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La izquierda virgen y las víctimas de la sociedad
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Hay algo sutil en el progresismo y la izquierda virgen
Hablan de atacar las raíces de cuestiones como la inseguridad, la educación, la droga, la injusticia, etc. los grandes males de la sociedad. Sin embargo, lo hacen para no afrontar la responsabilidad de atacar sus epifenómenos, que deben ser administrados en el corto plazo y que no son tan angélicos como discutir desde un teclado o tirando temas en una tertulia de la universidad.
Así dicen proteger a los niños para el futuro haciéndolos asertivos, empáticos y personas de bien, pero le niegan a esos niños cosas básicas y necesarias como la lectura de los clásicos, una buena memoria y un ámbito paterno donde la autoridad ordena las voluntades a lo mejor.
Así pregonan las bondades de la justicia social en pancartas, universidades públicas y territorios, para luego cederle la dicha justicia a unos intermediarios oscuros, no elegidos, que levantan beneficios y arman burocracias injustas.
Así dicen querer la reinserción de los delincuentes, pero desconocen el deber primero de justicia: cumplir una condena proporcional al daño ocasionado a la víctima. Este último me parece particularmente malo porque es revoltante, adolescente y buenista. Es el que motivó este corto texto apopléjico.
A la vez, del mismo modo que son deshonestos con los epifenómenos o síntomas a atacar, también se resisten a discutir su propia percepción de lo que es fundamental o causa raíz y de lo que no. Dan por sentada la pureza de sus ideas, la obligación moral de los antagonistas de aceptarlas como verdaderas.
Le es más importante la reinserción que la justicia, más importante la sociedad injusta que las malas decisiones de vida, no quieren el castigo y no quieren ver la necesidad de salvación. Todas las jerarquías tergiversadas.
Enojado heme.
