los otros, el entendimiento, la voluntad, la afectividad. Pues bien, si el corazón es capaz de mantener unidas estas dimensiones es porque en él es donde nos abrimos a la verdad y al amor, y dejamos que nos toquen y nos transformen en lo más hondo. La fe transforma toda la persona, precisamente porque la fe se abre al amor. Esta interacción de la fe con el amor nos permite comprender el tipo de conocimiento propio de la fe, su fuerza de convicción, su capacidad de iluminar nuestros pasos. La fe conoce por estar vinculada al amor, en cuanto el mismo amor trae una luz. La comprensión de la fe es la que nace cuando recibimos el gran amor de Dios que nos transforma interiormente y nos da ojos nuevos para ver la realidad.
Una vez terminada la lectura tenemos que atar tantos cabos que solo entender eso de las dimensiones ya es trabajo suficiente para un año. ¿Son las dimensiones excluyentes? ¿Son propias del amor o de la persona humana? ¿Es la apertura al mundo una dimensión propia del hombre o una adquisición reflejo de Dios?.

Eso fue lo que más me costó del leer al Papa Francisco, siempre y cuando haya reconocido correctamente su puño en este párrafo. Si vuelvo a mis notas y recuerdo algo más hago un post complementario.

Ahora me voy a leer lo que dijeron otros...

“Me extraña de vos, que te decís tan bueno y vas a misa los domingos.”

A todos nos va a pasar en algún momento y no vamos a tener más respuesta que permanecer beodos frente a nuestras propias cavilaciones, en algún momento vamos a encontrar esta frase en el camino:
“Me extraña de vos, que te decís tan bueno y vas a misa los domingos.”
A mi me llegó en algún momento este premio inmerecido y pude balbucear algo como aquello de que “ los que vamos a misa somos los que más lo necesitamos”. Pensando a la distancia me parece que recibir ese halago no fue algo merecido sino que responde a una ecuación que todos nos tenemos que hacer cuando en la vida nos encontramos con alguien que se siente en su deber de ponernos como mal ejemplo.

Testimonio

Como dijo un amigo, es importante que en ese momento hagamos el diguiente planteo: "¿Qué haría yo si el que me está interpelando de esa manera requiere de mi testimonio para salvar su alma ahora".

Lo cómodo es buscarse un lugar desde donde borrar a esa persona del planeta, justificando el egoismo en la traición o el despecho. Pero la vida del cristiano pide algo más ¿Qué estás dispuesto a dar por la salvación del alma del prójimo?, a mi la Providencia me viene enseñando estos días que esa frase no es un reproche, es un pedido de auxilio.

Se lo digo a los conversos

Ojo, esta es una idea que se me cruzó hace unos días. ¿Requiere más vueltas? es una duda que todavía tengo.
“Yo les aseguro que también en el cielo habrá más alegría por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentirse.”
Surgió pensando en el texto de “habrá más alegría….” Y quería agregarle que no solo en los Cielos. Acá abajo hay gran alegría por cada uno de los que se cruza a esta orilla, no solo por el hecho de que somos ahora uno más o de que se salva un alma, sino porque además representa para nosotros, viejos católicos perseverantes de años y de familia, una evidencia insuperable de la presencia de Dios en la historia.

Querido converso, tu llegada a la Iglesia es un río de agua fría en este corazón árido y cubierto de polvo que en los últimos 30 años se movió con constantes idas y vueltas entre la Gracia y sus pecados, tu llegada es la confirmación de que a pesar de todo el pesimismo que le ponemos a nuestras esperanzas, el Espíritu Santo sigue domando almas

Los primeros tiempos van a ser muy duros, vas a ver cómo hacer el cruce es una mezcla de alegría y desilusiones, es como entrar al cine: el cartel puede ser muy tentador, pero una vez sentado el espectador de enfrente mide 1.92 y habla ruidosamente por celular.

Justo ayer leía esto cortito y fresco
 
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Entiendo que el problema es que somos eso que puse más arriba “viejos católicos perseverante de años y de familia”, no supimos convertirnos y la bofetada de la conversión brillante del otro nos muestra nuestro egoísmo y tibieza.

Gracias por dejar que Dios tome tu corazón, nos hacía falta.




"No es culpa mía que yo sea católico"

Les adjunto una parte de un post de Luis Fernando en Cor ad cor loquitur, me parece una buena manera de explicar la Fe, en este caso desde la experiencia de Fe de alguien que volvió a la Iglesia.

Antes de entrar en el verdadero motivo de este post, aclaro otra cosa. No es culpa mía el que yo sea católico. Personalmente me encontraba la mar de bien siendo protestante evangélico, interpretando la Escritura como me parecía oportuno, teniendo la “libertad” de elegir la denominación o la congregación en la cual integrarme, etc, etc. De hecho, es bastante probable que a día de hoy yo sería pastor, anciano o maestro en alguna iglesia evangélica de algún punto de España. Quienes me conocieron en mi etapa de apologeta evangélico saben bien las “capacidades” que tenía para lograr llegar a tal meta. Pero Dios no quería tal cosa. No quería que fuera pastor protestante. De hecho, no quería que fuera protestante. Me quería de vuelta en la Iglesia a la que nací a la fe. Y cuando Dios quiere que hagas algo, sabe muy bien como arreglárselas para que lo hagas. Y si no lo haces, agárrate que vienen curvas. Así que, aplicándome aquello que dijo San Pablo de “lo que yo gané lo tengo por basura”, me separé del tipo de cristianismo en el que vivía comodísimamente para regresar al catolicismo en el que no vivo tan cómodamente. Si alguien piensa que hay algo de mérito en mí por hacer eso, que lo descarte. Fue Dios el que produjo en mí tanto el querer como el poder. Si yo soy hoy católico es por pura gracia divina, no por bondad alguna de mi alma. Por tanto, al que le moleste mi condición de católico, que le presente la reclamación al autor de mi fe.

Juan Manuel Soria - Acerca de la Fe

Siempre es bueno encontrar a alguien que tiene las cosas más claras que uno y que además se explica mejor.

Lo lamento pero lo que decís de la fe personal no es católico. Seguramente lo aprendiste en alguna parroquia protestantizada. Además de no ser católico es como razonamiento -desde la lógica- una manifiesta estupidez. La fe católica lo único que tiene de personal (como conjunto de verdades externas a la persona) es la adhesión que, mediante la voluntad, el intelecto presta a ese conjunto de verdades. El ser humano sólo interviene en la adhesión que presta, pero -estrictamente- nada personal agrega a la fe de la Iglesia.

Las cosas creídas por el cristiano son certísimas, porque el fundamento de creerlas no está en algo propio de la criatura (como pretendés), sino en la verdad del pensamiento divino. La razón se adhiere a la fe con un asentimiento, este asentimiento no está producido por la necesidad lótiga de la evidencia, sino por un determinante sobrenatural que es la gracia.

El motivo de la fe es, por un lado, el hecho de la finitud del intelecto (tu soberbia modernista asume sin embargo que tu intelecto es el que va a dar contenido a las verdades de fe) y, por otro lado, la autoridad de la palabra divina revelada y la autoridad de la Iglesia que la enseña.

El fundamento de la certeza de fe queda completamente fuera del sujeto. Para el creyente es la más firme de las certezas, por encima de la ininiteligibilidad del dato revelado y de todo conocimiento histórico o científico. Siendo el dato revelado de tal naturaleza que la mente humana no puede encontrarlo ni verificarlo, la única manera posible de fundamentar la certidumbre es “recibir” esa verdad, recibirla puramente sin mezclar nada de nuestro lado: en resumen, trasladar completamente los motivos de la certeza del lado del sujeto al lado del Objeto. La certeza del creyente sobre los dogmas de fe no se apoya sobre argumentos históricos de su verdad, y ni siquiera sobre la refutación de las objeciones opuestas. Se apoya sobre un principio que va más allá de todas las condiciones, todos los presupuestos e incluso todas las eventualidades históricas. Creer “de fe católica” es saber firmísimamente que contra las verdades creídas no vale argumento encontrado o “encontrable”; es saber que no sólo son inconsistentes, falsas y solubles las objeciones establecidas contra ella, sino que serán inconsistentes, falsas y solubles las que puedan establecerse en todo el curso del futuro in saecula saeculorum, bajo cualquier extensión de las luces del género humano.

Como decía Manzoni: “Ahora debéis jurar que estos argumentos (contra la fe) que aún no han sido encontrados serán falsos, que esos libros que aún no han sido escritos estrán llenos de errores ¿lo juráis? Si os negais a hacerlo, confesad que no tenéis fe”.

Por consiguiente la fe es una persuasión firmísima, que no admite la cláusula rebus sic stantibus (es decir, no admite la cláusula de la historicidad) e introduce al hombre en la esfera suprahistórica e intemporal de los divino en sí mismo, en el cual “non est transmutatio nec vicissitudinis obumbratio” (Sent. 1, 17).

La opción que hace de la fe una construción personal no es más que la herejía modernista condenada por San Pío X en la encíclica Pascendi y el decreto Lamentabili, según la cual la fe está en función del sentimiento de los divino y las verdades conceptuales elaboradas por el intelecto son expresiones esencialmente mutables de ese sentimiento.