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Mostrando las entradas de junio, 2025

Peregrinos de Esperanza arruinándolo todo, también en Reconquista

Como bien saben ustedes, por dos entradas anteriores Peregrinos de Esperanza arruinándolo todo, hay que sacar eso y Sigo con "Peregrinos de Esperanza" porque tapa al altar de la Parroquia de Avellaneda estoy en una dura batalla contra el logo infame de Peregrinos de Esperanza.

El autor del logo oficial del Jubileo 2025 es Giacomo Travisani. Su diseño fue seleccionado entre 294 propuestas provenientes de 213 ciudades de 48 países diferentes. 

Iba a ir el sábado a Misa, a pedir perdón por mis muchos pecados y a ser testigo del Santo Sacrificio del Altar pero en Avellaneda me esperaban con esta consigna:

A mí no me vengan con estas cosas, no me interesa ir con ropa de color ni disfrutar "la previa". No entiendo esa necesidad clerical de aumentar la Misa como si lo que ocurre en la misma no es suficiente para colmar una vida y darle sentido.

Visto lo visto me fui a hacer unas compras a Reconquista, luego de las cuales planeaba quedarme a la Misa de 19:30. Les traigo un par de fotos para que vean como el horrible logo del Jubileo 2025 lo arruina todo.



El horror.


Los artistas van a ser caballos

La producción del arte o el arte como producción tiene los días malos y contados.

Nuestros grandes maestros actuales sobreviven en un nicho donde no hay un dólar, donde el estipendio les es dado por el triste remanente de una industria que muere, un público indiferente y mecenas más interesados en otras lides. La ilustración vive el mismo presente y la producción de las AI generativas los van a dejar sin trabajo.

Es bueno que así sea.


Lo mismo le pasó a los caballos; hoy solo se usan para el placer, el deporte o un poco de trabajo rural. Los millones de caballos de fines del siglo XIX fueron remplazados por miles de millones de automóviles que hacen un trabajo mejor y más limpio.

Pero eso no mata al arte per se, que al igual que el caballo vive en el alma de las personas. Si Dios quiere vamos a pasar de artistas volcados a la producción y al dinero, a artistas porque si.

Me hace recordar fuertemente el video aquel de Miyazaki viendo los primeros intentos de AI para animación.



"Padecen de un gnosticismo: el cristianismo vivido como ideología..."

Me gustó este comentario, es un texto corto y acompaña la idea en desarrollo de la nueva Iglesia que viene en una nota también muy interesante de Wanderer. Nos gusta mucho esta nueva temporada del caminante, en sitio nuevo y con papa nuevo.

Lo que no se si es cierto es aquello que "Las oleadas de retiros de impacto van cambiando de nombre, pero se mantienen en una tasa de efectividad de entre 1% y 3%.", muy difícil de aventurar una estadística de ese tipo.

Le robamos la foto al susodicho y vamos a explorar Nassim Taleb al cual no conozco. 

Ucaboy

La nueva iglesia a la luz de Efesios 4,15: ἀληθεύοντες ἐν ἀγάπῃ

El siglo XXI es un siglo de la Verdad. Francisco cometió el error de querer hacer peronismo y decir a cada uno lo que deseaba oír, especialmente en la primera mitad de su pontificado. Las redes sociales dieron fin a esta forma de trabajo. La voz disidente es tan accesible como la autoridad, el contraejemplo y la refutación son inevitables. Literalmente no hay nada oculto que no vaya a ser revelado: hay que decir una sola cosa y creérsela en serio. Ganan los auténticos, caso Milei. Pierden los vendedores de palabras, caso Larreta.

En la Iglesia se cayeron las caretas y ahora los que son “más otra cosa que cristiano”(*) se van a militar esa otra cosa. Los sub-35 y especialmente los sub-20 están vacunados contra cualquier hipocresía. Por ejemplo, no ha surgido ningún movimiento eco-católico: con Laudato Si’ Francisco ocupó el “espacio” y se le escapó el “tiempo”. Han destruido con una mezquindad chiquitita, sin construir nada, porque el mal no puede crear, sólo corromper. Además, en época de redes sociales todos se enfrentan en la pantalla al juicio del mundo: por eso fue una pésima idea poner personas de bajo IQ en puestos de liderazgo. En un siglo donde Hugo Moyano va de camisa, el trato directo con líderes analfabetos y mal vestidos resulta repelente aún para las capas más ideológicamente rezagadas de la sociedad. Desde una visión simplemente de RRHH, había que poner capaces al frente. Los “empleados del mes” sin rostro propio que solamente repiten palabras-clave, no tienen olor a oveja: tienen olor a Larreta.

Por estos motivos el relativismo epistemológico y moral está en retirada hace unos años, incluso el feminismo está en retirada. El filósofo más vendido en este siglo es Nassim Taleb y no conocerlo es síntoma de no comprender este siglo. Nuevo Isócrates, es igualmente desconocido por los filósofos “titulados” (más expertos en neología germana que en otra cosa). (Ninguno de los dos es católico…). Notemos que el relativismo es lo opuesto de la probabilidad estadística, y tenemos un papa matemático que sí sabe lo que es el teorema de Bayes. Decir la verdad requiere autenticidad, y los que ocupan un espacio en la Iglesia sabiendo que no creen lo que enseña Jesucristo, son Larreta.

Se hablaba de tradismáticos para referirse a dos vertientes de la iglesia perseguidas por “El Espíritu del Concilio”: piedad, rezar creyendo, asistir asiduamente a celebraciones, dimensión corporal de la oración, ser contagiosos, con participación de laicos poco dominables, ansia de retornar “a las fuentes”, etc. El ansia de retorno a las fuentes es parte de la búsqueda de autenticidad que mencioné antes, pero el resto de los ítems son simplemente: amar a Dios sobre todas las cosas. Hay muchas maneras de plasmar ese concepto además de tardis y carismáticos, pero ninguna de esas es el esquema de Iglesia-ONG. Los sectores con crecimiento numérico son los que tienen por objetivo nada más que rezar y avanzar hacia la santidad. Las oleadas de retiros de impacto van cambiando de nombre, pero se mantienen en una tasa de efectividad de entre 1% y 3%.

Decir la verdad en la caridad (Jerónimo “hacer la verdad”) implica poner a Dios primero y adaptarse uno a la verdad, no al revés. Fue posible en el siglo XX inventar cosas nuevas diciendo que era un retorno “a las fuentes”: ese fue el “Espíritu del Concilio”. Pongo el caso de Manuel Cuervo OP que daba más de 20 citas patrísticas en defensa de una novedad teológica del siglo XIV sobre la Virgen María: el padre Cuervo nunca se imaginó que iba a existir internet, y que en una sola hora se iba a poder verificar que de esa apabullante cantidad de Padres ninguno dice lo que él les hace decir. En 1970 ¿quién podía verificar el texto de la Traditio Apostólica de Hipólito y contrastarla con el Novus Ordo Missae? Hoy son 3 clicks. No se puede pertenecer a la Iglesia y tergiversar la enseñanza de Cristo, aún por las mejores intenciones. Beber de las fuentes cristianas es beber sacrificio y oración, ser odiado por el mundo y no amado.

“Crezcamos plenamente unidos a Cristo” dice San Pablo, que es la cabeza y cohesiona a todo el cuerpo: in illo uno unum. Para que “dejaremos de ser niños, sacudidos por las olas y arrastrados por el viento de cualquier doctrina, a merced de la malicia de los hombres y de su astucia para enseñar el error”.

Padecen de un gnosticismo: el cristianismo vivido como ideología, donde cualquier acto físico es condenado o sospechoso. La persecución contra cualquier forma de piedad, como la comunión en la boca, no es más que un síntoma del “larretismo en sangre”: aspirar a quedar bien con todos para que no nos vote nadie. Pero, ¿a quién puede ofender que unos chicos recen el rosario? ¿Quién se perjudica si unas señoras organizan una noche de adoración eucarística? Solamente el que se avergüenza de rezar.

(*) “El dirigente peronista que acepta la responsabilidad del puesto de dirigente debe descargar su conciencia de cualquier otro sentimiento que pueda ser superior al peronismo; y si no, no debe aceptar el cargo. Y si equivocadamente lo ha aceptado y él siente que es más otra cosa que peronista, por honor y dignidad debe renunciar inmediatamente.” Juan Domingo Perón, 10 de noviembre de 1954

Hace unas semanas me pasaron el link a un “reel” de Instagram de un sacerdote al que vi por última vez cuando él era seminarista y yo un adolescente cualquiera. Explicaba caritativamente por qué los cristianos no creemos en la astrología. Tenía cientos de miles de visualizaciones. La diócesis de Buenos Aires, como toda la Argentina, está llena de sacerdotes que no son ni tradis ni carismáticos, pero que tienen la autenticidad necesaria para cosechar cientos de miles de visualizaciones (aunque muy pocos tengan el don de grabar videos). La Iglesia no va a reducirse a unos pocos puñados dispersos, todavía.

El Padre Fabian en Avellaneda nos mandó leer las palabras de Mons García Cuerva en el Tedeum del 25 de mayo

El Padre Fabian en Avellaneda nos mandó leer las palabras de Mons García Cuerva en el Tedeum, yo no soy de leer epicospaladas, pero vamos a seguir tan dulce sugerencia y dar lectura. Tomo el texto de https://www.lanacion.com.ar/politica/que-dijo-garcia-cuerva-en-el-tedeum-el-texto-de-la-homilia-completo-nid26052025/ con la esperanza de que sea legítimo.

Inicia su homilía citando el Evangelio en el encuentro de Jesús con el jefe de la Sinagoga y la curación de la hija. En uno de los párrafos ataca decididamente: " convencido de que entre todos construimos la Patria". No monseñor, no construimos la Patria, la Patria es y es espiritual, temporal y sedienta de soberanía, hay que quitarse esa sed de autonomía progresista pagana.

Sigue

"Experimentamos que se está muriendo la fraternidad, se está muriendo la tolerancia, se está muriendo el respeto; y si se mueren esos valores, se muere un poco el futuro, se mueren las esperanzas de forjar una Argentina unida, una Patria de hermanos."


Luego detalla los males de la sociedad argentina, en particular se hace eco de las marchas de jubilados donde la izquierda hace tanto pan.

Vean este párrafo: 

"Argentina sangra en la inequidad entre los que se laburan todo, y los que han vivido de privilegios que los alejó de la calle, de los medios de transporte público, de saber cuánto valen las cosas en un supermercado; alejados de la gente de a pie, no sienten su dolor, ni sus frustraciones, pero tampoco se emocionan con sus esperanzas y su esfuerzo diario por salir adelante."

La Nación se encarga de resaltar en negritas el párrafo que sigue, adornado con el término "haters" y con un reto para el presidente y sus formas:

"Son los haters de aquella época, los que difaman, desprecian o critican destructivamente a una persona, a una entidad, o una obra; los que odian y justifican su desprecio; el terrorismo de las redes, como decía el Papa Francisco."

Y luego más abajo: "Tenemos necesidad de diálogo, de forjar la cultura del encuentro, de frenar urgentemente el odio."

Luego termina con unos pasajes quasi poéticos que podrían resumirse en el final:

"La situación actual no permite meros observadores de las luchas ajenas. Al contrario, es un firme llamado a la responsabilidad personal y social. Como aquella niña curada por Jesús, comencemos a caminar unidos, a caminar dialogando, a caminar hermanados, a caminar con esperanza; las nuevas generaciones y nuestros hijos, se merecen que les dejemos un país curado, un país reconciliado, un país de pie y con horizontes; no los defraudemos"

 

En fin, lo de siempre, nada para destacar. Salvo que ustedes vean algo distinto, yo solo veo construir, valores, no mirar a Dios, entre nosotros, etc. el palabrerío episcopal de siempre.

Sigo con "Peregrinos de Esperanza" porque tapa al altar de la Parroquia de Avellaneda

Entrada larga para seguir molestando a "Peregrinos de Esperanza", entrada larga porque voy a transcribir completo el texto de https://castellaniana.blogspot.com/2021/03/sobre-la-esperanza-y-sus-contrarios.html . Lean a Castellani:

Sobre la esperanza y sus contrarios

Leonardo Castellani

Leopoldo Marechal se sirvió, en su novela Adán Buenosayres, de un imaginario «descenso a los infiernos» para hacer ver las miserias más típicas del ser argentino. Estructura su infierno en torno a los ocho pecados capitales (que en la más antigua tradición eran justamente ocho, aunque hoy se cuentan siete). Cada círculo infernal responde a uno de los vicios. El quinto es la pereza.

Al pretender abandonar el quinto infierno, Adán, el protagonista, se encuentra con unas apariciones que le cierran el paso. Son los «potenciales», como los llama Marechal. «Lector vidente, raro es el hombre que escondido en la intimidad segura de su alma, no haya inventado para sí destinos locos, aventuras imposibles, gestos desmesurados y personificaciones absurdas que, forjadas en el inviolable taller del ensueño, no se atrevería él a confesar ni bajo tortura».

Se le presenta el primero: «Yo habría sido aquel Edison Anabaruse, aquel muchacho boxeador, la Pantera Salvaje de Villa Crespo... (que) vencí o habría vencido a Jack Dempsey en la segunda vuelta de aquel match formidable...» El segundo, Don Brandán Esoseyúa, que pregunta ante la pampa desierta: «¿dónde están los establecimientos ideales, las estancias maravillosas que yo fundé o habría fundado en el sur, distribuyendo mis tierras entre los colonos que trabajaban como ángeles y proliferaban como bestias, no sin que una y otra función les dejara tiempo para leer a Virgilio y meditar la Política de Aristóteles?». El tercero también se interpone, pese a la súplica de Adán: «–¡Usted no! ¡Sería demasiado ridículo! –¿Ridículo? Yo, Bruno de San Yasea, en pleno siglo XX, asumí o asumiría el gobierno de la República; y durante ocho lustros regí sus destinos con una mano de hierro y otra de azucena... En llanos, montes, aldeas y urbes templé y armonicé las clases sociales como si fuesen las cuerdas de un laúd... Y aún falta lo sublime: ...quise darles el ocius necesario, la oportunidad de redescubrir en ellos la imagen del Creador. Y fue así como, ni bien logré o habría logrado que el solar argentino fuese una “gran provincia de la tierra”, conseguí también que se transformara en una “gran provincia del cielo”... Se vio cómo los desertores de la ciudad construían sus Tebaidas en los eriales de Santiago del Estero, en la Puna de Atacama o en la travesía de San Luis. ¡Gran Dios, las catedrales brotaban como hierbas!» (Vale la pena leer toda la fantasía política de San Yasea).

Y, por fin el último: «En la provincia de Corrientes, a orillas de la misteriosa Iberá, existe una región insalubre que parece dejada de la mano de Dios. ¿Recuerda el sitio? En aquella comarca y llamado por el Señor a las duras vías de la penitencia, edifiqué o habría edificado mi ermita, un chiquero de paja y barro casi hundido en la ciénaga. El sol implacable, los ponzoñosos vahos de la laguna y las trompas mordientes de los insectos castigaban allá toda carne; de modo tal que yo, fray Darius Anenae O.S.B., consagré o habría consagrado mis días y mis noches a lavar las llagas de los leprosos, enterrar a los muertos, restañar el llanto de las viudas y alimentar a los huerfanitos».

Éstos eran los potenciales de Adán, que describe muy adecuadamente como peleles, casi figuras humanas, con contornos apenas esbozados en una materia sin color y traslúcida como el celuloide, de extrema liviandad, que se bamboleaban pero nunca caían, como los monigotes de base redonda con que juegan los niños. Una buena descripción para esas imaginaciones tan nuestras, que elaboramos en modo potencial: yo sería, yo haría, yo habría hecho...; o en modos verbales cercanos: ¡ah, si yo fuera, si yo pudiese, si yo hubiera o hubiese hecho...!, y que están bien ubicadas en el infierno de la pereza, cerrándonos el paso, impidiéndonos salir de él.

Porque si el cristianismo es esperanza (y lo es fundamentalmente), el peor enemigo de la esperanza cristiana no es tanto la desesperación, a pesar de ser su contrario, sino esta suerte de falsa esperanza que aceptamos complacidos, no sólo en la adolescencia sino también en la vida adulta, como un ejercicio de la fantasía o un juego de la imaginación, pero que muchas veces es refugio de nuestra cobardía y pretexto de nuestra pereza ante la propia conciencia, que se duerme acunada por estos cuentitos de hadas.

Justamente lo contrario es lo que hace la esperanza. Al activar el deseo, la esperanza pone en marcha la acción, es virtud que impulsa a la ejecución, no en modo potencial sino en indicativo. Acción presente o futura, pero siempre real. La esperanza, que considera el bien futuro como posible, aunque sea arduo y trabajoso, impulsa el deseo para transformar eso posible en real, lo futuro en presente, lo perseguido en alcanzado, el bien deseado en gozado. Y lo hace en relación al más alto bien de la Vida Eterna (por eso es esperanza teologal), pero también en relación a los otros altos bienes, siempre con referencia al fin último. Eso es la santidad. Y buena falta le está haciendo al tiempo presente hombres y mujeres con esta esperanza, en una nación desde hace años llena de «potenciales» –no de potencias–.

De esta manera la esperanza hace al hombre magnánimo, mientras que la falta de esperanza lo transforma en perezoso y pusilánime, alguien que vive de sueños o fantasías, delirios de grandezas o, cuando menos, inútiles buenas intenciones, de las que está lleno el infierno, según certifica uno de esos potenciales de Marechal.

Toda verdadera grandeza depende de la esperanza. Es grande el que espera grandes cosas, y pequeño el que espera pequeñeces. Y al mismo tiempo la fortaleza que permite soportar la adversidad y perseverar en la ardua búsqueda del ideal (último o intermedio), la decisión y el temple de la voluntad dependen también de ella. Cierto es que sin la caridad cristiana podría entenderse mal esta esperanza, convirtiéndola en una virtud voluntarista, puramente humana y hasta, a veces, soberbia. Pero eso no sucede al cristiano.

Porque el cristiano funda su esperanza en la Gracia de Cristo. Si el cristianismo ha podido producir verdaderos Brandán Esoseyúa, Bruno de San Yasea y Darius Anenae (no estoy seguro de un Edison Anabaruse), es porque Cristo, que alimenta nuestra esperanza y nos hace capaces de lo grande, de esperar y desear lo excesivo sólo porque nos ha sido prometido.

La esperanza del cristiano es cierta, no caben en ella dudas ni potenciales. Su certeza viene de la promesa, el anuncio recibido, que es la Buena Noticia (el Evangelio). No necesita de utopismos, sueños o quimeras, porque está seguro. Y no vacila.

Es lo que enseña Santo Tomás (S. Th. II-II, q,7, a.1): «Obiectum spei est bonum futurum arduum possibile haberi», el objeto de la esperanza es tener por posible el arduo bien futuro. Como en el caso eminente de la Santísima Virgen: «Feliz de ti –le dice Isabel a María en su visita– por haber creído que se cumplirá –no en potencial– lo que te fue anunciado de parte del Señor». El haber creído (que equivale a un haber confiado) no conlleva dudas; es certeza. Como de otro modo lo expresa el místico y poeta San Juan de la Cruz en su Oración del Alma Enamorada: «confiaré en que no te tardarás si yo espero». La esperanza como fruto de la confianza, como motor de ésta durante la tardanza, condición para el fin de ese tardar. Todo a la vez. Dicho para nosotros, para que olvidemos las luchas con peleles imaginarios y descubramos el objeto de nuestra esperanza:

¿Quién se podrá librar de los modos y de las metas bajas, si no lo levantas tú a ti en pureza de amor, Dios mío? ¿Cómo se levantará a ti el hombre engendrado y criado en bajezas si no lo levantas tú, Señor, con la mano con que lo hiciste?
No me quitarás, Dios mío, lo que una vez me diste en tu Hijo Jesucristo, en quien me diste todo lo que quiero. Por eso confiaré en que no te tardarás si yo espero.
Míos son los cielos y mía es la tierra. Mías son las gentes. Los justos son míos, y míos los pecadores. Los ángeles son míos, y la Madre de Dios. Y todas las cosas son mías. Y el mismo Dios es mío y para mí, porque Cristo es mío y todo para mí. Entonces, ¿qué pides y buscas, alma mía? Tuyo es todo esto, y todo es para ti. No te pongas en menos, ni repares en migajas. Sal fuera y gloríate en tu gloria. Escóndete en ella y goza, y alcanzarás las peticiones de tu corazón.


* En «Revista Gladius» n°51, 15 de agosto de 2001. Artículo que fue enviado a dicha revista por el Dr. Luis A. Barnada. 



Para mí la horrible pancarta de la Parroquia adolesce de voluntarismo y le aplica como como un gorro a medida el párrafo que empieza con "Toda verdadera grandeza depende de la esperanza...". Las letras colgantes de Avellaneda están ahí para tapar a la Madre de Dios y para proclamar a tutiplén el voluntarismo de una Iglesia en movimiento, pero movimiento per se, no hacia Dios.

Cabe la posibilidad de que yo mismo me encuentre horriblemente equivocado y que esa esperanza colgante sea la verdadera Esperanza Cristiana, quiera el Creador que yo quede en ridículo escribiendo esto. Mientras tanto el provecho va a estar en que hayan leído al más grande reconquistense que jamás esta tierra dio.