Sangre Azul - San Francisco
Sangre Azul nos manda otra joyita.
Te copio el texto abajo, es un fragmento de un capítulo del libro "Los operarios de la viña", de Giovanni Papini. Me abstengo de hacer dedicatorias, pero pido que hagan fila ordenadamente para que todos nos podamos poner el sayo un ratito. Podrían ser dos filas: a la derecha y a la izquierda.
Te copio el texto abajo, es un fragmento de un capítulo del libro "Los operarios de la viña", de Giovanni Papini. Me abstengo de hacer dedicatorias, pero pido que hagan fila ordenadamente para que todos nos podamos poner el sayo un ratito. Podrían ser dos filas: a la derecha y a la izquierda.
La forma más heroica de la humildad es la obediencia —porque es la más difícil, y tanto más difícil cuanto mayor es el ingenio— y Francisco obedeció. Obedeció a Dios cuando lo quiso suyo; obedeció a su obispo; obedeció a los Papas; obedeció al último entre los sacerdotes porque reconocía en ellos, aun en los más indignos, los instrumentos designados para el milagro cotidiano. Y reformó efectivamente la Iglesia, precisamente porque no se propuso reformarla, como los cismáticos, ebrios de orgullo; porque comenzó por obedecer a todos aquellos que tienen autoridad en la Iglesia, desde el Padre Univeral de Roma hasta el último clérigo de la aldea. Quiso seguir con sencillez de corazón la antigua trillada senda, y cabalmente por esto abrió una nueva estación en la vida cristiana. Este Santo, uno de los más leales servidores del Evangelio, no tiene nada de «evangélico», como lo entienden los expulsados y los separados. Todo lo aceptó: los misterios más puros para la razón, como los sacrificios más duros para la carne; y ofreció una prueba maravillosa, aun cuando no única, de que el pretendido contraste entre el Evangelio y la Iglesia, en torno al cual deliran desde hace siglos los herejes, es una bestial alucinación producida por el humo de la soberbia delirante.
San Francisco supo juntar, como tantos otros hermanos suyos, la obediencia al Evangelio con la más absoluta y humilde sumisión a la Iglesia. Es el santo de los pobres y de los amantes; pero es al propio tiempo el santo de la regla y de la disciplina: un santo enteramente católico.